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David anhela el tener una audiencia con Dios. Utilizando el método hebreo del paralelismo él repite la misma idea tres veces: “Jehová, por favor escúchame”. David oraba a Dios. Esto puede sonar elemental, pero es un aspecto esencial de la oración. A menudo llegamos a la oración tan llenos de peticiones o de nuestros sentimientos que nunca nos enfocamos de una manera consciente en Dios ni sentimos Su presencia. David era un gran hombre de oración porque Su tiempo de oración estaba enfocado en Dios. Él hizo una decisión de orar de mañana. Hizo esto porque quería honrar a Dios al comienzo de su día, y preparar el tono para todo un día dedicado hacia Dios. Este es el mejor tiempo para relacionarse con Dios. Una hora en la mañana vale por dos de la tarde. Mientras el rocío está en la hierba, deja que la gracia gotee sobre el alma.

El salmista nos enseña lo que debemos de hacer antes y después de la oración. Antes de orar debemos de presentar nuestra oración. Después de orar, debemos de esperar con expectativa del cielo, creyendo en realidad que Dios contestará. Es un error manifiesto el orar al azar. Hay mucho de oraciones al azar que ocurren entre todos nosotros. No volvemos una y otra vez a la misma petición, presionando en casa con toda humildad y reverencia, y alegando el caso, como lo hizo Abraham por las ciudades de la llanura.

David medita en el carácter justo de Dios. Nuestras acciones son importantes delante de un Dios que aborrece a todos los que hacen iniquidad. Mientras David se acercaba a Dios, se percató más de la santidad de Dios y de lo pecaminoso del hombre. Esta es una buena manera para medir que tan bien estas orando y saber si mientras oras te acercas más a Dios o simplemente estas articulando palabras. Si te estás acercando a Dios, entonces te harás muy sensible al pecado, ya que es inevitable, pues el Dios al cual te estás acercando es un Dios santo. David no considera que él sea justo y los demás pecadores; su fundamento para dicha confianza es la misericordia de Dios. La adoración de David no estaba basada en sus sentimientos, sino en su reverencia hacia un Dios justo y misericordioso. Él necesita que Dios lo dirija y que haga su camino derecho. El contraste entre los impíos y los piadosos es la humildad, y él sabe que únicamente es el poder de Dios lo que le puede mantener alejado del camino de los impíos. David sabía lo que Jesús diría después en Mateo 12:34: De la abundancia del corazón habla la boca. Nuestra bondad o maldad tarde o temprano se mostrará en nuestra forma de hablar. Él sintió el aguijón de palabras impías y mentiras en contra de él. Pero esta oración muestra que algo bueno salió de los ataques del enemigo. “Así que los enemigos del hombre, mientras le obligan a orar más fervientemente, y a observar con más agudeza su conducta, a menudo se convierten en sus mejores amigos.”

Siempre debemos tener cuidado de las personas que te adulan, y especialmente cuando te dicen que no te adulan, y que saben que no soportas las lisonjas, pues entonces serás adulado aún más, así que mantente en guardia en contra de la lengua del adulador. David ora que los impíos lleguen a su final merecido. Como rebeldes en contra de Dios ellos se merecen la sentencia de “culpables”.

Los justos no son hechos justos por sus palabras. Los justos son aquellos que confían en el Señor y aman Su nombre. Pero su justicia es evidente en sus palabras. Ellos se alegran, dan voces de júbilo, y se regocijan en el Señor. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo… lo rodearás de tu favor: Esta es la mayor bendición de todas – el favor de Dios. El saber que Dios nos mira con favor y placer es el mayor conocimiento en el mundo. Esta es nuestra posición en la gracia. Un escudo no protege una única área del cuerpo. Es grande y puede moverse para cubrir cualquier y toda área del cuerpo. Es armadura sobre armadura. Así de pleno es como el favor de Dios, nuestra posición en la gracia, nos protege.

Cuando Martín Lutero estaba en camino para enfrentar a un Cardenal de la Iglesia Católica Romana para contestar por lo que ellos decían eran sus enseñanzas heréticas, uno de los siervos del Cardenal le tentó diciéndole, “¿Dónde hallarás refugio si tu patrón, el Elector de Sajonia, ¿te abandona?” Lutero contestó, “Bajo el refugio del cielo.”

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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