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Tres mil hombres de Israel fue el primer ejército “regular” de Israel. Anteriormente Israel sólo había tenido una milicia que se formaba en tiempos de amenaza nacional. Ahora por primera vez Israel tenía un ejército profesional. También es la primera mención del hijo de Saúl, Jonatán. Él llegaría a ser una parte importante y maravillosa 1 de Samuel. Jonatán era un líder militar excepcional. En repetidas ocasiones demostró habilidad para dirigir ataques exitosos. Sin embargo, este ataque solamente despertó a los filisteos. Israel había disfrutado la “paz” de un pueblo sometido: todo estará bien siempre y cuando tomes tu lugar de subyugación. Con este ataque Jonatán declaró, “ya no nos someteremos a los filisteos dócilmente”.

El mismo principio es cierto espiritualmente en nuestras vidas. Mientras seamos débiles y estemos sometidos a nuestros enemigos espirituales, no les importamos nada. Incluso, tal vez hasta les caigamos bien. Pero tan pronto como mostramos algo de valentía y valor contra los enemigos del Señor, nuestros enemigos espirituales nos consideran algo abominable. Si la paz con el diablo es más importante para ti que la victoria en Jehová, serás derrotado y sometido con frecuencia.

Los arqueólogos han encontrado esta fortaleza filistea en el collado (lugar también conocido como Gabaa). La evidencia arqueológica muestra que fue destruida pero reconstruida después por Saúl, y este lugar se convirtió en su palacio y fortaleza. Saúl claramente se atribuyó el mérito del audaz ataque de Jonatán contra la guarnición de los filisteos. Esto fue una mala señal del corazón y en el carácter de Saúl. Su propio sentido de inseguridad no permitiría que ninguno de sus asociados (incluso su propio hijo) recibiera crédito. Necesitaba embriagarse en alabanzas como los hombres sedientos beben agua. Los filisteos, enfurecidos con los israelitas, reunieron un enorme ejército para aplastar a Israel. Treinta mil carros es un número enorme, y algunos dudan de la exactitud de este número.

Jonatán fue lo suficientemente valiente como para lanzar el ataque inicial contra los filisteos, pero los hombres de Israel no fueron lo suficientemente valientes para mantenerse firmes ahora contra su enemigo. Con gran temor se escondieron en cualquier lugar que pudieron o huyeron hacia el otro lado del río. Este fue un punto bajo para Israel. Probablemente muchos de ellos habían pensado “lo que realmente necesitamos es un rey. Un rey podrá resolver nuestros problemas.” Ahora tienen un rey y los problemas siguen ahí. La posición de Saúl como rey fue confirmada en Gilgal. Muchos meses después aún permanecía ahí. Puede ser que Saúl quisiera seguir reviviendo el glorioso día en que Samuel lo reconoció y confirmó como rey ante toda la nación. Ahora que era rey, los hombres de Israel esperaban de él cosas mayores.
El pueblo aún respetaba a Saúl como su rey, pero estaban muy atemorizados. Debe ser mejor tener seguidores temblando que no tener ninguno, pero ¡qué mejor hubiera sido si Israel hubiera confiado realmente en Jehová en ese momento! Saúl sabía que los filisteos estaban reuniendo un gran ejército contra él, y que una vez que estuvieran organizados serían mucho más difíciles de vencer. Saúl probablemente sintió que una respuesta rápida les daba la mejor oportunidad de ganar la batalla. Samuel le dijo a Saúl que lo esperara en Gilgal. Entonces Samuel presidiría los sacrificios e Israel estaría espiritualmente listo para la batalla. Esto se sumó a la ansiedad de Saúl. Primero, la espera de Samuel era estresante porque sentía que el tiempo era su enemigo. Segundo, el pueblo se le desertaba porque pensaban que no se libraría la batalla y que el plan no estaba funcionando. Saúl claramente desobedeció a Samuel, él era un rey, no un sacerdote, y solo los sacerdotes podían ofrecer sacrificios. Saúl no tenía ningún derecho a hacer lo que solo un sacerdote podía hacer. La historia muestra lo peligroso que es combinar autoridades cívicas y religiosas y Dios no permitiría que los reyes de Israel fueran sacerdotes ni que los sacerdotes fueran reyes.  Si hubiera confiado en Dios y esperado una hora más ¡qué diferentes podrían haber sido las cosas! Los últimos momentos de espera suelen ser los más difíciles y nos tientan poderosamente a tomar el asunto en nuestras propias manos. Saúl realmente había sobrepasado sus límites. Literalmente, el hebreo dice que Saúl quería bendecir a Samuel – tal vez como un sacerdote bendice al pueblo. Ahora Saúl realmente se veía a sí mismo como un sacerdote, primero ofreciendo sacrificio y luego dando bendición.

Por su parte, Samuel sabía que Saúl había hecho algo malo. Probablemente podía oler el sacrificio en el aire. Pero Samuel no buscaba razones o excusas, porque no había razones ni excusas válidas. Todo lo que Samuel quería escuchar era confesión y arrepentimiento. Pero la respuesta de Saúl es un clásico ejemplo de crear excusas y desconfiar de Dios. Línea tras línea, Saúl empeoró su pecado con excusas. Si Saúl hubiera obedecido y confiado en Dios, Jehová se hubiera encargado de los filisteos. Saúl pudo haber implorado el favor de Jehová de numerosas maneras. Pudo haber clamado a Jehová por toda la nación con un corazón humilde, pero en vez de eso hizo la única cosa que no debía hacer: ofrecer sacrificio. Aunque Saúl se haya esforzado, no debió dejarse dominar por sus emociones. No tenía por qué pecar, aunque sintiera que debía hacerlo. Toda la forma de la explicación de Saúl deja en claro que esto no fue un malentendido. No le dijo a Samuel, “¿Hice algo malo?” Él sabía exactamente lo que había hecho y probablemente había pensado en las excusas desde antes.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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