Aquí inicia una sección donde Pablo defiende su carácter y su ministerio ante los Tesalonicenses. Esto no fue porque Pablo estuviera inseguro acerca de su ministerio, sino porque tenía enemigos en Tesalónica que lo desacreditaban en su ausencia, especialmente debido a su apresurada salida de Tesalónica. Los enemigos de Pablo decían que había dejado la ciudad rápidamente porque era un cobarde interesado. Esta revelación de su carácter no fue hecha debido a que los creyentes Tesalonicenses estuvieran sospechando o dudando de los misioneros. Pablo está contestando los traicioneros ataques hechos por chismosos fuera de la iglesia debido al odio que sentían por él. El apóstol escribió aquí de una manera personal, pero no era realmente un problema personal para él. Sabía que importaba por el bien del evangelio. Si Pablo era desacreditado, entonces el mensaje del evangelio también lo sería. El enfático llamado de Pablo a los Tesalonicenses a ser testigos hizo dos cosas. En primer lugar, mostró su confianza en ellos. El no temía que ellos fueran a sucumbir ante la propaganda que se había puesto frente a ellos. En segundo lugar, demostró que todos los hechos requeridos para su vindicación eran hechos conocidos por todos.

La palabra vana utilizada aquí puede referirse al resultado del ministerio, o al carácter del ministerio. Como era evidente a los ojos de todos que el ministerio de Pablo en Tesalónica tenía éxito, es mejor verlo como una referencia al carácter del ministerio de Pablo. Su venida no era vacía ni hueca, como si fuera un simple vendedor o comerciante. Pablo le recuerda a los Tesalonicenses sobre sus padecimientos en el ministerio. A través de esto, deja claro el punto de que no continuaría haciendo frente a los golpes y conflictos si solamente fuera por él mismo. Cuando Pablo llegó a Tesalónica, las heridas de su espalda hechas en Filipo aún estaban frescas. Si Pablo estuviera en el ministerio por sí mismo, no había sido muy listo para servir a sus propios intereses.

Hechos 16: 23,24 registra que el sufrimiento incluía flagelación pública y tener los pies en el cepo mientras estaban confinados en la prisión interna de la ciudad. Sabemos que la humillación y la persecución debilitan y ciertamente fracturan por completo la mente del hombre. Fue, por lo tanto, una obra de Dios que, aunque Pablo sufrió varios infortunios y humillaciones, parecía no haber sido afectado, y no titubeó al lanzar un asalto sobre una ciudad grande y rica con el propósito de llevar a esa gente cautiva a Cristo. A pesar de lo que algunos de los acusadores de Pablo decían, no solo predicó el evangelio cuando fue fácil o conveniente. El sabía lo que era hablar con denuedo para el Señor incluso en medio de gran oposición. La palabra traducida como oposición (agon) contiene una metáfora extraída de los juegos atléticos o de la arena. Se refiere al lugar de la competencia, y a la competencia misma – una carrera, una lucha, una batalla. Este tipo de conflicto siempre involucra trabajo intenso y extenuante, esfuerzos persistentes para superar la oposición determinada o al peligroso antagonista.

