David exhortó a los demás a hacer lo que él ya había hecho en este Salmo; alabar al Señor, además llamó a otros a alabarlo por las mismas razones por la cual él le había alabado anteriormente; porque Dios esta a favor de los oprimidos y afligidos. Dios aun demanda su sangre. David justamente había considerado que Dios recordaba el clamor de los afligidos. Ahora David quería que Dios le recordara en su temporada de aflicción. El contraste entre las puertas de la muerte y las puertas de la Nueva Jerusalén es muy notable; deja que nuestras alabanzas sean excitadas hacia el más alto y más delirante tono al considerar por segunda ocasión, de donde hemos sido tomados. David quería que Dios le rescatara para que él pudiera darle aún más alabanzas, y aún con mayor pasión al regocijarse en la salvación de Dios. Si hay algún hombre en el mundo que tiene el derecho de tener un rostro radiante, limpio y ojos claros, es el hombre cuyos pecados son perdonados, y que es salvo con la salvación de Dios.

David entendió que el triunfo de Dios era tan completo que Sus enemigos son capturados en la misma trampa que pusieron para otros. Aún los mejores planes y esfuerzos de aquellos que se oponen a Dios terminan en servir para Sus propósitos. Este patrón es demostrado una y otra vez en las Escrituras. Esaú e Isaac conspiraron en contra del propósito de Dios y terminaron sirviéndole. Los hermanos de José pelearon en contra del plan de Dios únicamente para llevarlo a cabo. Amán construyó una horca para el Judío Mardoqueo, únicamente para ser ejecutado en el mismo lugar. Esto; por supuesto, jamás justifica el mal que los hombres hacen; aunque la traición de Judas envió a Jesús a la cruz, él mismo fue llamado el hijo de perdición (aquel destinado para la destrucción) por su obra impía. La grandeza de Dios es demostrada por la manera en la que Él puede tanto usar los planes y esfuerzos de los impíos, como también el traer un justo juicio sobre ellos. David se aproxima al desenlace del Salmo, él consideró el final de los malos – destrucción definitiva en el Seol. En los patrones de la poesía hebrea la frase “Todas las gentes que se olvidan de Dios” puede ser considerada como otra manera de describir a los malos mencionados en la línea anterior. Pero es una repetición útil, al recordarnos el gran inherente pecado de olvidar a Dios.

Ahora David expresa aquí un hermoso contraste. Los impíos tratan de olvidarse de Dios; pero el menesteroso y los pobres no son olvidados. El buen Dios promete que ellos no se sentirán para siempre de esta manera, y su esperanza no será para siempre decepcionada. Anteriormente en este Salmo David expresó una firme confianza en el juicio de Dios hacia los malvados y Su vindicación para los justos. Pero David no permitió que esta expectación le hiciera que estuviera pasivo o fatalista en cuanto al plan de Dios que se lleva a cabo. Sino que él oró con valentía, “Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre.”

Finalmente, las dos partes del salmo terminan con el pensamiento de que las ‘naciones’ pueden aún llegar al conocimiento del nombre de Dios, aquel que llama a aquellos que han experimentado Su liberación para declarar Sus obras. Y la otra orando a Dios que le muestre por medio del castigo lo que las naciones que se olvidan de Él han fracasado en aprender; Sus misericordias. ¿Qué oración, entonces, podemos orar que sea de mayor importancia que las naciones sepan que son únicamente hombres? Tal conocimiento les debe de conducir hacia una dependencia hacia Dios, y tal dependencia es el secreto de la fuerza nacional, y de la prosperidad y permanencia nacional.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.