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Literalmente, el hebreo a los hijos de Eli los llama hijos de Belial. Belial era un dios pagano, y la frase hijos de Belial hacía referencia a hombres malvados y despreciables. Este era un problema significativo, porque los hijos de Elí iban a sucederlo como sumo sacerdote, y ya estaban ejerciendo el sacerdocio.
A pesar de que su padre Elí conocía a Jehová, ese conocimiento no pasaba genéticamente a sus hijos. Ellos tenían que conocer a Jehová personalmente.
Muchos de los sacrificios que se llevaban al tabernáculo, se daban una porción a Dios, una porción al sacerdote y una porción se la quedaba el que traía la ofrenda. Según otros pasajes del Antiguo Testamento, el sacerdote recibía una porción del pecho y el hombro. Pero ahora, unos 400 años después de la llegada de la Ley de Moisés, la costumbre sacerdotal había cambiado; ellos no tomaban la porción señalada del pecho y el hombro, sino que tomaban lo que fuera que el gancho para la carne sacara de la olla.
La porción de Dios siempre se daba primero, por lo que estaba mal tomar la porción del sacerdote antes de quemar la grosura. La grosura era considerada la mejor y más lujosa parte del animal, así que eso le era entregado a Dios. La idea era que Dios siempre debía recibir lo mejor, y que Dios debía recibir su porción primero. Pero en su orgullo, los hijos de Elí tomaban su porción antes de quemar la grosura.
Aun cuando la ley establecía que el sacerdote no debía tomar carne cocida, sino cruda, ellos hacían lo contrario. ¿Por qué querían los hijos de Elí carne cruda? Quizás era para que pudieran prepararla de la forma que quisieran; o más probablemente, era porque la carne cruda era más fácil de vender y ellos vendían la carne y se embolsaban el dinero.
La codicia de los hijos de Eli era tan mala que no dudaban en usar la violencia y la amenaza de violencia para conseguir lo que querían. La grandeza del pecado de los hijos de Elí era clara porque a través de su codicia, violencia e intimidación hacían que otros no quisieran venir y traer ofrendas a Jehová. Ya era bastante malo lo que hacían ellos mismos; pero el mayor pecado de los hijos de Elí estaba en cómo lastimaban a otras personas.
A pesar de lo malvados que eran los hijos de Elí, Samuel era diferente. Podemos decir que por eso Dios levantó a Samuel, debido a la corrupción de los hijos de Elí. Dios sabía lo malos que eran, así que guio toda la serie de eventos que resultaron en el servicio de Samuel en el tabernáculo. Si los hijos de Elí no eran dignos sucesores, Dios levantaría a otra persona. En última instancia, los ministros corruptos no detienen; ni siquiera obstaculizan, la obra de Dios. Pudiera parecer que sí; pero cada vez que hay hombres como los hijos de Elí, Dios levanta a alguien como Samuel. La obra de Dios no se detiene cuando los ministros de Dios se corrompen.
Incluso cuando era niño, Samuel se distinguió en su servicio al Señor. Su servicio era tan excepcional que recibió un efod de lino, una prenda sacerdotal. ¿Qué hacía Samuel? “Hacía pequeños encargos, tal como preparar las luces, guardar las vestiduras, aprender música, y cosas similares”.
Aunque era niño, Samuel servía a Jehová mejor y de una manera más grande que los hijos de Elí. Lo que el hombre mira en el servicio a Dios a menudo no es lo que Jehová mira.
Solo alguien que haya estado allí describiría un detalle tan pequeño. Aunque Ana le entregó a su hijo pequeño a Jehová, nunca dejó de amarlo. Ciertamente lo hizo: tres hijos más y dos hijas. Dios nunca será deudor de nadie. Ana nunca podría decirle al Señor: “Te di a mi hijo, pero ¿qué me diste tú a mí?” porque Dios le dio mucho más a cambio.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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