La pureza del mensaje de Pablo hacía evidente que no había error, impureza, o engaño en su ministerio. En el mundo del primer siglo en el que Pablo vivía, había muchas religiones que competían, y muchos ministerios de esas religiones eran motivados por la avaricia y la ganancia. La ciudad de Tesalónica se encontraba sobre la Vía Egnatia, la famosa carretera que iba de este a oeste a través de Macedonia. Tesalónica también era un puerto importante y una ciudad crisol de culturas de todo el mundo. Había una asombrosa variedad de religiones y de profesionales religiosos en Tesalónica. En esta ciudad usted podía encontrar la adoración a los dioses del panteón Olímpico, especialmente Apolo, Atenas y Hércules. Estaban las misteriosas religiones nativas de Grecia, que celebraban a Dionisio y al culto al sexo y al vino. Las tradiciones intelectuales y filosóficas griegas también estaban representadas. Había santuarios para muchos dioses egipcios: Isis, Serapis, Anubis. También estaban presentes los cultos del estado Romano que deificaban a los héroes políticos de Roma. También estaba el pueblo judío y los gentiles temerosos de Dios. La mayoría de estas religiones tenían una mentalidad misionera, y buscaban difundir su fe usando evangelistas y predicadores itinerantes. La mayoría de estos misioneros eran oportunistas, que tomaban todo lo que podían de sus oyentes, y después se trasladaban hasta encontrar a alguien más que los apoyara. Probablemente nunca ha habido tanta variedad de cultos religiosos y sistemas filosóficos como en el tiempo de Pablo. “Hombres santos” de todos los credos y países, filósofos populares, magos, astrólogos, chiflados, y maniáticos; al sincero y al falso, al justo y al traicionero, estafadores y santos, empujados y aclamados por la atención de los creyentes y los escépticos.

Pablo sabía que su evangelio no siempre agradaría a los hombres, pero sabía que era agradable a Dios. Él trató de hacer al evangelio tan atractivo como le fue posible, pero nunca cambió su enfoque central ni su carácter. Pablo nunca toleró asuntos como la necesidad del hombre, el salvador de Dios, la cruz, la resurrección, y la vida nueva. La verdadera gracia posee una naturaleza de lo más masculina, libre, noble, y no remite nada de su diligencia por temor, ni por un ceño fruncido, ni por la esperanza de una recompensa. Pablo entendía que la avaricia siempre va cubierta. Siempre se oculta bajo una noble meta. Pero Pablo no usó palabras lisonjeras que a menudo encubren avaricia. Cuando Pablo ministró a los Tesalonicenses, no se interesó por su gloria personal. No necesitó de presentaciones sofisticadas o elogios fastuosos. Su satisfacción provenía de su relación con Jesús, no de los elogios de la gente. El no buscaba la gloria de los hombres pues sus necesidades de seguridad y aceptación eran satisfechas principalmente en Jesús. Esto significaba que él no pasaba su vida tratando de buscar y ganarse la aceptación de los hombres. El ministraba desde su comprensión de su identidad en Jesús. No buscamos la honra de los hombres, alta estima, o aplausos. El honor debe seguir al hombre, no el hombre al honor. Pablo estuvo entre los Tesalonicenses para darles algo, no para tomar algo de ellos. Él no llegó haciendo demandas como apóstol. Pablo fue como una nodriza, que solo desea darle lo mejor a su hijo. A pesar de que algunos habían acusado a Pablo de ministrar por interés propio, El simplemente les pide a los cristianos en Tesalónica que recuerden el carácter tierno de su ministerio entre ellos.

Los sacrificios que Pablo soportó por el bien del ministerio a los Tesalonicenses no eran una carga. Él se sentía complacido de hacerlo, pues sentía afecto por los Tesalonicenses porque habían llegado a serles muy queridos. La predicación de Pablo era efectiva porque no solo entregaba el evangelio sino a sí mismo también (también nuestras propias vidas), y lo entregaba por amor (porque habéis llegado a sernos muy queridos). Se ha dicho que las personas no se interesan por cuánto sabe usted hasta que saben lo mucho que usted se interesa por ellos. Pablo les dio tanto su interés como su conocimiento a los Tesalonicenses. El reconocía su derecho a recibir apoyo de aquellos a los que ministraba. Pero renunció voluntariamente a ese derecho para distinguirse de los misioneros de religiones falsas. Pablo se refería con la frase, de noche de día, a que empezaba a trabajar antes del alba; el uso es regular y frecuente. Él sin duda iniciaba tan temprano para poder dedicar cierta parte del día a predicar. No puede haber duda de que había un motivo valioso y particular que lo llevó a refrenarse de reclamar sus derechos, pues en otras iglesias el ejerció el privilegio que se le concedía, así como otros lo habían hecho.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.