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Aunque Abram regresó de Egipto con grandes riquezas, regresó al mismo lugar en el que había estado antes, a donde había comenzado. Esencialmente, el tiempo de Abram en Egipto fue un “desperdicio”. Dios habría provisto sus necesidades en Canaán. Él no debería de haber usado la bendición que Dios le dio en Egipto como justificación de haber ido allá. Aunque Dios es tan grande que da bien incluso cuando desobedecemos, aun así, hay un precio que pagar. La incredulidad de Abram lo llevó de su lugar de alabanza, al pecado, y causó que guiara a otros al pecado. Lo hizo sentirse más seguro en su habilidad de mentir que en el poder protector de Dios. Incluso, hizo que su familia se separara por un tiempo.

Abram también hizo lo que debía. En lugar de torturarse por su pasado de pecado, se ocupó de hacer lo que necesitaba hacer: vivir en tiendas como un peregrino, en el altar como un adorador, e invocar el nombre del Señor.
La iglesia siempre ha tenido el reto de qué es lo que debe de hacer con creyentes que recaen en pecado y quieren regresar. Por ejemplo, en el tercer siglo, los héroes de la fe fueron mártires y confesores, pero también había muchos creyentes que habían “recaído” doblados bajo la amenaza de la persecución. Algunas iglesias eran muy indisciplinadas, admitiéndolos como si nada hubiese pasado. Algunas eran demasiado duras, diciendo que nunca podrían regresar a la iglesia ni ser usados por Dios. La mayoría de las iglesias hicieron lo correcto: permitieron que regresaran; pero, básicamente, como primerizos, sin pretender que nada pasó. Aquí, Abram regresó a la tierra prometida, básicamente, como primerizo. Regresó a Betel, a la tienda y al altar, haciendo lo que debía de hacer. Dios quiere que caminemos en nuestro “primer” amor y en nuestras primeras obras

Dios le dijo a Abram que dejara a su familia cuando llegara a la tierra de Canaán, pero Abram llevó a su sobrino Lot con él. El resultado fue un problema como este. Cuando estamos bien con Dios, podemos esperar, muy a menudo, un ataque del enemigo. Algo tenía que hacerse acerca de esta pelea entre los bienes de Abram y de Lot, porque ellos no podían continuar un conflicto como este ante los habitantes no creyentes de Canaán. Los cananeos y los ferezeos habitaban entonces en la tierra, y vieron a los hombres de Abram y Lot peleando, de seguro pensaron: “Oh, son igual que nosotros. Dicen que adoran a otro Dios, un Dios que dicen que es el Dios verdadero, pero veo que son iguales que nosotros”. Muchas personas nunca escucharán lo que algún creyente diga, debido a lo que algunos creyentes son.
Esta es la primera mención de riquezas en la Biblia. Había una gran diferencia entre las riquezas de Abram y las riquezas de Lot. Ambos tenían grandes riquezas, pero las riquezas de Lot lo poseían. Abram tenía muchas posesiones, pero las riquezas no lo poseían. Debido a que Abram era el mayor, y Dios le dio la tierra a Abram (no a Lot), era pura generosidad de parte de Abram ofrecerle parte de la tierra a Lot. Abram pudo luchar cuando la ocasión lo demandaba. No cedió a Lot por debilidad, sino por amor y confianza en Dios. Unas hectáreas de tierras de pastoreo no parecían merecer una pelea para un hombre con perspectiva eterna.

Dios fue glorificado cuando Pablo, por amor, renunció a su derecho de ser pagado por anunciar el Evangelio en 1 de Corintios 9: 14-18. Dios fue glorificado cuando Jesús, por amor, renunció a su derecho a una existencia que no conocía el sufrimiento humano ni la prueba por experiencia. Abram cumplió el principio de amor del Nuevo Testamento: “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”.  Abram sabía que podía confiar en Dios. Lo hizo porque había aprendido que Dios proveería sus necesidades, y no tenía que preocuparle ser muy generoso. El patriarca sabía que no importaba lo que Lot escogiera, porque Dios se aseguraría de que él fuera prosperado. En Egipto pensó que tenía que tomar el destino en sus propias manos, tenía que cuidar de sí mismo. Ahora, él es más sabio y está dispuesto a dejar que Dios vea por sus intereses. Derecha o izquierda, no le importaba a Abram, porque Dios estaría allí.

Lot tomó una decisión basada completamente en lo que él podía ver. A él solo le importa la abundancia material de la tierra, y no la forma en que lo impactaría, espiritualmente, a él o a su familia. La fe significa que no caminamos por lo que vemos, sino por lo que sabemos que es verdadero en Dios: Abram andaba por fe; Lot solo caminaba por vista. Lot se convertiría en un líder de una ciudad pecaminosa. Por valorar solamente las cosas que pueden ser vistas, Lot incrementaría su riqueza temporalmente; pero lo perdería todo. Al final, aquel que buscó este mundo lo perdió, y el que estaba dispuesto a entregar lo que fuera para honrar a Dios lo encontró. No fue la elección de Lot lo que desvió su corazón. Su corazón ya estaba desviado, y esto se mostró en su elección.

Dios quería hablar solo con Abram después de que Lot se había ido. Esta era una promesa hecha a Abram, no al sobrino de Abram. Esta promesa de la tierra había sido hecha a Abram cuando vivía en Ur de los caldeos, ahora Dios está ahora repitiendo esta promesa. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra: Esta es una gran promesa para un hombre sin hijos, un hombre de 70 u 80 años de edad; pero Abram sabía caminar por fe y no por vista. Como muestra del recibimiento de la tierra por fe, Dios quiere que Abram explore la tierra de la promesa, que camine a lo largo de ella como si fuera suya, aunque aún no tiene el “título de propiedad”. De la misma forma, Dios quiere que nosotros exploremos nuestra “tierra de la promesa”: su Palabra, nos ha dado preciosas y grandísimas promesas; donde todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas. Él quiere que caminemos a lo largo de esta “tierra”, poseyéndola por fe. El nombre Mamre significa “visión”; Hebrón significa “comunión”. Abram está, nuevamente, caminando en la visión del Señor para él y está teniendo comunión con el Señor. Y construyó otro altar. Vivió con una constante consciencia de la necesidad de un sacrificio de expiación y de cobertura.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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