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Este hombre es comúnmente conocido como el joven rico, debido a que es descrito como un principal aquí y como rico en el verso 23 y Mateo 19: 23. No sabemos si su autoridad venía del mundo político o del religioso. Al decir: Maestro bueno: Esto era una forma impresionante y quizás sorprendente de referirse a Jesús. El título de “Maestro bueno” nunca se aplicó a otros rabinos de los tiempos de Jesús, porque implicaba estar sin pecado y en completa bondad. Jesús, y todos los demás, reconocieron que maestro bueno era un título único. La pregunta demuestra que este hombre, como todas las personas por naturaleza, tenía una orientación a querer ganarse la vida eterna. Quería saber qué trabajo u obra buena tenía que hacer para heredar la vida eterna. En su lugar, Jesús le pregunto al hombre: ¿Entiendes lo que estás diciendo cuando me llamas bueno? Porque ninguno hay bueno, sino solo Dios. Podríamos decir que el principal realmente no sabía quién era Jesús. Si lo hubiera sabido, se hubiera humillado como lo hizo el publicano en la historia que Jesús contó anteriormente en el capítulo. Los siguientes versículos muestran que el principal tampoco sabía bien quien era él.
Este principal era un judío educado de su tiempo, así que sabía los mandamientos. Jesús podría dirigirse al hombre sobre este conocimiento común. Los hombres y mujeres modernos pueden no tener el conocimiento del nombre ni el acuerdo exacto con los mandamientos que Jesús refirió aquí. Pero en general están de acuerdo con ellos, porque Dios también les habla a través de la creación y de la conciencia. Aunque muchas personas hoy en día conocen los mandamientos, ya sea a través de la instrucción o de la intuición, muchas menos personas están interesadas en la pregunta básica, ¿cómo puedo heredar la vida eterna?
Jesús le preguntó al hombre acerca de los mandamientos que tienen que ver con la relación de hombre a hombre. En respuesta, el joven contestó: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud”, afirmando así cumplir todos los mandamientos de Dios con respecto a cómo debemos tratar a otras personas. El lapso de tiempo involucrado en la mente del joven puede haber empezado con su bar mitzvah, el momento en que un joven se convierte en un adulto a la edad de trece años, y, por lo tanto, está obligado a seguir la Ley Mosaica. La respuesta de Jesús a este hombre se dijo con amor, sin duda, porque Jesús percibió que estaba equivocado y vacío. Uno podría decir que este hombre había subido a la cima de la escalera del éxito, solo para encontrar que su escalera se apoyaba contra el edificio equivocado. Aunque el hombre lo tenía todo: riquezas, una vida exteriormente justa, respeto y prestigio, Jesús todavía podía decirle: “Aún te falta una cosa”. Jesús retó al hombre a amar a Dios más que al dinero y a las cosas materiales. El hombre fracasó en este reto. Esencialmente, este hombre era un idólatra: amaba el dinero y las cosas materiales más que a Dios. El llamado a abandonar todo y seguir a Jesús es un llamado a poner a Dios primero en todas las cosas. Jesús simplemente llamó a este hombre a ser su discípulo, al decir, “Sígueme”. Usó un lenguaje similar cuando llamó a muchos de sus discípulos, pero para este hombre significaba dejar atrás las riquezas en las que había puesto su corazón. En el evangelio de Mateo se registra que el hombre se fue. Lucas y Marcos notan su expresión, su respuesta emocional: muy triste. Muy triste y muy rico es una combinación trágica, pero bastante común en aquellos que hacen de las riquezas un ídolo. Jesús no cambió los requisitos del discipulado cuando el hombre rico se fue. Él usó la tristeza del hombre como una oportunidad de enseñar a sus discípulos y a todos los que escucharían. Las riquezas son un problema porque hacen que nos sintamos satisfechos con esta vida, en lugar de anhelar la era venidera. También, a veces se buscan riquezas a expensas de buscar a Dios. Claramente, Jesús dijo que las riquezas son un obstáculo para el reino de Dios. Usualmente, solo pensamos en la pobreza como un problema. Jesús nos dijo que las riquezas pueden presentar un problema mucho más serio.
Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios: Con esta imagen humorística, Jesús ilustró la dificultad que las riquezas presentan para entrar en el reino de Dios. Inmediatamente, pensamos en esto como algo imposible. Muy seguido los rabinos hablaban acerca de un elefante tratando de pasar a través del ojo de una aguja como una imagen de algo increíblemente imposible. Tal vez Jesús tomó este proverbio conocido y lo suavizó un poco de su forma normal. Un camello es más pequeño que un elefante, aunque obviamente más grande que el ojo de una aguja. La respuesta de aquellos que escucharon esto es de una verdadera naturaleza humana. Nosotros también encontramos difícil el ver cómo las riquezas nos alejan del reino de Dios. Pensamos solo en la bendición y el bien que las riquezas pueden traer. Muchos discípulos probablemente habían esperado que al seguir a Jesús se volverían ricos e influyentes, y líderes prominentes en su gobierno Mesiánico. En una cultura donde la riqueza se consideraba un signo de la bendición de Dios y donde se esperaba que un líder religioso fuera por lo menos moderadamente rico, el estilo de vida de Jesús y de sus discípulos era notablemente diferente. Es posible que el hombre rico se salve. La gracia de Dios es suficiente para salvar al hombre rico; tenemos los ejemplos de personas como Zaqueo, José de Arimatea y Bernabé. Todos estos eran hombres ricos que fueron capaces de poner a Dios primero, no a sus riquezas. Jesús no está diciendo que todas las personas pobres y ninguna de las ricas entrarán en el reino de los cielos. Eso excluiría a Abraham, Isaac, y a Jacob, sin mencionar a David, Salomón, y José de Arimatea. En contraste con el joven rico, los discípulos sí lo habían dejado todo (o la mayor parte de todo) para seguir a Jesús. Pedro se preguntó qué recompensa habría para aquellos que obedecieron donde el rico falló. Hay un honor especial para estos discípulos. Tienen un lugar especial en el juicio, probablemente en el sentido de la administración en el Reino milenario. Además, los apóstoles tuvieron el honor de ayudar a proporcionar un fundamento singular para la iglesia y tienen un lugar especial en la nueva Jerusalén. Los doce pueden tener su recompensa única, pero habrá un honor universal para todos los que se sacrifiquen por el amor de Jesús. Cualquier cosa que sea abandonada por Él será devuelta muchas veces más, tanto en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. El principio se mantiene: Dios no es deudor de ningún hombre. Es completamente imposible para nosotros dar más a Dios de lo que Él nos da a nosotros. Tener y mantener el corazón de alguien que da evitará que te corrompan las riquezas. Todos debemos hacer lo que dice el Salmo 62:10: Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas, y dar es clave.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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