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Esto suena como una de las bienaventuranzas de Jesús en el Sermón del Monte. La promesa de bendición se da a quién soporta la tentación. Santiago declara que el propósito es “aprobarnos”; que a través de la prueba nos revelemos cómo genuinos y fuertes en nuestra fe, mientras la obra de Dios en nosotros es evidente a través de nuestra resistencia a la tentación. La tentación no viene de parte de Dios. A pesar de que Él la permite, Él, en sí mismo, no nos seduce a hacer mal; Dios puede probar nuestra fe sin una solicitud al mal. Santiago sabía que la mayoría de las personas tienen una inclinación impía de culpar a Dios cuándo se encuentran en pruebas. Pero debido a su propia naturaleza, Dios es incapaz de ser tentado, ni tampoco él tienta a nadie. Pero la misma prueba puede ser tanto una tentación como una prueba; puede ser una prueba del lado de Dios, y una tentación del lado de Satanás. Atraído: Es una metáfora tomada de un pez atraído por una carnada, o más bien, de una ramera sacando a un joven del camino correcto, y atrayéndolo con la carnada del placer para cometer una locura con ella.
Lo que brota de una concupiscencia corrupta es el pecado. Lo que brota del pecado es la muerte. La progresión a la muerte es un resultado inevitable, el cual Satanás siempre intenta esconder de nosotros, pero del que nunca debemos de ser engañados. Si recordáramos que Satanás solo viene para “hurtar, matar y destruir”, entonces resistiríamos las decepciones y tentaciones más fácilmente. De nuestra propia naturaleza caída y de aquello que nos pueda seducir, no esperamos bondad. Pero toda buena dádiva y todo don perfecto vienen del cielo, de Dios Padre. En el griego antiguo es en realidad “el Padre de las luces”. Las luces, específicamente, son los cuerpos celestes que iluminan el cielo, tanto de día como de noche. El sol y las estrellas nunca dejan de dar luz, incluso cuando no podemos verlos. Cuando llega la noche, la oscuridad no es culpa del sol; pues el sol sigue brillando con la misma intensidad que antes. Es la tierra la que se ha apartado del sol y por eso viene la oscuridad. Lo mismo ocurre con Dios, nunca hay una sombra en Él. Esto significa que Dios nunca cambia. Entre los teólogos modernos hay algunos que están en una corriente que es llamada “proceso teológico”, que plantea que Dios está madurando, creciendo y progresando. Pero la Biblia dice que no hay mudanza, ni sombra de variación en Dios.
Santiago entendió que el regalo de la salvación fue dado por Dios, y no ganado por el trabajo o la obediencia del hombre. Es por su propia voluntad que nos hizo nacer para la salvación. Podemos ver la bondad de Dios en nuestra salvación, ya que Él inició nuestra salvación por su propia voluntad y nos llevó a la vida espiritual por su palabra de verdad, para que pudiéramos ser para su gloria como primicias de su cosecha. Podemos aprender cómo ser tardo para airarse al aprender primero a ser pronto para oír y tardo para hablar. Mucha de nuestra ira y enojo proviene de estar centrados en nosotros mismos y no centrados en los demás. Pronto para oír, es una manera de estar centrados en los demás. Tardo para hablar, es una manera de estar centrados en los demás.
¿Pero no nos ha enseñado la naturaleza lo mismo que el apóstol aquí, dándonos dos oídos, que están abiertos, y una lengua, encerrada tras los dientes y los labios? A la luz de la naturaleza de la tentación y la bondad de Dios, debemos de estar desechando toda impureza, apartándola lejos de nosotros. El pecado es el vómito del Diablo, el excremento del alma, la superfluidad o la basura de la maldad. La palabra usada aquí hace alusión a la basura de los sacrificios que se arrojaban al arroyo Kedron, es decir, la zanja de la ciudad. En contraste con una manera impura de vivir, nosotros debemos de recibir la palabra implantada de Dios. Esta palabra nos puede salvar, en nuestra situación actual y para la eternidad. La pureza de la Palabra de Dios nos preservará en un mundo impuro. Lo primero, entonces, es recibir. Esa palabra, ‟recibir”, es una palabra evangélica muy instructiva; es la puerta a través de la cual la gracia de Dios entra en nosotros. No nos salvamos obrando, sino recibiendo; no por lo que le damos a Dios, sino por lo que Dios nos da, y recibimos de Él. Debemos de recibir la Palabra de Dios como hacedores, no solamente como oidores. El estar cómodo en el hecho de que has escuchado la Palabra de Dios mientras no la aplicas, es engañarte a ti mismo. En el mundo antiguo, era común para las personas escuchar a un maestro. Pero si seguías al maestro y tratabas de vivir lo que él decía, entonces eras llamado un discípulo de dicho maestro. Podemos decir que Jesús está mirando a sus discípulos: hacedores, no meramente oidores.
Aquel que solamente oye la Palabra de Dios, pero no la pone en práctica, tiene el mismo sentido y estabilidad de aquel hombre que se mira a un espejo e inmediatamente se olvida de lo que vio. La información que recibió no le hizo ningún bien en su vida. Una persona sana se mira en el espejo para hacer algo, no solo para admirar la imagen. Así mismo, un cristiano sano se mira en la Palabra de Dios para hacer algo al respecto, no solo para almacenar hechos que no utilizará; sino para ser un hacedor de la Palabra. En el antiguo lenguaje griego, la palabra para “mira atentamente”, habla de un examen penetrante, así que la persona aún se agachará para tener una mejor vista. A pesar de que Santiago expresa la necesidad de hacer, no descuida el estudiar la Palabra de Dios. Debemos de buscar en la Palabra de Dios La verdadera religión no se muestra por solamente oír la Palabra, sino por hacerla. Una manera de ser hacedor de la Palabra de Dios es refrenar la lengua. Un verdadero caminar con Dios se muestra de maneras simples y prácticas. Ayuda a los necesitados, y se mantiene a sí mismo sin mancha de la corrupción del mundo. Un corazón limpio y un manto sin manchas; no se permite el pecado en el alma, ni que el mal hábito domine y arrebate la vida.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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