El tema principal del apóstol en el inicio de este capitulo es: La autoridad legítima del gobierno y la respuesta del cristiano. La conexión entre Romanos 12 y Romanos 13 es clara. Si bien el cristiano no debe buscar venganza personal, no le quita la autoridad del gobierno para castigar a los malhechores. Esta verdad simplemente nos incluye a todos los cristianos. Pablo simplemente dice que debemos someternos a las autoridades que gobiernan. Esto estaba en contraste con los grupos de judíos zelotes de aquellos tiempos quienes no reconocían a ningún rey sino a Dios y no pagaban impuestos a nadie sino solo a Dios. Nos sometemos a las autoridades de gobierno porque son establecidas por Dios y cumplen un propósito en Su plan. Dios establece a los líderes de una nación, pero no siempre para bendecir a la gente. A veces es para juzgar a la gente o para preparar a la nación para el juicio. Se dice que cada pueblo tiene el gobernante que merece. Ese es el resultado de la elección.

Recordamos que Pablo escribió esto durante el reinado del Imperio Romano. No era democracia ni amigo especial para los cristianos; pero aún así él veía su autoridad legítima. Jesús sufrió bajo Poncio Pilato; uno de los peores gobernadores que Judea haya tenido; y Pablo bajo Nerón, el peor emperador romano. Y ni nuestro Señor ni el apóstol negaron o injuriaron la autoridad. Ya que los gobiernos tienen la autoridad de Dios, nosotros debemos obedecerlos, a menos que, por supuesto, nos ordenen hacer algo en contradicción con la ley de Dios. Entonces se nos ordena obedecer a Dios antes que al hombre.

En el libro de los hechos 4: 19 y 20 se les ordenó a los discípulos dejar de predicar a Jesús y ellos respondieron diciendo: ¿Es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en vez de obedecerlo a él? ¡Júzguenlo ustedes mismos! Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído. Dios utiliza a las autoridades de gobierno como un control sobre los deseos y tendencias pecaminosas del hombre. El gobierno puede ser una herramienta efectiva para resistir los efectos de la caída del hombre. Pero cuando las ordenes del gobierno contradicen las de Dios debemos obedecer a Dios.

Principalmente el trabajo del gobierno es: castigar y disuadir a los malhechores. La idea de Pablo es que los cristianos deberían ser los mejores ciudadanos de todos. Aunque son leales a Dios antes de ser leales al estado, los cristianos son buenos ciudadanos debido a que son honestos, no le dan problemas al estado, pagan sus impuestos y, más importante, oran por el estado y los gobernantes. Pablo describe a los funcionarios del gobierno como servidores de Dios. Ellos tienen un ministerio en el plan y la administración de Dios, de la misma manera que los líderes de la iglesia. Si los gobernantes del estado son servidores de Dios (ministros), deben recordar que solo son siervos, y no dioses mismos. Es a través del justo castigo del mal que el gobierno cumple su función en el plan de Dios de controlar las tendencias pecaminosas del hombre. Cuando un gobierno falla en hacer esto consistentemente, se abre al juicio y la corrección de Dios. La espada del verso 4 es una referencia a la pena capital. En el Imperio Romano, los criminales eran ejecutados al ser decapitados con la espada (la crucifixión estaba reservada para los peores criminales de las clases inferiores). Pablo, hablando por inspiración del Espíritu Santo, no duda de que el estado tiene una autoridad legítima para ejecutar a criminales. Pero trata de que entendamos que cada creyente tiene una responsabilidad hacia el gobierno.

Debemos estar sujetos al gobierno; no solamente porque tememos el castigo, pero porque sabemos que es lo correcto de hacer ante Dios. La obediencia del cristiano al estado nunca es ciega, obedece con los ojos de la consciencia bien abiertos. También debemos pagar los impuestos que nos corresponde, porque en un sentido apoyamos a la obra de Dios cuando lo hacemos. Por implicación, Romanos 13:6 también dice que los impuestos recaudados deben ser usados por el gobierno para realizar el trabajo de contener la maldad y mantener una sociedad en orden, no para enriquecer a las propias autoridades del gobierno. Debemos dar al estado el dinero, el honor y la reverencia apropiada que se le debe al estado, y todo esto al reservarnos nuestro derecho de darle a Dios lo que se debe solo a Dios. Como el mismo Maestro lo dijo ante la pregunta si es necesario obedecer al Cesar: Den a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar. Mateo 22: 21 A la luz de esto, ¿se justifica alguna vez la rebelión contra el gobierno? Si un ciudadano puede elegir entre dos gobiernos, es correcto que elija y promueva aquel que sea más legítimo ante los ojos de Dios, aquel que mejor cumplirá con el propósito de Dios para el gobierno. Como parte de una democracia, entendemos que hay un sentido en el que nosotros somos el gobierno, y no debemos dudar en ayudar a “gobernar”. Cuando esto no sucede y el gobierno es contrario a la voluntad de Dios, entonces al menos deberíamos levantar nuestra vos y decir lo que consideramos incorrecto, si no nos convertimos en cómplices.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.