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Después de la brutal masacre en Mizpa, los líderes y ciudadanos que habían quedado en la tierra estaban ansiosos y le preguntaron a Jeremías por un mensaje del Señor, esto era algo que nunca había pasado en los últimos cuarenta años antes de que Jerusalén cayera. Cuando ellos vinieron al viejo y distinguido profeta, ellos vinieron con amabilidad y respeto. Había un cierto grado de pánico entre los refugiados sobre cuál debía ser su próximo movimiento. Un oráculo de Jehová calmaría su situación.
Por todas las apariencias esta parecía una petición sabia, humilde y apropiada. En la superficie, esta era una gran oración que hacer. Es aun una oración digna de hacer todos los días. Aun así, hay un pequeño detalle en la superficie, en las palabras “tu Dios”, hace una demostración que llegaba más profundamente de lo que pensaban. Debajo de estas buenas palabras. El interés propio dominaba de nuevo, y ahora su preocupación es simplemente el saber si Dios aprueba su plan de migrar a Egipto. Es inútil el profesar nuestro deseo de conocer la voluntad de Dios, cuando en lo secreto de nuestro corazón estamos determinados a seguir un cierto curso, cualquiera que sea. ¿Cuántas veces los creyentes piden en oración que su camino sea hecho claro, cuando en realidad ellos ya tomaron una decisión sobre él, y en secreto esperan poder convencer a Dios de pasarse de su lado? Es posible engañar a nuestras propias almas. Lo hacemos, tal y como esta gente lo hizo, cada vez que pedimos por la dirección divina, cuando ya previamente decidimos cual va a ser nuestro siguiente curso de acción. Tal oración no es sino una costumbre supersticiosa. Cuando la oración es concebida como un medio para conseguir que nuestros deseos se cumplan, eso es una superstición.
Jeremías estaba feliz de traerles un mensaje de Dios, pero él tenía que buscar a Dios y orar para obtenerlo, el no estaba dispuesto a hablar hasta que hubiera recibido un mensaje explícito del Señor. Así que prometió que fielmente entregaría cualquier mensaje que Dios le diera para los líderes y los ciudadanos de aquellos que habían quedado en la tierra después del exilio de Babilonia. Con un juramento solemne y sagrado, ellos prometieron hacer lo que fuera que Dios les dijera que tenían que hacer a través del profeta Jeremías, Sea bueno, o sea malo. ¿Acaso estos hombres sabían lo que significaba hacer un juramento tan solemne? O ¿Eran ellos ateos, que prometían con un juramento que nunca pensaban cumplir? Ellos propiamente pensaban que Dios estaría con ellos si le obedecían y esperaban las bendiciones que venían para el pueblo obediente de Dios bajo los términos del antiguo pacto. Probablemente ellos eran sinceros, pero estaban absolutamente seguros en sus mentes en lo concerniente a lo que había que hacerse, y no podían imaginarse que la respuesta del profeta tan directamente contradeciría sus propios pensamientos.
La palabra profética tomo tiempo antes en llegar a Jeremías. No era una cosa inmediata para que pudiera ser solicitada cada vez que quisieran. Venía en los tiempos de Dios. Los diez días que Jeremías se tomó antes de poder pronunciar el mensaje que Dios le había dado debe de haber parecido interminable para los judíos, viviendo como ellos pensaban en un peligro tan eminente. Ahora, es evidente que los profetas no podían profetizar cuando ellos querían, no más que los discípulos del Señor podían hacer milagros cuando ellos querían. El don de profecía y el don de milagros son ambos dependientes de la voluntad del Altísimo, y cada uno de ellos es dado solo para el momento; y cuando la necesidad se acaba, su influencia cesa.
Jeremías entregó el mensaje de Dios a los líderes y al pueblo, que si ellos se quedaban en la tierra Dios los protegería y los establecería. Hablando como la voz de Dios, Jeremías les dijo que Dios estaba arrepentido del mal que había traído sobre ellos. Los días de terrible juicio se habían acabado. Pues los he castigado solo porque ustedes continuaban siendo rebeldes, Yo detendré este castigo tan pronto como ustedes empiecen a escuchar a mi palabra. No necesitan temerle al rey de Babilonia si me tienen como su ayudador; les mostraré tanta misericordia que él lo verá, y dejará de afligirlos, cuando vea que estoy de su lado. Dios les pidió a los líderes y al pueblo que confiaran en Él porqué la temporada de juicio ahora había sido remplazada por una temporada de misericordia.
Antes de la conquista final de Babilonia el mensaje era, ríndanse al exilio. Ahora en la temporada de misericordia el mensaje era, confíen en mí y permanezcan en la tierra. Si lo hacían, Dios los bendeciría con protección y bondad en su propia tierra. No hay ninguna evidencia de que Nabucodonosor vengara el asesinato del gobernador; él si se llevó más cautivos en el 582 AC. Según nos lo cuenta Jeremías 52:30, pero si esto fue una represalia, fue una que tomó mucho tiempo. Nada es más importante que la presencia de Dios. Solo cuando obedecemos a la Palabra, incluso en contra de nuestra voluntad y expectativas, recibimos la misericordia de Dios.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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