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El siervo de Abraham estaba enfocado en la urgencia de su misión. Después de un viaje de 900 millas, estuvo una noche en su destino y quiso retornar a pesar de la gran distancia. La familia de Rebeca quiso demorar su partida por unos diez días. Eliezer permaneció enfocado en su misión y replicó: “No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino”.
Laban pensó, quizás, que había más brazaletes de oro, que se estaba separando de su hermana por muy poco dinero, que no debía dejar que esa joya de valor incalculable se le escapara de las manos demasiado pronto. Una de las cosas más impresionantes de Rebeca es su disponibilidad total de dejarlo todo para estar con un novio que nunca había visto. Sus palabras “sí, iré”, son palabras fuertes de fe. El siervo estaba determinado a irse rápidamente, y Rebeca estaba determinada a hacer su nuevo hogar con su nuevo esposo. Ella entendió que su lealtad debería estar con su nueva familia. Podemos imaginarnos las conversaciones que Rebeca y Eliezer tendrían en el camino. Ella hubiera querido saber todo acerca de Isaac, a quién amaba sin haberlo visto jamás, y él estaría encantado de decirle.
El cubrirse con un velo significaba castidad, modestia y sumisión. Así es como Rebeca quiso conocer a su esposo. Esta es la primera mención de Isaac desde que estaba arriba del monte Moriah. No vemos a Isaac desde su rescate de la muerte (el cual es visto como un símbolo de la resurrección) hasta que se une a esposa. En todo esto, vemos la unión de Isaac y Rebeca como una imagen notable de la unión de Cristo y la iglesia: Un padre desea una novia para su hijo. Un hijo que se tenía por “muerto” y “se levanta de entre los muertos”. Un sirviente sin nombre es enviado para conseguir una esposa para el hijo. El nombre del sirviente realmente es Eliezer, que significa: “Dios de ayuda” o “ayudador”. La novia hermosa es conocida, escogida, llamada, y después colmada de regalos. Ella está bajo el cuidado del sirviente hasta que conoce a su novio.
La manera en que Isaac y Rebeca vinieron el uno al otro también nos instruye. Ellos estaban sirviendo a Dios y buscándolo (había salido Isaac a meditar al campo), y Dios los juntó. Ellos, obviamente, estaban más preocupados con la voluntad de Dios que con el pensamiento moderno que hace del amor una cuestión puramente romántica. Puedo decir de este capítulo que registra lo que realmente se dijo y se hizo; pero, al mismo tiempo, lleva dentro instrucciones alegóricas con anuncios de las cosas celestiales. El verdadero ministro de Cristo es cómo Eliezer el damasceno; es enviado a encontrar una esposa para el hijo de su amo. Su gran deseo es, que muchos sean presentados a Cristo en el día de su venida, como la novia, la esposa del Cordero. Isaac amó a su novia, y Jesús amó a su iglesia. Podemos resumir la imagen de Isaac, Rebeca, Jesús, y la iglesia.
Rebeca y la iglesia: Escogidas para el matrimonio antes de que ellas mismas lo supieran. Necesarias para el logro del propósito eterno de Dios. Destinadas para compartir la gloria del hijo. Conocieron al hijo por medio de su representante. Deben dejarlo todo con gozo para estar con el hijo. Son amadas y cuidadas por el hijo.
Isaac y Jesucristo: Son prometidos antes de su llegada. Llegan al tiempo indicado. Son concebidos y nacidos milagrosamente. Les fue dado un nombre especial antes de nacer. Son ofrecidos en sacrificio por sus padres. Son levantados de entre los muertos. Son la cabeza de una gran compañía para bendecir a todo un pueblo. Preparan un lugar para sus novias. Tienen un ministerio de oración mientras llegan sus novias.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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