[fusion_builder_container type=”flex” hundred_percent=”no” equal_height_columns=”no” menu_anchor=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” background_image=”” background_position=”center center” background_repeat=”no-repeat” fade=”no” background_parallax=”none” parallax_speed=”0.3″ video_mp4=”” video_webm=”” video_ogv=”” video_url=”” video_aspect_ratio=”16:9″ video_loop=”yes” video_mute=”yes” overlay_color=”” video_preview_image=”” border_color=”” border_style=”solid” padding_top=”” padding_bottom=”” padding_left=”” padding_right=””][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=”1_1″ layout=”1_1″ background_position=”left top” background_color=”” border_color=”” border_style=”solid” border_position=”all” spacing=”yes” background_image=”” background_repeat=”no-repeat” padding_top=”” padding_right=”” padding_bottom=”” padding_left=”” margin_top=”0px” margin_bottom=”0px” class=”” id=”” animation_type=”” animation_speed=”0.3″ animation_direction=”left” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” center_content=”no” last=”true” min_height=”” hover_type=”none” link=”” border_sizes_top=”” border_sizes_bottom=”” border_sizes_left=”” border_sizes_right=”” first=”true”][fusion_audio src=”https://house.life.cr/wp-content/uploads/2023/01/Mi-tiempo-con-Dios-4-de-enero.mp3″ loop=”off” autoplay=”off” preload=”none” margin_top=”” margin_right=”” margin_bottom=”” margin_left=”” hide_on_mobile=”small-visibility,medium-visibility,large-visibility” class=”” id=”” background_color=”” hue=”” saturation=”” lightness=”” alpha=”” controls_color_scheme=”” progress_color=”” max_width=”” border_size=”” border_color=”” border_radius_top_left=”” border_radius_top_right=”” border_radius_bottom_right=”” border_radius_bottom_left=”” box_shadow=”no” box_shadow_vertical=”” box_shadow_horizontal=”” box_shadow_blur=”0″ box_shadow_spread=”0″ box_shadow_color=”” animation_type=”” animation_direction=”left” animation_color=”” animation_speed=”0.3″ animation_delay=”0″ animation_offset=”” /][fusion_text]

Santiago piensa que es imposible que alguien pueda ser genuinamente salvo por fe sin tener obras. Pero alguien puede decir: “tiene fe, pero falla en mostrar buenas obras”. Así que la pregunta es válida: ¿Podrá la fe salvarle? El apóstol había declarado antes que los que no tienen piedad de los hombres encontrarán a Dios severo con ellos y tendrán un juicio sin piedad; pero los maestros hipócritas se jactaban de su fe como suficiente para asegurarlos contra ese juicio, aun cuando descuidaban la práctica de la santidad y la justicia.

Santiago escribió a los cristianos de origen judío que descubrieron la gloria de la salvación por la fe. Conocían el regocijo de la libertad de la justicia por las obras. Pero luego se fueron al otro extremo al pensar que las obras no importaban en absoluto. Santiago no contradijo al apóstol Pablo, quien en Efesios 2: 9 insistió en que no nos salvamos por las obras. Él simplemente nos aclara el tipo de fe que salva. Somos salvos por gracia a través de la fe, no por obras; pero la fe salvadora tendrá obras que la acompañen. Como dice un refrán: “la fe sola salva, pero la fe que salva no anda sola; tiene obras buenas que la acompañan”. El fallar en la obra más sencilla hacia un hermano o una hermana en necesidad demuestra que uno no tiene una fe viva, y solamente podemos ser salvos por una fe viva en Jesús.

Calentaos y saciaos: El decir esto significa que sabes que la persona frente a ti tiene necesidad de vestido y alimento. Conoces bien su necesidad, pero no le ofreces nada para ayudarla excepto un poco de palabras religiosas. Una verdadera fe, y las obras que la acompañan, no están hechas solamente de cosas “espirituales”; sino también de una preocupación por las necesidades más básicas, como la necesidad de consuelo, abrigo y comida. Cuando las necesidades aparecen, debiéramos entonces orar menos y simplemente hacer más para ayudar a la persona en necesidad. Algunas veces oramos en sustitución de la acción.

Santiago habla de fe muerta. La fe por sí sola nos salva, pero debe de ser una fe viva. Podemos darnos cuenta si la fe está viva al ver que esté acompañada por obras; si no tiene obras, está muerta. La fe que en sí misma no es una obra que merezca la recompensa de Dios, y que en sí misma no es una buena obra; es, simplemente, la ausencia de una obra pecaminosa. Es una fe basada en lo que Jesús hizo en la cruz y la tumba vacía. Es la fe que se expresará naturalmente en el arrepentimiento y las buenas obras.

Algunos podrían decir que ellos tienen el “don” de las obras y que otros tienen el “don” de la fe: “Está bien que tú tengas tu don de obras y que estés preocupado por los necesitados. Pero ese no es mi don”. Pero Santiago no tendrá ninguna de estas maneras de pensar. La apelación de Santiago es clara y lógica. No podemos ver la fe de alguien, pero podemos ver sus obras. No puedes ver fe sin obras, pues la realidad de la fe se demuestra por las obras. La falacia de la fe sin obras es demostrada por los demonios, los cuales tienen una fe muerta en Dios. Los demonios creen en el sentido de que reconocen que Dios existe. Pero esa fe no hace nada por los demonios, debido a que no es una fe real, y es probada por el hecho de que no tiene obras en ella. Santiago usará ahora el Antiguo Testamento para demostrar lo que ya ha dicho sobre el carácter de una fe viva, demostrando que una fe que no va acompañada de obras es una fe muerta que no puede salvar.

Santiago estima correctamente que Abraham ofreció a su hijo Isaac sobre el altar, aunque el ángel le impidió matar a su hijo. Sin embargo, había ofrecido a Isaac su hijo en su firme resolución e intenciones, y seguramente habría completado el acto si Dios no lo hubiera detenido. Abraham fue tan completo en su obediencia que consideró a Isaac como muerto y lo puso en el altar. La fe y las obras cooperaron juntas perfectamente en Abraham. También, su fe fue mostrada como cierta; fue completa, se perfeccionó, debido a su obra de obediencia.

Santiago significativamente usa otro ejemplo de fe: Rahab (una gentil). Él quizás estaba sutilmente haciendo esta exhortación debido a la falta de aceptación que se pudo ir desarrollando entre los judíos cristianos en contra de los creyentes gentiles que estaban comenzando en la iglesia. Rahab demostró su confianza en el Dios de Israel al esconder a los espías y al buscar salvación de su Dios. Su fe se mostró como una fe viva debido a que hizo algo. Su convicción en el Dios de Israel no hubiera salvado su vida si ella no hubiera hecho algo con esa fe. La lección de Abraham es clara: si creemos en Dios, entonces haremos lo que Él nos diga que hagamos. La lección de Rahab también es clara: si creemos en Dios, entonces ayudaremos a su pueblo, aun cuando tengamos que pagar un costo.

Note que Santiago no niega que existe fe. Él simplemente indica que no es el tipo correcto de fe. Es una fe que no tiene vida, y no puede salvar. Podemos pensar en un manzano. ¿Dónde está la vida del árbol? Está en la raíz, y debajo de la corteza del árbol, en el tronco. La vida no está en las manzanas, estas son las frutas que se muestran en temporada; pero si el árbol está vivo producirá manzanas en su tiempo.

El hombre no es justificado únicamente por fe, esto es, por un conocimiento simple y vacío de Dios; él es justificado por obras, esto es, que su justicia es conocida y es probada por sus frutos.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]