De nuevo, Jesús demostró su poder y autoridad completa sobre los demonios, echando fuera poderes demoníacos lo cual las tradiciones de esos días consideraban imposible. ¿Será éste aquel Hijo de David?: La multitud reaccionó con expectación mesiánica, pero los líderes religiosos reaccionaron atribuyendo el poder de Jesús al príncipe de los demonios (Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú). La acusación de los fariseos equivale a una acusación de brujería, una que siguió siendo dirigida contra Jesús en la polémica judía posterior.

Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos: Esto fue notable, pero no necesariamente fue una marca de la divinidad de Jesús. El Espíritu Santo puede dar el don de conocimiento sobrenatural a una persona (la palabra de ciencia mencionada en 1 Corintios 12:8). Jesús lógicamente observaba que no tiene sentido para satanás echar fuera a satanás. Los fariseos necesitaban explicar cómo Satanás se beneficiaría por la obra que Jesús acababa de hacer. Un diablo puede ceder y dar lugar a otro, para obtener mayor ventaja para toda la sociedad, pero uno nunca se pelea con otro. Satanás puede ser malvado, dice en efecto, pero no es un tonto. Cualquier culpa que tengan los diablos, no están en contienda entre ellos; esa culpa está reservada para los que sirven a un mejor Maestro.

Jesús les hizo una pregunta basada en su premisa (equivocada) de que Él obraba por el poder de satanás. Si eso fuera cierto, entonces ¿cómo los echaban fuera sus propios exorcistas judíos? Los exorcistas judíos operaban de manera convencional por medio de hierbas y fórmulas mágicas, y los resultados probablemente eran insignificantes. La práctica fue sancionada por costumbre y fue inofensiva. Pero para echar fuera demonios, como en todas las demás cosas, Jesús fue original, y su método fue demasiado eficaz. Su poder, manifestado a todos, fue lo que les ofendió. La envidia hace que las personas condenen en uno, lo que aprueban en otro.

Aunque nuestro Señor tenía poder propio, Él honró al Espíritu de Dios y obró por medio de su energía, y mencionó el hecho que así lo hacía. Usando una analogía, Jesús explicó su autoridad para atar el poder de satanás. Él es más fuerte que el hombre fuerte. Al hacerlo, Jesús presentó un principio valioso en la guerra espiritual al recordarnos que Él nos da permiso de usar Su nombre y autoridad, dándonos la fuerza que necesitamos para atar al hombre fuerte. Jesús primeramente eliminó las ilusiones sobre cualquier respuesta neutral a Él o su obra. Si uno no es con Él, entonces es contra Él. Si uno no trabaja con Jesús, ya sea por oposición activa o indiferencia pasiva, ese trabaja en contra de Jesús (el que conmigo no recoge, desparrama). Solamente dos fuerzas están trabajando en el mundo, el recoger y el desparramar. Cualquiera que hace una, contradice a la otra.

Jesús advirtió solemnemente a los líderes religiosos que no lo rechazaran. Su rechazo de Jesús –especialmente considerando lo que habían visto de Jesús y sus obras– mostró que estaban rechazando completamente el ministerio del Espíritu Santo. Ese ministerio es para testificar de Jesús, por eso se advirtió acerca de cometer el pecado imperdonable. El ministerio principal del Espíritu Santo es testificar de Jesús (él dará testimonio acerca de mí, Juan 15:26). Cuando ese testimonio de Jesús es total y finalmente rechazado, uno realmente ha blasfemado contra el Espíritu Santo y esencialmente lo ha llamado mentiroso con respecto a su testimonio de Jesús. Los líderes religiosos estaban cerca de hacer esto. Las consecuencias eternas de este pecado nos obligan a considerarlo seriamente. Por lo tanto, ¿cómo se puede saber si de hecho se ha blasfemado contra el Espíritu Santo? El hecho de que uno desee a Jesús en absoluto muestra que no es culpable de este pecado. Sin embargo, el rechazo continuo de Jesús nos endurece más en contra de Él y nos pone en un camino de rechazo total y final de Él. Algunas personas –por broma o por reto–Piensan que es una cosa ligera el bromear con la eternidad. Sin embargo, la verdadera blasfemia contra el Espíritu es más que una fórmula de palabras; Es una disposición establecida de la vida que rechaza el testimonio del Espíritu Santo en cuanto a Jesús. Aun si alguien ha dicho tales cosas intencionalmente, se puede arrepentir y evitar un rechazo firme de Jesús.

Jesús les llamó: ¡Generación de víboras! Con estas palabras, Jesús esencialmente llamó a los líderes religiosos “hijos de satanás”. Eran una generación asociada con la víbora, no con Dios. Era esta naturaleza malvada la que les causó hablar mal de Jesús (¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?). De la abundancia del corazón habla la boca: Nuestras palabras revelan nuestro corazón. Si hubiera buen tesoro en el corazón de estos líderes religiosos, se mostraría en sus buenas cosas. Se tiene que rendir cuentas por las palabras ociosas e inútiles; ¿entonces qué de las malas y perversas? Adam Clarke dijo que el sentido de la palabra griega utilizada para palabra ociosa es “una palabra que no hace nada, que ni ministra gracia ni instrucción para aquellos que las oyen”. Si esto es cierto, muchos predicadores podrían encontrarse culpables de este pecado. En cambio, debido a que las palabras reflejan el corazón, uno puede ser juzgado correctamente por sus palabras. Pablo también escribió acerca de la importancia de nuestras palabras: Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.