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Este es el fundamento para la comprensión de Pedro de que el evangelio ahora debería ir a los gentiles. Esta declaración va completamente en contra del pensar judío prevaleciente en aquel tiempo de que Dios sí mostraba parcialidad, hacia los judíos y contra los gentiles. En esencia, muchos judíos de la época de Pedro pensaban que Dios amaba a los judíos mientras odiaba a los gentiles. Según William Barclay, era común que un hombre judío empezara su día con una oración dándole gracias a Dios que no era un esclavo, un gentil o una mujer. Una parte básica de la religión judía en los días del Nuevo Testamento era un juramento que prometía que nunca se ayudaría a un gentil en ninguna circunstancia, como dar direcciones si se les pidiera. Pero llegó incluso hasta rehusar a ayudar a una mujer gentil en su hora de más necesidad –cuando estaba dando a luz– porque el resultado solo sería traer otro gentil al mundo. Si un judío se casara con un gentil, la comunidad judía tendría un funeral para el judío y lo consideraría muerto. Se pensaba que aún entrar en la casa de un gentil hacía inmundo a un judío ante Dios. Antiguos escritos judíos nos dicen de una mujer gentil que vino a un rabí. Ella confesó que era pecadora y pidió ser admitida a la fe judía. “Rabí”, dijo ella, “tráeme cerca”. El rabí rehusó y simplemente le cerró la puerta en su cara.
Pero los gentiles podían dar de malo tanto como recibían de los judíos. gentiles despreciaban a los judíos como tradicionalistas extraños, y creían que eran conspiradores malvados que adoraban a los cerdos. Pensaron, ¡los judíos se niegan a comer puerco, así que deben adorar a los cerdos! Todo esto cambió con el esparcimiento del evangelio. El cristianismo fue la primera religión en ignorar las limitaciones raciales, culturales y nacionales.
La intención de Pedro no fue implicar que hombres como Cornelio ya estaban bien con Dios y no necesitan convertirse en cristianos. En cambio, el punto es que no necesitan sentirse excluidos de Dios debido a sus antecedentes nacionales. A menudo pensamos que Dios ve el color; Él solo ve el corazón. Dios no ve el estado económico; Él solo ve el corazón. Él no ve nacionalidad o grupo étnico; Él solo ve el corazón. Éste es Señor de todos: Esta es una frase poderosa que muestra la deidad de Jesús. Pedro nunca podía decir esto si Jesús no fuera (y no es) Dios. Además, es Señor de todos, es decir, tanto judío como gentil. Notablemente, la predicación de Pedro a los gentiles fue esencialmente la misma que su predicación a los judíos. Él presentó la persona y obra de Jesucristo, con énfasis en la resurrección de Jesús y en nuestra responsabilidad ante Dios a la luz de estas cosas. Pedro no tenía un sermón para un grupo y otro sermón para otro. Todas las personas necesitaban ser salvas al llegar a una fe viva en un Jesucristo vivo.
Pedro hace énfasis en su comer y beber con Cristo porque esa es una manera de decir que la resurrección de Cristo fue verdadera. El apóstol no tardó mucho en su discurso antes de llegar a la doctrina del juicio de todo hombre por Jesucristo. Él dice que se le ordenó predicarlo y, por lo tanto, lo predicó. El sermón breve terminó con un entendimiento de la amplitud de la promesa de salvación de Dios.
La salvación llegó cuando cada uno de estos gentiles respondió al mensaje de Pedro con fe en sus corazones, de modo que fueron realmente nacidos de nuevos mientras escuchaban y creían. El momento de la salvación de una persona no es necesariamente cuando levanta una mano o pasa al frente después de una invitación evangelística. Es más probable en el momento en que se rinden a Dios y toman con confianza a Jesús en la sinceridad de sus corazones. Pedro permitió que el Espíritu Santo interrumpiera su sermón. El Espíritu Santo estaba haciendo la mayor obra en los corazones de los oyentes, y Pedro siguió la corriente. Paró y llamó para su bautismo.
Su llenura del Espíritu Santo fue acompañada por la demostración de dones espirituales. Esto fue una llenura del Espíritu Santo en dos sentidos: Primero, en el sentido de que Él mora y permanece en cada creyente; segundo, en el sentido de un empoderamiento especial con dones y gracias del Espíritu Santo. Cuando hablaron en lenguas, era para magnificar a Dios, no para enseñar a los hombres. La audiencia era Dios, no el hombre, como es consistente con el principio de 1 Corintios 14:2. Esto fue único. No era común en el libro de Hechos o en la experiencia cristiana posterior que los que no habían sido previamente convertidos (nacidos de nuevo) nacieran de nuevo instantáneamente y recibieran tales dones espirituales evidentes. Mas fue bueno e incluso necesario en esta ocasión, mostrar que habían recibido el mismo Espíritu, la misma bendición que los apóstoles y primeros seguidores de Jesús recibieron la mañana de Pentecostés.
Los cristianos judíos presentes estaban asombrados. Podían haber entendido que Dios ahora estaba empezando a amar a los gentiles, pero ¿quién hubiera pensado que Dios llenaría a los gentiles con el Espíritu Santo de la misma manera y grado que los judíos? Su bautismo mostró que fueron aceptados como seguidores gentiles de Jesús. Esta entrada de gentiles en la iglesia no fue un plan nuevo, sino algo prometido mucho antes. El Antiguo Testamento esperaba el día cuando una luz brillaría en las tinieblas del mundo gentil en Isaías 60: 1-3. El primer gentil con que Jesús trató en su ministerio público fue un centurión romano de Capernaum. Cuando Jesús sanó el siervo de aquel centurión, declaró: vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos Mateo 8: 5-13. Debemos ver también que Cornelio era indudablemente un buen hombre; Sin embargo, necesitaba a Jesús. Incluso las personas buenas, que son respetuosos con Dios, necesitan venir a Jesús como su Señor y Salvador, y poner toda su confianza en quién es Jesús y en lo que hizo por ellos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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