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Podríamos haber pensado que Felipe se opondría a dejar el gran éxito de la obra en Samaria para ir al desierto desolado, pero Dios tenía un plan en todo. Felipe se sometió al plan de Dios. Felipe era el hombre en el frente de la batalla. Parecía ser completamente indispensable. Sin embargo, fue precisamente en este momento cuando Dios lo llamó a irse del área. Si uno escuchara el llamado para dejar un ministerio tan bendecido y fructífero, probablemente pensaría que era el diablo hablando y no el Señor. Uno podría pensar, “ahora no” o “yo no” o “allí no”.

Había dos caminos de Jerusalén a Gaza, y el Espíritu le ordena a Felipe que tome el que rara vez se usaba. Felipe no fue el único dirigido por el Espíritu. El hombre de Etiopía también lo fue, aunque todavía no lo sabía. Esta Etiopía –mucho más grande que la Etiopía de hoy en día– fue la tierra de donde vino la reina de Saba, que vio la gloria del reino de Salomón y profesó fe en el Dios de Israel. Es posible que pedazos de la fe judía fueron pasadas a través de los siglos a hombres como este funcionario de la reina. No podemos decir si el etíope encontró a Dios en su visita a Jerusalén, pero ciertamente encontró la palabra de Dios, y leyendo la palabra de Dios lo guiaría a Dios. El etíope era un hombre exitoso. Mas su éxito obviamente no contestaba todas las preguntas de su vida. Él sabía que necesitaba respuestas espirituales reales en su vida, y estaba buscando a Dios. Él estaba hambriento por la palabra de Dios. Por lo general, el pergamino le costaría mucho dinero, por lo que mostró es que realmente quería leer y conocer la palabra de Dios.

Felipe tuvo una gran audacia para ir directamente al carro del etíope y hablar con él, pero eso es lo que el Espíritu Santo le dijo que hiciera. Nunca debemos temer hablar de Jesús con aquellos que se consideran personas importantes. A menudo nos avergonzamos de hablar audazmente acerca de Jesús, y el mundo nos hace saber que no debemos hablar de tales cosas. Pero el mundo no duda en imponernos su propio mensaje. Deberíamos ser tan valientes en hablarle al mundo de Jesús como el mundo es de hablarnos de pecado. Felipe supo en ese momento que Dios le había dado una puerta abierta, un corazón preparado. Claramente, Dios había organizado este encuentro entre Felipe y el etíope; Este es un maravilloso ejemplo de cómo Dios abre puertas para la evangelización. Dios dirigió a Felipe porque Dios ya había preparado una puerta abierta. Era bueno que el etíope leyera la Biblia, pero a menos que se le trajera entendimiento, había poco provecho de su lectura. Pero Dios había traído a alguien para traer entendimiento. Nunca debemos sentirnos mal si necesitamos ser enseñados antes de que podamos entender muchas cosas. Es maravilloso cuando llegamos a comprender las grandes verdades de la Biblia por nuestra cuenta, pero Dios también tiene un lugar y un propósito para los maestros entre los seguidores de Jesús. En la maravillosa planificación de Dios, el etíope estaba leyendo las profecías asombrosas y específicas de Isaías 53 que describen la obra sacrificial del Mesías por venir.

En cuanto al pasaje de Isaías 53: 7,8, los judíos de aquel día tenían diferentes maneras en que entendían la identidad de este siervo sufriente. Algunos pensaron que el siervo sufriente era la nación de Israel, ya que Israel había sufrido grandemente en guerras, exilio y persecución. Otros, que era Isaías escribiendo de sí mismo. También había quienes pensaban que era el Mesías, pero les resultó difícil de aceptar esto, porque no querían pensar que el Mesías iba a sufrir. La predicación eficaz de Felipe consistió en explicar quién era Jesús y lo que él ha hecho por nosotros.  El etíope mismo estaba listo para responder al evangelio. Esto fue una obra del Espíritu Santo, no un tributo al arte de vender de Felipe. El etíope realmente creía, y quería ser bautizado para declarar su fe. Vio la verdad de Dios y supo que era para él.

Felipe insistió que el etíope creyera de todo corazón antes de ser bautizado. En pocas palabras, esto describe cómo debemos responder al evangelio: creer de todo corazón. Su confesión de fe, tomada con todo lo que significa, es la creencia esencial para cualquiera que venga a Dios. Debemos creer en la persona de Jesús, en todo lo que Él es y ha hecho como Cristo. Debemos creer que Él es el Hijo divino, y enviado por el Padre para lograr la salvación de todos aquellos que creen con todo su corazón.
Claramente, Felipe sumergió al etíope en el bautismo. Esto no fue rociar; sino inmersión.

De repente, el Espíritu del Señor llevó a Felipe cuando él y el etíope salieron del agua. Entonces fue transportado de alguna manera sobrenatural a la ciudad anteriormente filistea de Azoto (también conocida como Asdod). Este es un evento raro y quizá sin precedentes en las Escrituras. Pero sucedió algo similar cuando el bote de los discípulos llegó inmediatamente a su destinación, y algo similar también sucederá cuando la iglesia sea arrebatada al encuentro con él en el rapto. El gozo del etíope, aun después de la partida extraña de Felipe, muestra que su fe estaba firmemente arraigada en Dios, no en Felipe.

Felipe comenzó a predicar no solo en ciudades samaritanas, pero también en ciudades gentiles, tales como Cesarea. Esto es el mero principio de la dispersión del evangelio hasta lo último de la tierra, como Jesús mandó. No es de extrañar que Felipe sea el único en el Nuevo Testamento que recibe específicamente el título de: “El Evangelista”.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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