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Saber que este Santiago era el medio hermano de Jesús hace que su auto introducción sea más significativa. Él no se proclama a sí mismo como “el hermano de Jesús”, sino solo como un siervo de Dios y del Señor. La palabra siervo es importante. Se traduce de la antigua palabra griega doulos: Un esclavo, un siervo, uno que está en constante servidumbre hacia otro. Entre los griegos, con un alto sentido de la libertad personal, el término llevaba una connotación degradante. Señor es una palabra importante. Se traduce de la antigua palabra griega kurios. Esto significa que Santiago consideraba a Jesús, Dios.
A lo que se refiere Santiago con la referencia de las doce tribus es difícil de entender. ¿Está Santiago escribiendo una carta solamente a los cristianos con un trasfondo judío, o a todos los cristianos? En verdad, la carta aplica para todos los cristianos; pero, probablemente, Santiago la escribió antes de que los gentiles fueran traídos a la iglesia, o antes de que emergieran los cristianos gentiles en un número significativo. En ese tiempo, el pueblo judío estaba esparcido por todo el mundo. Había comunidades cristianas entre casi todas las comunidades judías. Con respecto a lo extenso de la dispersión, Josefo escribió: “No hay ciudad, ni tribu, ya sea griega o bárbara, en la cual la leyes y costumbres judías no se hayan arraigado”.
El saludo “Salud” era la costumbre griega para comenzar una carta. Pablo nunca lo usó, él prefería saludar a sus lectores con las palabras “gracia y paz”. Pero aquí Santiago usa un saludo más común. Santiago considera las pruebas como inevitables. Al mismo tiempo, las pruebas son ocasiones para el gozo, no para una resignación desalentadora. Podemos tener sumo gozo en medio de las pruebas, debido a que son utilizadas para producir paciencia. Paciencia proviene de la antigua palabra griega hupomone. Esta palabra no describe una espera pasiva, sino el “sufrir sin rendirse”. No es tanto la cualidad que te ayuda a aguardar calladamente en la sala de espera de un doctor, sino la cualidad que te ayuda a terminar el maratón. Tiene la imagen de alguien bajo una carga pesada que tiene la resolución de permanecer allí en lugar de tratar de escapar.
Las pruebas revelan qué tipo de fe tenemos; no debido a que Dios no sepa qué tipo de fe tenemos, sino para hacer nuestra fe evidente a nosotros mismos y a aquellos a nuestro alrededor. Santiago no quería que nadie pensara que Dios envía las pruebas para quebrantar o destruir nuestra fe; por lo tanto, volverá a retomar este punto más adelante. La obra de la paciencia viene lentamente, y por lo tanto se debe permitir que florezca enteramente. La paciencia es una marca de las personas que son perfectos y cabales, sin que les falte cosa alguna. Las pruebas son temporales, necesarias para buscar sabiduría de Dios. Muy a menudo no sabíamos que necesitábamos sabiduría hasta que llegaron nuestras pruebas. En las pruebas necesitamos la sabiduría mucho más que el “conocimiento”. El conocimiento es información en bruto, pero la sabiduría es la que te dice cómo usar esta información. Alguien ha dicho que el conocimiento es la habilidad para desarmar las cosas; pero la sabiduría es la habilidad para unirlas otra vez.
El que duda y está falto de fe no debería de espera recibir cosa alguna del Señor. Esta falta de fe y confianza en Dios también muestra que no tenemos fundamento; al ser inconstantes en todos nuestros caminos. El hombre que no está completamente persuadido de que si pide a Dios recibirá, se asemeja a una ola del mar; está en un estado de agitación continua, impulsado por el viento, echado de una parte a otra: Ahora la esperanza lo levanta, luego se hunde por la desesperación. Pedir a Dios, pero pedirle dudando de alguna manera, muestra que somos de doble ánimo. Estar a mitad del camino, entre la fe y la incredulidad, es ser de doble ánimo.
Tanto como es para el humilde el regocijarse cuando es exaltado por Dios, también es apropiado (pero más difícil) para los grandes (el que es rico) regocijarse cuando en las pruebas encuentran humillación. Como el hermano pobre se olvida de toda su pobreza en la tierra, así también el hermano rico olvida toda su riqueza en la tierra. Por la fe en Cristo, los dos son iguales. Aunque podemos entender la pobreza y la riqueza como pruebas de una fe viva con las que un cristiano pudiera lidiar; no obstante, parece que Santiago ha hecho un cambio repentino en su tema: de las pruebas y la sabiduría, a las riquezas y la humildad. En cierto modo, el libro de Santiago es como el libro de los Proverbios u otra literatura de sabiduría del Antiguo Testamento, y puede saltar de un tema a otro y volver a un tema anterior.
Las pruebas sirven para recordarles a los ricos y a los grandes que a pesar de que piensen que están cómodos en esta vida, es solamente en esta vida, la cual se va a desvanecer como la hierba que se seca o como la flor que se marchita. En la tierra de Israel hay una variedad de hermosas flores que florecen cuando llegan las lluvias, pero duran por un corto tiempo antes de que se sequen. En la escala de la eternidad, esto muestra lo rápido que se marchitará el rico en todas sus empresas. La riqueza de este mundo ciertamente se marchitará —pero Santiago también dice que se marchitará el rico. Si ponemos nuestra vida y nuestra identidad en las cosas que se marchitarán, entonces nosotros también nos marchitaremos. ¡Cuánto mejor será poner nuestras vidas y nuestra identidad en las cosas que nunca se marchitarán! Si un hombre es solamente rico en este mundo, cuando muera, dejará sus riquezas. ¡Pero si un hombre es rico ante Dios, cuando muera irá a sus riquezas!
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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