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Como en Jeremías 32, esta palabra vino al profeta durante el terrible final del asedio de los babilonios contra Jerusalén en los últimos años del reinado del rey Sedequías. Este rey puso a Jeremías en la prisión real por predicar en el nombre del Señor que los babilonios tendrían éxito en su campaña. En esta sección hay un fuerte énfasis en el nombre de (Jehová), el nombre de Dios enfatiza la relación de pacto que tiene con Israel. Dios hablará de su fidelidad al pacto también invitó a Jeremías y a todos los que escucharan a venir a Él con oración llena de fe, confiados de que Él responderá. Esta es una promesa especialmente importante considerando las circunstancias: resistiendo el terror de un asedio y el pronto cumplimiento de la promesa del juicio. Mientras el juicio se encontraba en la puerta, Dios hablaba de esperanza, una invitación a la fe para Jeremías y para Jerusalén.
Cuando en el verso tres nos habla de las cosas que serán reveladas, en realidad quiere decir: que son “inubicables” usa la palabra “basur” que literalmente significa, “inaccesibles” y es así porque están más allá del alcance del conocimiento humano. El adjetivo del principio basur es usado con las fuertemente fortificadas ciudades de Canaán en Deuteronomio 1:28 se les llama: “amuralladas”; aquí se refiere a cosas más allá de la visión humana que requieren de revelación divina. Dios dijo todo esto con un ojo en la casa de Jerusalén que eran ahora escombros, que habían sido desmanteladas para crear defensas en contra de los atacantes babilonios. Esta era una visión deprimente y desmotivadora, pero no quitaba la verdad de la promesa de Dios de restaurarlos. Ellos pusieron muchísimo esfuerzo y personas en su trabajo de protección, pero no conseguirían nada. Ellos debieron de haber escuchado la palabra anterior del Señor, anunciando el inevitable juicio de Dios a través de los babilonios.
Jerusalén estaba llena de destrucción y de muerte, y a esta ciudad Dios les promete traer sanidad y medicina, para revelarles la abundancia de paz y de verdad. Las promesas están presentadas de manera que incluyen la restauración cercana bajo Nehemías y Esdras, pero que solamente serán completamente cumplidas en el nuevo pacto. En el nuevo pacto Dios algún día reunirá a su pueblo que ha sido esparcido, tanto del reino del norte como del reino del sur. Y les concederá un perdón de pecados especial, donde los pecados no serán solamente cubiertos, sino quitados El nuevo pacto Dios traerá una relación tan restaurada que Israel le traerá honor a Él en lugar de difamar su nombre
El contraste es notable. En el tiempo en que Jeremías daba esta profecía, el pueblo de Dios estaba lleno de miedo y temblando debido a la destrucción y a la muerte. Aquí ellos temerán y temblarán debido a la grandeza de las bendiciones de Dios al restaurar a su pueblo. En la Jerusalén bajo asedio, el sonido de la ciudad era terrible. Uno puede imaginarse los gritos miserables, llantos, gruñidos, y el sonido de choque y destrucción. Esos sonidos fueron eventualmente remplazados por un terrible silencio de una asolada Jerusalén, sin hombre, sin morador y sin animal. Dios promete que mejores sonidos vendrán a la ciudad.
En lugar del terrible sonido del silencio, la Jerusalén restaurada estará llena con el feliz sonido de las bendiciones, de un pueblo prospero. El sonido será como ese escuchado en la mejor de las fiestas – una boda, con voz de desposado y vos de desposada. En lugar de los angustiados gritos de una ciudad bajo juicio, ellos escucharán ese sonido de una ciudad adorando a Dios por su bondad y su eterna misericordia.
Gozo y felicidad no solo marcarán la relación del pueblo de Dios, sino que también será la marca de su adoración en el templo. Las palabras litúrgicas son aquellas usadas por los cantantes levitas en el servicio del templo como en el Salmo 106:1 y muestran que el templo será reconstruido y el ministerio restaurado como en los días antes del exilio. Dios describe diferentes regiones geográficas de la tierra de Israel, explicando que la restauración prometida se extenderá a todas estas regiones. No sería solamente Jerusalén la restaurada, sino toda la tierra. Debemos recordar que, aunque no veamos la salida en este momento, sigamos clamando a Dios, porque en Él está en nuestro futuro. El amor de Dios, que sobrepasa nuestros pensamientos, obrará a nuestro favor trayendo restauración. Toda restauración de Dios es perfecta.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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