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La gran multitud que escuchaba a Pedro fue conmovida grandemente por su proclamación de la verdad con denuedo. Preguntaron a Pedro como debían responder. Pedro claramente les exhortó a que respondieran, e invitó a sus oyentes a que fueran salvos. Sin embargo, la multitud respondió con iniciativa impresionante. La respuesta de la multitud también nos ayuda a poner una perspectiva de los eventos de aquel día del Pentecostés. El ejercitar del don de lenguas produjo en los oyentes nada más que asombro y burlas. No fue hasta que el evangelio fue predicado que vino la convicción del Espíritu Santo. Ésta fue la obra que Dios realmente quiso lograr. Ellos ahora sabían que eran responsables por la muerte de Jesús (al igual que cada uno de nosotros), y que tenían que hacer algo en respuesta a esta responsabilidad.
Respondiendo a la pregunta: ¿Qué haremos? Pedro les dio algo que hacer. Esto significa que debemos hacer algo para ser salvo, debemos hacer algo para seguir a Jesús; no solo “sucede”. Pedro no dijo: No hay nada que puedes hacer. Si Dios te salva; eres salvo. Si Dios no te salva; nunca serás salvo. Aunque era cierto que solo Dios podía salvar, las personas tenían que recibir a través del arrepentimiento y la fe, fe que resulta en acción, como el bautismo. Arrepentirse no significa sentir lástima, sino significa cambiar de mente o de dirección. Ellos habían pensado de cierta manera de Jesús antes, considerándolo digno de crucifixión. Ahora debían cambiar su manera de pensar, tomando a Jesús como Señor y Mesías.
La segunda cosa que Pedro les dijo que debían hacer es: Ser bautizados en el nombre de Jesucristo, era expresión de fe y plena confianza en Él. En ese día, los judíos no eran comúnmente bautizados, solo los gentiles que querían convertirse en judíos. Para estos hombres y mujeres judíos ser bautizados mostraba cuán fuertemente sentían su necesidad de Jesús. Mientras el bautismo en agua era el símbolo esperado para la conversión, no era un criterio indispensable para la salvación. Al arrepentirse y demostrar fe y obediencia mediante el bautismo, se les daría el don del Espíritu Santo tal y como fue dado al grupo original de discípulos. Pedro también prometió específicamente que la promesa del Espíritu Santo sería dada a todos los que creen en las generaciones sucesivas (todos los que están lejos).
Ellos vieron la obra gloriosa del Espíritu Santo entre los discípulos, y Pedro les dijo que era algo en lo que estas personas podían participar; no necesitaban ser solo observadores. Y como la promesa es para todos los que están lejos, incluye a todas las personas hasta el momento presente. También es importante notar que Pedro no dijo que los hijos incrédulos e ignorantes de sus oyentes deberían ser bautizados. Él simplemente dijo que el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo eran para todos los que se arrepientan y crean con fe activa, incluso para las generaciones venideras y todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
El sermón de Pedro no terminó allí. Continuó en urgir a la multitud a venir a Jesús en arrepentimiento. Cualquier generación que es responsable de la muerte de Jesús es una perversa generación. Pero como cada generación es responsable de la muerte de Jesús, cada generación necesita salvación. Este día del Pentecostés se vio una increíble cosecha de almas. La iglesia pasó de unas 120 personas a 3,120 en un solo día. ¿Cómo podrías bautizar a 3,000 personas? Había grandes recursos de agua disponibles en el monte del templo, y albercas y tanques de agua cercanos, así que no fue difícil encontrar un lugar donde pudieran llevarse a cabo los bautismos.
Perseveraban usa un verbo griego que comunica “una fidelidad firme y decidida a un cierto curso de acción”. No habría desviación de la doctrina de los apóstoles, porque era la verdad de Dios. La palabra del griego antiguo koinonia (aquí traducida: comunión) lleva la idea de asociación, comunión, convivio y participación; significa compartir algo. Cuando la obra de Dios ha sido cumplida, el pueblo de Dios se reúne para orar y alabar.
Todo lo demás que leemos del poder y la gloria de la iglesia primitiva fluye de esta fundación de la palabra, la comunión, el recordar la obra de Jesús en la cruz, y la oración. Y sobrevino temor a toda persona: Esto fue evidencia del poder de Dios. Una de las obras más grandes y poderosas que Dios puede hacer es cambiar el corazón humano hacia un honor reverente al Señor. Con el influjo de más de 3000 creyentes, la mayoría de los cuales se quedaron en Jerusalén y no tenían trabajo, la familia de cristianos tuvo que compartir si querían sobrevivir.
No debemos considerar esto como un experimento temprano del comunismo, porque fue voluntario, temporal y tenía fallas al extenso, ya que la iglesia en Jerusalén estaba continuamente necesitada de apoyo financiero de otras iglesias. Además, no tenemos evidencia de que esto haya continuado por mucho tiempo. Los judíos tenían una costumbre enorme de hospitalidad durante cualquier día festivo importante como Pentecostés. Los visitantes eran recibidos en casas privadas, y nadie podía cobrar por dar una cama o un cuarto a un visitante, o por proveer para sus necesidades básicas. Los cristianos tomaron esta hospitalidad y la hicieron una cosa de todos los días. La iglesia es para adorar a Dios y juntos aprender de su palabra. Aun así, es para mucho más; Dios quiere que compartamos nuestras vidas unos con otros. Esta es la receta de Dios para el crecimiento de la iglesia. Si tenemos cuidado de seguir el ejemplo de Hechos 2: 42-47, Dios se encargará de hacer crecer la iglesia.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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