Jeremías 29 contiene una carta de Jeremías escrita como el profeta del Señor a los exiliados en Babilonia. Estaba especialmente dirigida a los líderes, los ancianos que habían quedado de la comunidad judía allá. Jeconías fue llevado a Babilonia en el 598 AC. Para este tiempo Babilonia ya había invadido Judá y Jerusalén dos veces (605 AC. y 598 AC.) y se había llevado cautivos en cada ocasión. Aún permanecía una población de tamaño considerable en Jerusalén y Judá, pero ellos también serían muy pronto conquistados y llevados en un exilio forzado. Esta carta era una verdadera y valida expresión del trabajo profético de Jeremías, a pesar de que fue escrita y no hablada. El pueblo judío estaba en Babilonia por la voluntad de Dios, al traer juicio sobre Judá por sus acciones de generaciones de rebelión en contra de Él. En los planes de Dios ellos estarían en Babilonia por un largo tiempo, así que lo mejor para ellos era que se asentaran y he hicieran lo mejor para sus vidas y sus familias allí.

Muy probablemente, a la expectativa de una breve temporada de cautividad, ellos estaban temerosos de adquirir casas, tierras, e incluso tener hijos, dado que estos serían cargas en el caso de un viaje de regreso a Jerusalén. La libertad que se les concedió implica que ellos no eran ni esclavos ni prisioneros en la nueva tierra. Dios quería que el pueblo judío se multiplicara en Babilonia, tal y como ellos se multiplicaron en Egipto. El exilio no significaba que Dios se había olvidado de ellos o que los quería destruir. Además, quería que ellos hicieran el bien en sus comunidades y que fueran una bendición para sus vecinos en Babilonia. Ultimadamente, Dios los transportó a Babilonia, y ellos deberían de ser una bendición en donde estuvieran asentados.

El mandato de Jeremías de orar por sus captores paganos es único en la literatura antigua. Oración y buenas obras de todo tipo son maneras de buscar la paz de la ciudad. Jeremías había predicho la derrota final de Babilonia sin ningún sonido incierto. De ese asunto no quedaba ninguna duda. Pero mientras permanecieran, y fueran mantenidos como cautivos por la voluntad de Dios, deberían asegurarse la paz, al buscar la paz de la ciudad, y eso a través de la oración. Donde quiere que te encuentres, busca la paz y la comodidad de aquellos a tu alrededor. Había falsos profetas entre los judíos en Jerusalén y en Babilonia. Estos falsos profetas y adivinos muy probablemente les decían a los judíos en Babilonia que muy pronto se les permitiría volver a Judá y que ellos debían de planear basados en eso. Las crónicas de Babilonia hablan de problemas internos en Babilonia en el 595/4 AC. En el que algunos de los judíos deportados parecen haber tenido parte. Tal y como había sido prometido previamente por Jeremías, la cautividad en Babilonia no pasaría de setenta años. Dios ya había designado un final para ella, pero sería una larga temporada en el exilio antes de que Dios los hiciera volver a este lugar. Los falsos profetas prometían un regreso rápido del exilio. A través de Jeremías El Señor les dijo que no sería un regreso rápido, pero que habría un regreso. A su tiempo Dios dijo: yo los visitaré, y despertaré sobre ustedes mi buena palabra, para hacerlos volver a este lugar. Dios tiene una buena palabra para los exiliados; es solo que no era la palabra que los falsos profetas pronunciaban. El profeta tenía la doble obligación de derribar sus falsas esperanzas, y mantener sus expectativas correctas. Él, por lo tanto, claramente les advirtió acerca de esperar más de lo que Dios les había prometido, y los motivó a esperar el cumplimiento de lo que Dios había prometido. El exilio sí duró setenta años.

Dios conocía sus propios pensamientos hacia estos judíos exiliados en Babilonia. Ellos no conocían o no recordaban sus pensamientos hacia ellos, así que Dios quería dárselos por escrito a través de la carta de Jeremías. Los pensamientos de Dios corren hacia sus hijos, especialmente hacia los hijos en aflicción, tal y como un padre lo hace acerca de su querido niño. Aun así, lo que Dios les dice a los exiliados a través de Jeremías era aún mejor. Dios no solamente piensa en su pueblo, Sus pensamientos son sobre ellos. Amados, cuando no podemos conocer los pensamientos del Señor porque son demasiado altos para nuestra concepción, o demasiado profundos para nuestro entendimiento, aun así, El Señor los conoce. Los judíos en el exilio vivian en la experiencia del juicio de Dios sobre su nación. Era fácil para ellos el pensar que Dios estaba en su contra; que Él tenía malas intenciones para ellos. A través de Jeremías Dios les asegura que sus pensamientos hacia ellos eran de paz, y que en su corazón y en su mente Él tenía un futuro y una esperanza para ellos.

Aunque ellos no estaban en Jerusalén y no podían llevar a cabo los rituales ordenados, Dios aun los oiría cuando ellos oraran. Su oración y la respuesta de Dios eran parte de su futuro y esperanza. Dios no se esconderá de su pueblo cuando ellos lo busquen. Ellos no sufrirán bajo el oscuro sentido de que Dios no puede ser encontrado. Su búsqueda y la revelación de Dios eran todo parte de su futuro y esperanza. Dios no solo los bendeciría y estaría con ellos en Babilonia, sino que permitiría que su pueblo eventualmente regresara a su tierra prometida.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.