Pablo introdujo la idea de que cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia en el capitulo 5 verso 20. Ahora se pregunta si alguien podría tomar esta verdad para implicar que no importa si un cristiano vive una vida de pecado, porque Dios siempre vencerá un gran pecado con mayor gracia. Después de todo, si Dios ama a los pecadores, ¿por qué preocuparse por el pecado? Si Dios da gracia a los pecadores, ¿por qué no pecar más para recibir más gracia? Algunas personas creen que su trabajo es pecar y que el trabajo de Dios es perdonar, así que harán su trabajo y Dios hará el Suyo.

A principios del siglo XX, el monje ruso Gregory Rasputin enseñó y vivió la idea de salvación por medio de experiencias repetidas de pecado y arrepentimiento. Él creía que como los que pecaban más requerían más perdón, entonces un pecador que continúa pecando sin restricciones disfruta más de la gracia de Dios. Por lo tanto, Rasputin vivió en pecado notorio y enseñaba que esta era el camino a la salvación. Este es un ejemplo extremo de la idea detrás de la pregunta de Pablo: ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? Desde un punto de vista meramente natural o secular, la gracia es peligrosa. Es por eso que mucha gente realmente no enseña o cree en la gracia y enfatiza el vivir según la ley. Ellos creen que si le dices a las personas que Dios los salva y los acepta aparte de lo que se merecen, entonces no tendrán motivos para ser obedientes. En su opinión, simplemente no se puede mantener a las personas en el buen camino sin una amenaza de Dios sobre sus cabezas. Si creen que su posición en Jesús está arreglada por lo que hizo Jesús, entonces la motivación de una vida santa se ha ido.

Una vida de pecado es inaceptable porque nuestra muerte al pecado cambia nuestra relación con el pecado. Para Pablo, la idea de que alguien pueda perseverar en el pecado para que la gracia abunde es impensable. Más bien lo que Pablo trata de decir es “¡Deshazte de esa forma de pensar!” Pablo establece un principio importante. Cuando nacemos de nuevo, cuando hemos creído en Jesús para nuestra salvación, nuestra relación con el pecado cambia permanentemente. Hemos muerto al pecado. Por lo tanto, si hemos muerto al pecado, entonces no debemos vivir aún en él.

El verso tres nos muestra otra perspectiva del bautismo. Esto implica que Pablo está tratando con conceptos fundamentales los cuales cada cristiano debe saber. La idea detrás de la antigua palabra griega para bautizados es “sumergir”. Aquí, Pablo se refiere a ser bautizados – “sumergidos” o “cubiertos” en Cristo Jesús. El bautismo de agua del creyente es una dramatización o “actuación” de la “sumersión” del creyente o identificación con Jesús en Su muerte y resurrección. Por supuesto, el bautismo también está asociado con la limpieza, pero eso no es particularmente relevante para el punto de Pablo aquí. En este sentido, el bautismo es importante como una ilustración de la realidad espiritual, pero no hace que esa realidad se cumpla. Si una persona no ha muerto espiritualmente y ha sido resucitado con Jesús, todos los bautismos en el mundo no lo lograrán. Pero el punto de Pablo es claro: algo dramático y que cambia la vida pasó en la vida del creyente. No puedes morir y resucitar sin que esto cambie tu vida. El creyente tiene una muerte y resurrección real (aunque espiritual) con Jesucristo.

La frase “fuimos plantados” expresa exactamente el proceso por el cual un injerto es unido con la vida de un árbol … La unión es del tipo más cercano, y la vida de Cristo fluye hacia él. Esto encaja con la imagen de Jesús de permanecer en Él en Juan 15. Esta unión es tanto en su muerte como en su resurrección. Es demasiado fácil para algunos cristianos enfocarse solamente en la “vida crucificada”, y no darse cuenta de que es una parte de un panorama más amplio: la preparación para la vida de resurrección. La muerte del viejo hombre es un hecho establecido. Esto sucedió espiritualmente cuando nos identificamos con la muerte de Jesús en nuestra salvación. La crucifixión del viejo hombre es algo que Dios hizo en nosotros. Ninguno de nosotros clavó al viejo hombre a la cruz. Jesús lo hizo, y se nos dice que lo tengamos como si fuera hecho. En nosotros no había nada para ni siquiera enfermar o debilitar a nuestro viejo hombre, mucho menos para matarlo por crucifixión; Dios tuvo que hacer esto por medio de Jesús.

Dios utiliza nuestra muerte al viejo hombre, la naturaleza del pecado, para liberarnos del pecado. Un hombre muerto ya no puede tener autoridad sobre nosotros, así que debemos de recordar y tener por hecho que el viejo hombre es crucificado juntamente con él.

El verso 11nos dice: “Consideraos” esta es una palabra de contabilidad. Pablo nos dice que contemos o consideremos al viejo hombre como muerto para siempre. Dios nunca nos llama a “crucificar” al viejo hombre, pero si que lo consideremos ya muerto debido a nuestra identificación con la muerte de Jesús en la cruz. Esto es algo que solamente se le puede decir al cristiano, al que a crucificado su viejo hombre con Cristo y se le ha dado un nuevo hombre en Jesús. Solo a la persona liberada del pecado se le puede decir: “no reine, pues, el pecado”.

D. L. Moody solía hablar de una anciana negra en el sur después de la guerra civil. Al ser una antigua esclava, estaba confundida de su estado y preguntó:

“¿Ahora soy libre o no lo soy? Cuando voy con mi antiguo amo él dice que no soy libre, y cuando voy con mi propia gente, me dicen que lo soy, y no sé si soy libre o no. Algunas personas me dijeron que Abraham Lincoln firmó una proclamación, pero mi amo dice que no lo hizo; que él no tenía ningún derecho a hacerlo”.

Este es exactamente el lugar donde están muchos cristianos. Ellos son, y han sido, legalmente liberados de su esclavitud al pecado, pero están inseguros de esa verdad. Los siguientes versículos nos dan una ayuda práctica para vivir la libertad que Jesús nos concedió.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.