Hay una vida en el Espíritu contrastada con la vida en la carne. La simple declaración de, ninguna condenación viene a aquellos que están en Cristo Jesús nos enseña que, ya que el Dios y Padre no condena a Jesús, tampoco condenará a aquellos que están en Jesús. El “ahora, pues” es como si Pablo comenzara, “Puedo probar lo que digo aquí”. Esto es lo que prueba: si somos uno con Jesús y Él es nuestra cabeza, no podemos ser condenados. Unidos a Él, escuchamos el veredicto: “ninguna condenación”. El veredicto no es “menos condenación”. Ahí es donde muchos creen que están, pensando que nuestra posición a mejorado en Jesús. No ha mejorado, ha sido transformada completamente, cambiada a ninguna condenación. Quizás debiéramos considerar el otro lado de la moneda: Si no estás en Cristo Jesús y estás caminando en pos de la carne, no has escapado de la condenación.

Los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu: Estas palabras no se encuentran en los manuscritos originales del Libro de los Romanos y no fluyen bien con el contexto de Pablo aquí. Quizás fueron añadidas por un escribiente el cual lo colocó por error o quizás pensó que él podría “ayudar” a Pablo al agregar estas palabras. Esta es la razón por la que no aparecen en la Nueva Versión Internacional. Las copias más antiguas no la contienen, las versiones no la sostienen, y los padres que citaron abundantemente la Escritura no citan esta oración.

Al decir ninguna condenación: Recibimos esta gloriosa declaración de la corte de Dios. La recibimos, aunque merezcamos condenación. La recibimos porque Jesús llevó la condenación que merecíamos y nuestra identidad ahora se encuentra en Él. La ley del pecado y de la muerte era una ley fuerte y aparentemente absoluta. Cada pecado que cometemos y cada cementerio que vemos lo comprueba. Pero la ley del Espíritu de vida en Cristo es aún más fuerte, y la ley del Espíritu nos libera de la ley del pecado y de la muerte. Somos librados de la ley de la muerte; la muerte ya no tiene poder duradero contra el creyente. La ley nos puede guiar, enseñar y contar acerca del carácter de Dios. Pero la ley no puede dar energía a nuestra carne; nos puede dar el estándar, pero no puede darnos el poder para agradar a Dios. La ley es débil debido a que habla a nuestra carne.

Viene a hombres carnales y les habla como hombres carnales. Pero la obra del Espíritu nos transforma por la crucifixión del viejo hombre e imparte al nuevo hombre, un principio superior que la carne. Para poder derrotar al pecado, Jesús tuvo que identificarse con aquellos atados por él, viniendo en semejanza de carne de pecado. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, Pablo eligió cuidadosamente sus palabras aquí, indicando que Jesús no estaba en el pecado de la carne, pero que Él se identificó con la carne totalmente. Podemos decir que Jesús vino en semejanza de carne de pecado porque, a pesar de que fue humano, no tenía pecado en Sí mismo. Jesús es nuestro sustituto. Jesús fue tratado como un pecador para que nosotros pudiéramos ser tratados como justos. Dios quiere que el Espíritu gobierne sobre nuestra carne.

Andando en el Espíritu significa que el curso, la dirección, el progreso de la vida de uno está dirigido por el Espíritu Santo. Pablo nos da una manera fácil de saber si caminamos en el Espíritu o caminamos en la carne: el ver simplemente en qué cosas piensan nuestras mentes. La mente es el campo de batalla estratégico donde luchan la carne y el Espíritu. La carne batalla en contra de Dios debido a que no quiere ser crucificada ni entregada al Señor Jesucristo. Pablo no dijo que los designios de la carne están en enemistad con Dios, él puso un énfasis aún más fuerte que eso. Los designios de la carne son enemistad contra Dios. No es negro, sino oscuridad; no está en enemistad, si no es enemistad; no está corrompida, es corrupción; no es rebelde, es rebelión; no es malvado, es maldad en si mismo. Podemos intentar hacer bien en la vida sin estar sujetos a la ley de Dios. Podemos esperar poner a Dios “en deuda” con nosotros a través de nuestras buenas obras, pensando que Dios nos debe. Pero no funciona. Según la carne no pueden agradar a Dios, aun cuando la carne hace cosas religiosas que son admiradas por los hombres.

Debido a que el Espíritu Santo es dado a cada creyente cuando nace de nuevo, cada cristiano tiene dentro de sí un principio más alto y más poderoso que el principio de la carne. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él: Esto significa que cada creyente tiene el Espíritu Santo. Es equivocado dividir a los cristianos entre los “llenos del Espíritu” y los “no llenos del Espíritu”. Si una persona no está llena del Espíritu Santo, entonces no es cristiana. Ya que Jesús vive en nosotros, el viejo hombre (cuerpo) está muerto, pero el Espíritu vive y reina, y vivirá Su salvación aún por medio de nuestros cuerpos mortales por la resurrección de Jesucristo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.