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En la gramática del antiguo texto griego, recuérdales está en el tiempo presente: “ir a recordar.” Tito debía recordar constantemente a los cristianos bajo su cuidado que mostraran respeto y humildad hacia todas las personas, especialmente hacia los que estaban en una posición de autoridad. Conociendo el, a veces difícil carácter de los habitantes de Creta, esta orden de que se sujeten a los gobernantes y autoridades tenía un significado especial.

Si solamente nos enfocamos en sujetarnos a los gobernantes y autoridades, es fácil hacer pasiva a la vida cristiana. Tito no debía permitir esto, y también debía recordarles que estuvieran dispuestos a toda buena obra. Esta debería ser una amabilidad distintiva de los cristianos, que no viene de simples buenos modales sino de saber quiénes somos y quiénes son otros en el corazón de Jesús.

Recordar lo que una vez fuimos nos muestra que la naturaleza caída no está tan lejos de nosotros, y que necesitamos que se nos recuerde constantemente que permanezcamos donde debemos estar en el Señor. Recordar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas desarrolla cuatro cosas en nosotros. Primero, gratitud por cómo Dios nos transformó. Segundo, humildad cuando vemos que fue su obra lo que nos cambió. Tercero, amabilidad para con otros que se encuentran en la misma situación. Finalmente, fe en que Dios puede cambiar a los que aún siguen en ese lugar.

Cuando nosotros estuvimos en el lugar descrito en Tito 3:3, no nos rescatamos nosotros mismos. Fuimos rescatados por la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor. Él nos alcanzó antes de que nosotros le encontráramos. Nuestra salvación no está basada en obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho. En y por sí mismo, la respuesta a un llamado al altar no salva. Decir las oraciones del pecador no salva. El bautismo no salva. Asistir a la iglesia no salva. Leer la Biblia no salva. Cada una de estas pudieran ser maravillosas obras de justicia, pero no nos salvan. En cambio, nos salvó por su misericordia.  La antigua palabra griega traducida como lavamiento aquí está conectado con la limpieza espiritual del creyente por la Palabra de Dios a través de la fe.

En la Septuaginta, la palabra, lo cual ocurre sólo tres veces, en cada ocasión parece representar no al receptor sino al lavamiento mismo. Este también es el sentido en la otra única mención en el Nuevo Testamento, “el lavamiento del agua por la palabra.” La mayoría de los comentaristas toman el lavamiento como una referencia al bautismo por agua. Pero si el bautismo por agua es el medio que produce el renacimiento espiritual, entonces tenemos la cuestionable enseñanza de una agencia material como un medio indispensable para producir un resultado espiritual. Aceptamos el lavamiento como un acto divino interno, aunque la experiencia en el bautismo es vista como confesión abierta delante de los hombres. La fe por sí misma salva, pero la fe que salva no está sola. ¡Nunca debemos poner el carro de las buenas obras antes que al caballo de la gracia!

La palabra peristemi (evita) literalmente significa voltearse para ver hacia el lado contrario. Los Rabinos Judíos empleaban su tiempo en construir genealogías imaginarias para los personajes del Antiguo Testamento. Es mucho más fácil discutir cuestiones teológicas que ser servicial en casa, o eficiente, diligente y honesto en el trabajo. Tito debía tomar medidas en contra de los que insistían en seguir su propio camino. Su obstinación los había condenado. Trabajen para convencerlo de su error; pero si no quiere recibir instrucción, si ha cerrado su corazón contra la condena, entonces– ¿quémenlo vivo? No, incluso si es un hereje comprobado en cualquier sentido, y un perturbador de la paz de la iglesia, Dios no le da a ningún hombre ninguna autoridad sobre él, sino sólo el desecharlo. No le hagan daño en el cuerpo, alma carácter, o sustancia; no mantengan comunión con él; sino que déjenselo a Dios.

Las palabras personales de Pablo – comunes al final de sus cartas – parecieran insignificantes, pero en realidad son muy importantes. Ellas comunican que Pablo era un hombre real en un mundo real con amigos reales con los que tenía contacto regularmente y a quienes estimaba. Es natural suponer que Artemas o Tíquico tomarían el lugar de Tito como legado apostólico en Creta. Este ejercicio temporal de superintendencia apostólica marca una etapa en el desarrollo del episcopado local monárquico más adelante. La epístola cierra con referencia a Tíquico, Apolos, Artemas y Zenas. La sola mención de estos nombres indica el crecimiento del movimiento cristiano.

Pablo estaba preocupado de que los cristianos pudieran ser estériles y no dar fruto, sin embargo, aún tenía una “maravillosa” y confiada garantía de su posición en el Señor. En vez de ser sin fruto, El pueblo de Dios debe aprender a ocuparse en buenas obras y de los casos de necesidad. Esta bendición final armoniza con el saludo de apertura. Es una bendición de gracia, la única diferencia es que mientras que el principio se dirigió a Tito, al final todos aquellos a los que había ministrado fueron incluidos.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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