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Algunos dicen que en aquel tiempo los niños no se destetaban hasta los 12 años de edad y otros que hasta los 5, pero los estudios más confiables indican que fue a la edad de 3 años. El conflicto entre los dos hijos fue casi inevitable, aunque había aproximadamente 13 años de diferencia entre ellos. Para Abraham fue difícil estar del lado de Sara, porque no quería rechazar a su hijo Ismael. Notemos que el conflicto vino dé Ismael hacia Isaac. Ismael era el que se burlaba de Isaac. Gálatas 4:22-29 describe una aplicación espiritual de este conflicto entre Isaac (el hijo de la promesa) e Ismael (el hijo nacido por la carne).
En Gálatas 4, los legalistas judíos que molestaban a los gálatas decían que eran hijos de Abraham y por eso eran bendecidos. Pablo admitió que ellos eran hijos de Abraham, pero que eran como Ismael, no cómo Isaac. Los legalistas reclamaban a Abraham como su padre, paro Pablo quiere saber quién era su madre: ¿Agar o Sara? Ismael fue nacido de una esclava, y nacido según la carne. Isaac fue nacido de una mujer libre, y nació según la promesa. Los legalistas promueven una relación con Dios basada en la esclavitud y según la carne. El Evangelio verdadero de gracia ofrece libertad en Cristo y es una promesa recibida por fe.
De la misma manera en que Ismael y sus descendientes han perseguido a Isaac y a sus descendientes, no debemos sorprendernos de que las personas que hoy día siguen a Dios en la carne persigan a los que siguen a Dios por fe en la promesa. Quizás Abraham no quería dejar ir a Ismael porque era como su plan de respaldo. Si algo pasaba con Isaac, Ismael estaría allí. Pero Dios no quería que Abraham tuviera un “plan de respaldo”. Dios quería que Abraham confiara en Él. Abraham podía haber sido tentado a rechazar los consejos de Sara; pero buscó al Señor, hizo lo que Sara sugirió, y lo hizo sin sentir que estaba rindiéndose a las demandas de Sara.
La solución de Dios fue clara: deshacerse del hijo de la carne. No debe haber ninguna reconciliación con la carne, ninguna coexistencia pacífica. El hijo de la carne debe ser desechado para siempre. En nuestra batalla entre la carne y confiar en el Espíritu Santo, la solución es la misma: echar fuera a la sirvienta y a su hijo. La ley y la gracia no pueden convivir juntas como principios de nuestra vida cristiana, y no hay duda de que pertenecemos a la libre y no a la esclava. Quizá parezca despiadado que Abraham hiciera tal cosa, pero era exactamente lo que Dios quería, y exactamente lo que tenía que suceder. La carne y la sangre no forman el vínculo más fuerte que Dios quiere que honremos. Hay circunstancias donde no podemos hacer mas que poner nuestra familia a un lado por la gloria de Dios. Dios quiere que seamos despiadados con la carne: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos» (Gálatas 5:24).
Abraham era un hombre rico y seguramente podría haberles dados mucho más, quizás un burro o varios animales de carga; pero Abraham se dio cuenta de que sin la ayuda de Dios no importaba lo que les diera, pues no sería suficiente. Más con Dios, todo saldría bien. Como Agar e Ismael se fueron lejos de Abraham, sus suministros finalmente se agotaron. Su agua se agotó y Agar abandonó a Ismael debajo de un arbusto, esperando su rápida muerte en el desierto. Miramos la compasión de una madre por su hijo expirando por la sed, y recordamos que tal compasión debemos sentir todo creyente por las almas que perecen por falta de Cristo, perecen eternamente, perecen sin esperanza de salvación.
Dios respondió. Curiosamente, Dios contestó en respuesta a la voz del muchacho, en lugar de responder al llanto de Agar específicamente. De algún modo, Ismael gritó por misericordia y ayuda. De la misma manera que Dios los protege y los preserva en el desierto, les contesta escuchando la voz del niño. Dios estaba mostrando un favor especial hacia Ismael por ser descendiente de Abraham. Aunque Ismael no era el hijo de la promesa, Dios no tenía nada contra él. Los descendientes de Ismael se convertirían en una gran nación, el pueblo árabe.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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