Cuando David dice: No me reprendas en tu enojo: No sabemos de qué pecado se trataba en esta ocasión, pero debido a su pecado David sentía que estaba bajo la reprensión de Dios. Por tanto, él clamó hacia Dios para aligerar el castigo. Puede haber momentos en que creemos que somos reprendidos por la mano de Dios cuando en realidad padecemos tribulación traída por nosotros mismos. Sin embargo, existen ciertamente momentos cuando Jehová reprende a Sus hijos. Sabemos que el castigo de Dios no es principalmente una señal de Su ira, sino una señal de adopción y pone en claro que el castigo es evidencia de adopción: Si soportamos la disciplina sabemos que es porque Dios nos trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Cuando Dios nos corrige no se siente agradable, pero es bueno y para nuestro bien.

David sabía la prueba de dolor y debilidad física y espiritual. En medio de este tipo de castigo él clama hacia Dios por misericordia. Así que podemos orar que los castigos de nuestro Dios de gracia, si es que no son del todo removidos, al menos sean endulzados por la consciencia de que no son por enojo, sino por su dulce pacto de amor. Cuando no estamos confiados en el amor de Dios y en su asistencia, aún las pruebas pequeñas se sienten insoportables.

David sentía que estaba bajo el castigo de Dios, pero aún sentía que debía de pedirle a Dios que acortara la prueba. Existe un lugar para una humilde resignación hacia el castigo, pero Dios quiere que añoremos un mejor lugar, y que utilicemos ese anhelo como una motivación para buscarle y arreglar las cosas con el Señor. En su agonía David suplica por liberación – pero en base a la misericordia de Dios, no por su propia justicia. David sabía que el castigo por parte del Señor era justo, pero también sabía que Dios es rico en misericordia. Cuando sentimos que Dios está cerca de nosotros sentimos que podemos enfrentar todo, pero cuando sentimos que Él está lejos de nosotros, entonces estamos débiles delante de las menores de las pruebas. La nota de confesión de pecado no es fuerte en este Salmo de Penitencia, pero no está ausente. El hecho de que David apela hacia la misericordia de Dios por liberación es evidencia de que él está consciente de que no lo merece. Estaría mal el tomar estas agonizantes palabras de David como evidencia de que no hay vida más allá de esta vida. El Antiguo Testamento tiene un entendimiento sombrío del mundo después de la muerte. A veces muestra una clara confianza como en Job 19 y en otras se tiene la incertidumbre como la que David muestra aquí. El entendimiento de la vida después de la muerte estaba nublado en el Antiguo Testamento; pero Jesús nos deja saber más del cielo y del infierno que nadie más. Jesús pudo hacer esto porque Él tenía un conocimiento de primera mano del mundo por venir. El punto de David no era el de presentar una teología comprensiva del más allá. Él está en agonía, temiendo por su vida, y sabe que puede recordar a Dios y darle las gracias ahora. Él no tiene la misma certeza del mundo que ha de venir, así que le pide a Dios que actúe conforma a su certeza.

La mano de castigo de Dios fue dura sobre David. Su vida no parecía ser sino lágrimas y miseria. La prueba de David tiene al menos tres componentes: Él sentía que Dios estaba airado con él, le faltaba un sentido de la presencia de Dios, y no podía dormir. Este es un buen ejemplo de una exageración poética. David no quería que creyéramos que su cama estaba en realidad flotando en una alberca de lágrimas situada en su cuarto. Dado que esto es una literatura poética la entendemos de acuerdo con su contexto literario. De acuerdo con su contexto literal. Los ojos de David estaban rojos y secos de todas las lágrimas y falta de sueño. David es humillado tanto que sus enemigos ya no le buscan para obtener la victoria. Parece estar deprimido y desanimado. Podría ser que el pecado que llevo a David hacia este castigo estaba asociado con los inicuos. Aquí vemos a David actuar consistentemente con su cambio de corazón, diciéndole a todos los inicuos que se aparten.

Jehová ha oído la voz de mi lloro: David termina el Salmo con una nota de seguridad. Él llevó su clamor agonizante delante de Dios, y Dios le escuchó. No es que Dios se impresione por las demostraciones emocionales, pero un corazón apasionado le impresiona. David no tenía miedo de llorar delante de Jehová, y Dios honró la voz de su lloro. David sabe que cuando Dios reciba su oración, esto serán problemas para su enemigo. David ahora ve que su agonía temporal y problemas abren paso a una agonía y problemas permanentes para sus enemigos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.