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El hombre es creado con un instinto espiritual (Eclesiastés 3:11), así que la oración muchas veces llega de forma natural. Sin embargo, los obstáculos se interponen en el camino de la oración efectiva y constante, por lo que Jesús sabía que necesitábamos ser enseñados y alentados para orar siempre.

Jesús no quiso decir que siempre debemos tener nuestras rodillas dobladas y los ojos cerrados en oración; sino que debemos siempre estar en lo que se llama espíritu de oración. Es fácil desmayar en oración porque el Diablo odia la oración. Si la oración fuera impotente, sería fácil. También porque no siempre estamos convencidos de la realidad del poder de la oración. Demasiadas veces, la oración se convierte en el último recurso en lugar del primero. Recuerda que Jesús vivió una vida de oración, y vive una vida de oración intercesora por su pueblo. Por lo tanto, no debemos desmayar en oración. La mujer de Canaán siguió orando, aunque primero se le negó. Jacob se negó rendirse a pesar de que su pierna ya había sido lastimada.

En la historia contada por Jesús, el juez era un personaje sin temor a Dios, tanto como hombre y como juez. Sin embargo, al final respondió a la petición de la mujer. La única razón por la que le dio lo que deseaba era porque la mujer no dejaba de molestarlo. Barclay nos dice que este no habría sido un juez judío, porque las disputas entre judíos eran traídas a los ancianos. Este juez era uno de los magistrados nombrados y pagados ya fuera por Herodes o por los romanos. Tales jueces eran notorios. Cuando él se quejó de la mujer diciendo me es molesta, realmente significa, “Me aturde. Una metáfora tomada de los boxeadores, quienes se golpean unos a otros”. “Aunque la palabra hypopiaze literalmente significa “dejar un ojo morado”, la representación figurativa es preferible aquí”. A veces nos parece que Dios es reacio a contestar nuestras oraciones. Sin embargo, los retrasos en oración no son necesarios para cambiar a Dios, sino para cambiarnos a nosotros. La persistencia en la oración trae un elemento transformador a nuestras vidas, construyendo en nosotros el carácter de Dios mismo. Es una manera en que Dios construye en nosotros un corazón que se preocupa por las mismas cosas que Él. “Demasiadas oraciones son como un niño que toca la puerta y corre, toca, y se va antes de que se pueda abrir la puerta”.

Hay varios contrastes entre este juez y el Dios que escucha nuestras oraciones. Este es un juez injusto; Dios es justo. El juez no tenía ningún interés personal por la viuda; Dios ama y se preocupa por aquellos que le oran. El juez contestó la petición de la viuda por puro interés propio; Dios ama bendecir a Su pueblo por su bien también. Jesús probablemente tuvo en mente las oraciones de los creyentes en persecución, quienes anhelan la justicia y que claman a él día y noche por la justicia de Dios sobre ellos y sobre sus perseguidores.

Aquellos que están en el fuego de la persecución necesitan de una gracia especial para perseverar y no desmayar en la oración. Necesitan estar seguros de que Dios no es como el juez injusto, así que debemos de seguir orando a Dios quien resolverá todas las cosas de forma justa. Nuestro Dios es un Juez justo y maravilloso: Venimos a un juez de carácter bueno y perfecto, que ama cuidar a Sus hijos, que es amable y lleno de gracia, que nos conoce. Venimos antes este juez con un defensor, un amigo que rogará por nuestro caso ante el juez, con promesas de animarnos, con el derecho de acceso constante, con un juez que tiene un interés personal en nuestro caso.

Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Esto une el pensamiento de Jesús con Sus palabras acerca de su venida al final del capítulo anterior. A menos que sepamos quien es Dios (siendo no como el juez injusto) y a menos que seamos personas que oran sin desmayar, aún no tenemos el tipo de fe que Jesús buscará cuando regrese.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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