Esta no era la primera vez que Jesús se había encontrado con este grupo de hombres. Estos eran hombres comunes, sin credenciales teológicas o sin estatus en el mundo. Jesús se encontró con ellos mientras trabajaban. Jesús escogió estos discípulos, no por lo que ellos eran, sino por lo que Jesús podía hacer por medio de ellos. Jesús muestra de que se trata el cristianismo: el seguir a Jesús. En sus cimientos, el cristianismo no se trata sobre sistemas teológicos, reglas, o aún el ayudar a las personas – se trata de seguir a Jesús. Sin embargo, es cierto, por los tiempos del Nuevo Testamento, la frase “venid en pos de mí” se ha añadido a sí mismo un aspecto ético, pues siempre es el mayor el que va adelante, y el inferior quien le sigue: por lo tanto, se implicaba una relación de rabí-discípulo. Jesús dijo que les haría pescadores de hombres. Si estos hombres recibieron algo maravilloso en cuanto a seguir a Jesús, fue solamente el derecho de que ellos pudieran dárselo a otros, y el “atrapar” a los hombres hacia el reino de Dios. Él era el mejor pescador de hombres de la historia. Pero Él quería que otros hicieran lo que Él hacía; primero estos cuatro, luego los doce, luego cientos, luego miles de millares a través de los siglos. Marcos dice que remendaban las redes y eso significa el poner apropiadamente en orden, o el alistarse, y esto incluye el limpiar, el remendar y doblar las redes para prepararlas para la pesca de la siguiente tarde.
Uno puede ir a Capernaúm hoy en día y puede ver los restos de una antigua sinagoga judía, la cual aún tiene los cimientos de este edificio en el cual Jesús enseñaba. Típicamente, la sinagoga no tenía a maestros establecidos. En lugar de eso ellos tenían la costumbre de “la libertad de la sinagoga,” en donde invitados letrados eran invitados para hablar en la lectura de la Escritura para aquel día. Esta costumbre le dio a Jesús la oportunidad de predicar. No se nos dice que fue lo que Jesús enseñó, pero se nos dice el efecto que la enseñanza tuvo en Su audiencia. Nunca habían escuchado a alguien que enseñara de esta manera. Los escribas en los días de Jesús en raras ocasiones enseñaban con audacia. Ellos simplemente citarían a una variedad de Rabinos como intérpretes. Jesús enseñó con autoridad debido a que Él sabía acerca de lo que Él estaba hablando. Primero vimos que Jesús se sujetó a su Padre en el bautismo, luego al Espíritu Santo al ir hacia el desierto. Ahora vemos la autoridad de Jesús. La autoridad fluye de la sujeción. Marcos utiliza la misma gramática que Pablo utilizó para describir al cristiano al estar “en Cristo”.
Este espíritu inmundo era el señor malvado de la vida de este pobre hombre. La similitud en las palabras entre el cristiano que tiene a Jesús y este hombre que tiene al demonio, demuestra que Él está en nosotros, y que nosotros estamos en Él. Estamos “poseídos por Jesús”, en el sentido correcto, porque su llenura e influencia es solamente para el bien. Aun cuando Jesús puede vivir en nosotros, así alguien que no está habitado por Jesús puede ser habitado por un demonio si se le extiende la invitación, de manera consciente o inconsciente. La exposición a las cosas, tales como el espiritismo, las prácticas ocultas y drogas, son peligrosas. Éstas abren puertas hacia el mundo demoniaco, las cuales deben de dejarse mejor cerradas. El mismo demonio testificaba que Jesús era santo y puro. Los demonios admitían que sus fieras tentaciones fracasaban al intentar corromper a Jesús. Jesús no necesitaba el confiar en el abracadabra o las ceremonias. Él simplemente demostraba la autoridad de Dios. Jesús a menudo les decía a los demonios que se callaran. El día de hoy, muchos liberadores de la posesión demoniaca, con un estilo muy propio, animan a los demonios a que hablen, o aún creen lo que el demonio dice. Jesús evitaba tales teatros, y simplemente libraba al hombre afligido. Había otros exorcistas en los días de Jesús. Él no era el único que intentaba arrojar a los demonios. Pero había una gran diferencia entre Jesús y otros exorcistas. Éstos utilizaban ceremonias largas, fantásticas, elaboradas y supersticiosas, y a menudo fracasaban. Jesús jamás falló en sacar a un demonio, y Él nunca utilizó una ceremonia elaborada.
Jesús entró a una humilde casa en Capernaúm, y se encontró con una mujer enferma. Jesús no “ejerció ante las multitudes”. Aquí, Él ministró a una persona en un hogar privado. El interés de Jesús era el satisfacer las necesidades de los individuos sin promoverse a Si mismo. Él no necesitaba el poder de la dinámica de la multitud para que le ayudara a Su ministerio. En la sanidad de la suegra de Pedro, Jesús mostró simplicidad y poder. Jesús sanó con la misma autoridad que Él utilizó para echar a los demonios. La suegra de Pedro estaba padeciendo lo que el Talmud llamaba una “fiebre ardiente.” Esta era, y aun es, muy prevaleciente en esa parte en particular de Galilea. El Talmud en realidad da unos métodos para sanarla. Un cuchillo hecho totalmente de fierro era atado en una trenza de cabello en un espino. En los días sucesivos era repetido, primero, Éxodo 3:2, 3; segundo Éxodo 3:4; y finalmente, Éxodo 3:5. Luego, una cierta fórmula mágica era pronunciada, y así la cura se debía de lograr alcanzar. Jesús ignoró completamente toda la exageración de la magia popular, y con un gesto de autoridad y poder único, él sanó a la mujer. La suegra de Pedro respondió de la manera que nosotros debemos de responder cuando Jesús nos bendice. Ella, por gratitud, inmediatamente sirvió a Jesús.
Jesús estaba ministrando aún después de la puesta del sol, terminando el día de reposo. Al estar libre de las restricciones del día de reposo, en cuanto a viajes y actividades, las personas venían a Jesús para ser sanados. Era un día ocupado, y luego Jesús ministró después de caída la noche a toda la ciudad que se agolpó a la puerta. Jesús trabajó muy duro para servir a las necesidades de los demás, y siempre ponía las necesidades de ellos antes que las de Él.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
