El reino de Conías (también conocido como Joaquín) fue breve, durando solo unos pocos meses durante el año 598 AC. Su reinado terminó tan rápidamente debido a que Nabucodonosor vino por segunda ocasión para sujetar a Jerusalén bajo su control. Sedequías era un pequeño hombre en un gran escenario, un debilucho colocado para enfrentar circunstancias que hubieran agobiado a los más fuertes. Al tomar el trono, Sedequías fue he hizo un juramento para obedecer a Nabucodonosor. De cualquier manera, debido a la influencia egipcia en la corte, la cual él no podía resistir, Sedequías decidió romper su juramento. Esta fue la causa inmediata del asedio final de Jerusalén. Cuando Nabucodonosor depuso a Conías, y coloco a su tío Sedequías en el poder. Con todo Sedequías no usó su posición para escuchar a Dios o a su profeta Jeremías. Específicamente, Jeremías le dijo que los babilonios conquistarían completamente Judá y Jerusalén y que intentar resistirse era inútil. Lo mejor para ellos era rendirse a los babilonios y rendirse a la corrección de Dios. Cuando Sedequías pidió esto, el ejército babilonio amenazaba a Jerusalén. Las cosas estaban tan mal que incluso el mismo rey que no escuchaba a Dios pidió oración y se refirió al señor como nuestro Dios. La desesperación lo llevó a solicitar esta oración. Este rey parece tener más bondad en él que su hermano y predecesor Joacim; pero él actuó hipócritamente en una forma excelente al rogar al profeta por su oración, pero no querer obedecer su predicación. Cuando los babilonios abandonaron Jerusalén y se dirigieron al sur para encontrarse con el ejército egipcio, parecía un milagro y una respuesta a la oración del rey Sedequías. El asedio babilonio fue roto y Jerusalén parecía haber sido rescatado por los egipcios. El faraón mencionado en el versículo 5 fue Hopra según Jeremías 44:30, este reinó del 589 al 570 AC, y fue quien precipitadamente marcho en apoyo de Sedequías en su rebelión en contra de Babilonia. De cualquier forma, él se retiró antes de si quiera iniciar la batalla, dejando que Jerusalén cayera ante los babilonios en el 587 AC. A través del profeta Jeremías, Dios le dijo a Sedequías que los egipcios no presentarían batalla ante los babilonios. El ejército del faraón volvería a Egipto antes de enfrentarse a ellos. La esperanza de ayuda de los egipcios era una esperanza vacía. Los egipcios regresaron a Egipto y los babilonios regresaron a Jerusalén. Ellos la conquistarían y la pusieron por fuego. Dios enfatiza que no hay ninguna manera de que los babilonios fracasen en su misión de conquistar Jerusalén. Incluso si su ejército fuera reducido solamente a hombres heridos, ellos conquistarían la ciudad y la pondrán por fuego. El rey de Israel demostró que, aunque supuestamente estaba buscando la voluntad de Dios, realmente lo que quería era confirmar sus propios deseos de no obedecer a la Palabra. La oración nos lleva a la obediencia. Lo cierto es que siempre se cumple la voluntad de Dios. Dejemos de creer en falsas expectativas y sometamos nuestra voluntad a Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.