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Santiago usó palabras fuertes para referirse a Jesucristo: “El Señor de la gloria”. La religión cristiana; más explícitamente la creencia en el Señor Jesucristo, que es la Gloria divina, es un llamativo término para Cristo como la plena manifestación de la presencia divina y la majestad. Los judíos llamaron a esto la Shekinah. Esto es especialmente significativo, porque Santiago se considera, amplia y apropiadamente, como una de las primeras cartas que se escribió del Nuevo Testamento; tal vez en algún momento entre los años 44 y 48. Esto significa que los primeros cristianos consideraban a Jesús como Dios, y lo decían con palabras fuertes e inconfundibles. Un aspecto significativo de la obra de Jesús era el romper esas murallas que dividían a la humanidad, y traer adelante una nueva raza humana en Él. La unidad y apertura de la iglesia primitiva era un asombro para el mundo antiguo. Pero esa unidad no llegó automáticamente. Como se muestra en este mandato de Santiago, los apóstoles debían de enseñar a la iglesia primitiva a tener la fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sin acepción de personas.

La antigua palabra griega para referirse a congregación o asamblea es literalmente “sinagoga”, el lugar de reunión de los judíos. El hecho de que Santiago llame el lugar de reunión de los cristianos sinagoga muestra que escribió antes de que los gentiles fueran abiertamente recibidos en la iglesia. Este es el único lugar en el Nuevo Testamento en donde la asamblea de los cristianos es claramente llamada una sinagoga.

En la sociedad romana los ricos usaban anillos en su mano izquierda con gran liberalidad. Los anillos se utilizaban con gran ostentación, pues esto era una marca de riqueza. Había tiendas en Roma en las cuales los anillos se podían rentar para ocasiones especiales. Un andrajoso, significaba uno muy pobre, incluso hasta la mendicidad.  El favorecer al hombre rico por encima del hombre pobre en la forma que lo describe Santiago, muestra una profunda carnalidad entre los cristianos. Sus malos pensamientos son evidentes por sus acciones parciales. A pesar de que es fácil para el hombre parcializarse con los ricos, Dios no es parcial con ellos.

Cuando elegimos a las personas por su apariencia, entonces perdemos el enfoque de Dios. Recuerde que Judas aparentaba tener mejores características de liderazgo que Pedro. Deberíamos recordar que Dios nunca llama a la parcialidad contra los ricos. Si se debe juzgar en una disputa entre un rico y un pobre, deben dejar que la ley y los hechos del caso decidan el juicio en lugar de la clase económica de los que están en la disputa. Santiago les recuerda a sus lectores que los ricos muy a menudo pecan contra ellos, y muchas veces es debido a que el amor al dinero es la raíz de todos los males. Si los ricos de los que se habla aquí son cristianos, entonces se puede decir que blasfemaron el nombre de Cristo, cuando con su malvada carroza hicieron que otros blasfemaran; pero si se habla aquí de ricos incrédulos, los ricos de entonces fueron, generalmente, grandes enemigos del cristianismo.

El problema no es que seas amable con los ricos. ¡El problema es que muestres acepción de personas, y que no seas amable con el hombre pobre! Así que no puedes excusar tu acepción al decir: Estoy cumpliendo el mandamiento de amar a mi prójimo como a mí mismo.

Nuestro Dios es un gran Rey, y su ley es una ley real. Nuestro Rey Jesús pone un énfasis especial en este mandamiento del Antiguo Testamento (Levíticos 19:18). Santiago nos está recordando que el hombre pobre es también nuestro prójimo, al igual que el hombre rico. Este mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, es una ley “real”, no solo porque está ordenado por Dios, y procede de su autoridad sobre los hombres, sino porque es útil, adecuado y necesario para el estado actual del hombre, y damos el epíteto “real” a todo lo que es excelente, noble, grandioso o útil.

Aquí Santiago nos advierte acerca de tener una obediencia selectiva, que es esa clase de obediencia que selecciona y escoge los mandamientos de Dios que deben de ser obedecidos y los mandamientos que se pueden ignorar de una forma segura. Estamos bajo la ley de libertad. Tiene libertad, pero aún es una ley que debe de ser obedecida y por ella seremos juzgados por el tribunal de Cristo.

Santiago está relatando otro principio dado por Jesús en el Sermón del Monte: Porque con el juicio con qué juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. La ley de la libertad es la ley que define la relación entre Dios y el hombre como una relación de amor. Hablar y actuar bajo ese impulso es ser realmente libre.

Si esa ley se desobedece, si no se muestra misericordia, entonces el juicio basado en esa ley no mostrará misericordia.   La vida misericordiosa triunfará ante el juicio; Es decir, el hombre misericordioso es glorificado, como quien ha recibido misericordia, y no entrará en la condenación; porque la misericordia de Dios se regocija contra los pecados de tal hombre, como contra un adversario al que ha sometido y pisoteado.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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