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El corazón de Dios estaba roto por la desobediencia de Saúl. El hombre que había iniciado humilde y sujeto a Dios eventualmente tomó su propio camino en desobediencia. El uso de un antropomorfismo, es cuando Dios se explica a sí mismo al hombre en términos humanos para que el hombre pueda tener algo de comprensión sobre el corazón de Dios. Dios conocía el corazón, los caminos y el destino de Saúl desde el principio. Dios ya había buscado un varón conforme a su corazón. Sin embargo, mientras todo esto se desarrollaba, el corazón de Dios no era insensible. No estaba sentado en el cielo con una pizarra, marcando los cuadros, diciendo fríamente, “Todo va según lo planeado”. La desobediencia de Saúl le dolía a Dios, y dado que no podemos comprender todo lo que sucede en el corazón de Dios, lo más cerca que podemos llegar es que Dios lo exprese en términos humanos al decir: Me pesa haber puesto por rey a Saúl.
Samuel tenía el corazón de Dios. A Dios le dolió desechar a Saúl, y a su profeta le dolió verlo rechazado. Estamos cerca del corazón de Dios cuando las cosas que lo afligen nos afligen, y las cosas que le agradan nos agradan. Saúl no estaba afligido por su pecado. ¡Saúl estaba bastante complacido consigo mismo! No hay ni la más mínima pizca de culpa ni vergüenza en Saúl, a pesar de que había desobedecido directamente a Jehová.
En los próximos capítulos, Dios levantaría otro hombre para reemplazar a Saúl. David, a diferencia de Saúl, fue conocido como un hombre conforme al corazón de Dios. A pesar de que David también desobedecería a Dios, la diferencia entre él y Saúl fue enorme. David sintió la culpa y la vergüenza que uno debe sentir cuando peca. Saúl no la sintió. Su conciencia estaba muerta a la vergüenza y su corazón estaba muerto a Dios. El corazón de Saúl estaba tan muerto que podía desobedecer directamente a Dios y todavía erigirse un monumento por el evento.
Saúl puede ir con el profeta de Dios con tal osadía, jactándose de su obediencia debido a su orgullo. Saúl se estaba engañando a sí mismo. Probablemente realmente creía lo que le había dicho a Samuel. Probablemente creía, yo he cumplido la palabra de Jehová. El orgullo siempre nos lleva al autoengaño.
El ganado que Dios claramente había ordenado destruir podía ser oído, visto, y olido al mismo tiempo que Saúl decía, “Yo he cumplido la palabra de Jehová”. Esta es la primera de una serie de excusas de parte de Saúl – él culpó al pueblo, no a sí mismo. Segundo, él se incluyó a sí mismo en la obediencia (pero lo demás lo destruimos). Tercero, justificó lo que se había quedado debido a su fina calidad (lo mejor de las ovejas y de las vacas).Cuarto, afirmó haberlo hecho por una razón espiritual (para sacrificarlas a Jehová tu Dios). En su orgullo y autoengaño, todo esto tenía perfecto sentido para Saúl, pero no significaba nada para Dios y Samuel. De hecho, era peor que nada – esto mostraba que Saúl estaba tratando desesperadamente de excusar su pecado a través de juegos de palabras y verdades a medias. Pero incluso en su excusa, Saúl reveló el verdadero problema: tenía una relación pobre con Dios. Noten como le habló de Dios a Samuel: para sacrificarlas a Jehová tu Dios. Jehová no era el Dios de Saúl. El Dios de Saúl era Saúl. Jehová era el Dios de Samuel, no Saúl. En su orgullo, Saúl quitó a Jehová del trono de su corazón.
Resultó que ni siquiera esto era cierto. Aún había amalecitas con vida. Más tarde, David tuvo que lidiar con los amalecitas. Amán, el malvado hombre que trató de eliminar a todo el pueblo judío en los días de Ester, era descendiente de Agag. Lo más irónico de todo es que cuando Saúl fue asesinado en el campo de batalla, un amalecita afirmó haber dado el último golpe de espada. Cuando no obedecemos a Dios totalmente, la porción “sobrante” ciertamente volverá para causarnos problemas, si no es que nos mata.
El más evidente de los pecados de Saúl. Dios le dio una orden específica y el la desobedeció directamente. Saúl ciertamente era celoso en dirigir a su ejército cuando le convenía hacerlo. En el capítulo anterior, ordenó una sentencia de muerte sobre cualquiera que comiera algo en el día de la batalla. Estuvo dispuesto a ejecutar a su propio hijo en su celo por hacer cumplir sus órdenes. Saúl estaba lleno de fuego y celo cuando se trataba de su propia voluntad, pero no cuando se trataba de la voluntad de Dios.
La observancia religiosa sin obediencia es hueca delante de Dios. El mejor sacrificio que podemos llevarle a Dios es un corazón arrepentido y nuestros cuerpos rendidos a su servicio para obediencia. Un corazón rebelde y obstinado rechaza a Dios tan ciertamente como alguien rechaza a Dios mediante prácticas ocultas o idolatría. En su vacía práctica religiosa, rebelión y obstinación contra Dios, Saúl rechazó la palabra de Dios. Así que Dios, con justa razón, lo rechazó a él como rey de Israel. Sin embargo pasarían casi 25 años antes de que hubiera otro rey en Israel. El rechazo de Saúl era final, pero no inmediato. Dios se tomó casi 25 años para entrenar al reemplazo adecuado de Saúl.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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