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Martin Luther King dijo: “En toda la Biblia es difícil encontrar otro capítulo que pueda igualar este texto triunfal”.
Hasta este punto en el libro de Romanos, Pablo nos ha convencido a todos de que el único modo de salvación es ser justificado por gracia por medio de la fe. Ahora nos dirá cuáles son los beneficios prácticos, explicando que es más que una idea interesante. Justificados por la fe habla de un decreto legal. Dios nos encontró culpables ante el tribunal de la ley de Dios, la gloria de Dios y nuestra consciencia. Luego, Pablo nos explicó cómo, debido a lo que Jesús hizo por nosotros, la justicia de Dios es dada a todo aquel que cree. La sentencia culpable es transformada en una sentencia de justificados por la fe.
La paz para con Dios es el primer beneficio. Debido a que el precio a sido pagado enteramente por la obra de Jesús en la cruz, la justicia de Dios hacia nosotros está eternamente satisfecha. Nuestra entrada a esta gracia firme es solo por fe y por medio de Jesús; no podemos trabajar para llegar a este lugar. La entrada es una bendición, la idea es la de una introducción a la sala de audiencia de un monarca. El tiempo perfecto del verbo “tenemos entrada” también indica que esta es una posesión permanente. No puede ser quitada en un tiempo futuro.
Gloriarnos en la esperanza de la gloria de Dios es la conclusión lógica de la paz y la firmeza de la gracia. Cuando nos relacionamos con Dios en el principio de las obras, cualquier regocijo es presuntuoso y cualquier gloria imaginada va a nosotros, no a Dios.
Pablo anticipa la acusación de que él está construyendo “castillos en el aire”, que la gloria para el cristiano solo aplica en los buenos momentos. Pablo responde: “Sé que tenemos muchas tribulaciones ahora, pero nos gloriamos en ellas también. Pablo no está fabricando tópicos espirituales. Primero, él utiliza palabras fuertes. Tribulaciones es un término fuerte. No se refiere a molestias menores, sino a dificultades reales. Segundo, Pablo vivió una vida llena de tribulación. Pablo entendía esta verdad mejor que nadie. Los marineros deben ir al mar. Los soldados van a la batalla. Para el cristiano, la tribulación es solo parte de nuestra vida cristiana. No debemos desear o esperar una vida cristiana libre de tribulaciones, especialmente porque: Dios usa las tribulaciones de una forma maravillosa en nuestra vida. Dios sabe cuánta tribulación podemos soportar, y Él mide cuidadosamente la tribulación que enfrentamos.
La tribulación genera impaciencia, y la impaciencia pierde el fruto de la experiencia y se agota en la desesperanza. Pregúntale a muchos que han enterrado a un hijo querido, o han perdido su riqueza, o han sufrido dolor del cuerpo, y ellos te dirán que el resultado natural de la aflicción es producir irritación contra la providencia, rebelión contra Dios, cuestionamiento, incredulidad, irritabilidad, y, todo tipo de males. ¡Pero qué alteración tan maravillosa ocurre cuando el corazón es renovado por el Espíritu Santo!
La mayoría de los cristianos quieren desarrollar el carácter y tener más esperanza. Estas cualidades brotan de la paciencia, la cual viene de la tribulación. Podríamos desear tener un mejor carácter y más esperanza sin empezar con la tribulación, pero ese no es el plan y el patrón de Dios. El amor de Dios en nuestros corazones ahora mismo es evidenciado por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Pablo describe la grandeza del amor de Dios. Es amor dado a los que no lo merecen, a los que son débiles, a los impíos, a los pecadores. Esto enfatiza el hecho de que las razones del amor de Dios se encuentran en Él, no en nosotros. El mundo estaba preparado espiritual, económica, lingüística, política, filosófica y geográficamente para la venida de Jesús y la propagación del Evangelio. Él murió cuando éramos pecadores con necesidad de un Salvador. Su tiempo fue justo para nosotros. Cristo murió por los impíos: La antigua palabra griega “por” es la palabra huper, la cual significa “por el bien de, en lugar de, en nombre de”. Cristo murió por los peores del mundo, murió por aquellos que estaban sin fuerzas, murió por aquellos que estaban legalmente condenados, murió por los que no tienen esperanza. Él es la esperanza del que no tiene esperanza. Él es el Salvador, no de los que están parcialmente perdidos, sino de los que están totalmente perdidos.
El amor de Dios es un amor que va más allá del mejor amor entre humanos. Un buen hombre podría morir como un noble martirio para otra persona, como un justo o uno bueno. Pero Jesús murió por aquellos que no eran justos ni buenos. ¿Hay alguna diferencia entre un hombre justo y un hombre bueno en la mente de Pablo? La diferencia en Romanos 5:7 parece ser que el hombre justo es solo eso: justo en su vida personal, pero tal vez carente de sentimientos por los demás. El hombre bueno en contraste va más allá del otro hombre al ser también amable y benevolente. La obra de Jesús en la cruz por nosotros es la prueba definitiva de Dios de Su amor por ti. Él puede dar pruebas adicionales, pero no puede dar pruebas más grandes. Si la cruz es la prueba definitiva del amor de Dios, también es la prueba definitiva del odio del hombre. También prueba que la altura del odio del hombre no puede derrotar la altura del amor de Dios. La demostración del amor de Dios no es tanto en que Jesús murió, sino por quien murió Jesús: pecadores y rebeldes en contra de Él.
Pablo dice que somos salvos de la ira justa de Dios. Es cierto que debemos ser salvados de este mundo, de la carne y el diablo, pero más que todo debemos ser rescatados de la ira justa de Dios. Es una mayor obra de Dios traer a los hombres a la gracia, que, al estar en el lugar de la gracia, traerle a la gloria; porque el pecado está mucho más lejos de la gracia que la gracia de la gloria. Si siendo enemigos Dios nos mostró tal dramático amor, ¡piensa en las bendiciones que disfrutaremos una vez que hallamos sido reconciliados con Dios! Si Dios hace esto por Sus enemigos, ¡cuánto más hará por Sus amigos!
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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