David hablaba de la gran bendición que hay para el hombre o la mujer que conoce el perdón de Dios. Su pecado ya no está expuesto; está cubierto. Si uno ha caído en pecado, el Salmo 32 muestra otra forma de ser bendecido; hacer una confesión completa y arrepentirse del pecado. David tuvo una gran oportunidad de conocer esta bienaventuranza en su propia vida. Este fue un hombre conforme al corazón de Dios, sin embargo, tuvo algunas temporadas significativas de pecado y lo que podría llamarse reincidencia o decadencia espiritual. Entre estos se destacan el tiempo de David en Siclag y el pecado de David con respecto a Betsabé y Urías. Después de ambas ocasiones, David llegó a la confesión, al arrepentimiento y al perdón. David hablaba del perdón real por la declaración de Dios, no simplemente el apaciguamiento de una conciencia ruidosa o una paz imaginaria con Dios. Esta era una posición con Dios declarada y dada, no ganada.

En los dos primeros versículos, David usó tres palabras para describir el pecado. La idea detrás de transgresión es cruzar una línea, desafiar a la autoridad. La idea detrás de pecado es quedar corto o de errar al blanco. La idea detrás de iniquidad es perversidad y distorsión. Pero también, David usó tres términos para describir lo que Dios hace para quitar el pecado. La idea de perdonada es quitar una carga o una deuda. La idea de cubierto es la de la sangre de sacrificio que cubre el pecado. La idea de no culpa es de cuentas por pagar que no son tomadas en cuenta. La vida anterior de pecado y doble vida había terminado para David, el pecador arrepentido y perdonado. La vida perdonada no necesita más engaño para cubrir los caminos de uno. La lección del conjunto es esta: No te engañes, confiesa con franqueza delante de Dios. El ahora perdonado David recordaba su estado espiritual y mental cuando mantuvo su pecado oculto y calló en lugar de confesar y arrepentirse. El estrés de una doble vida y el pecado no confesado lo hicieron sentirse viejo, oprimido y seco. Sin duda David tardó en reconocer esto, sin embargo, al mirar hacia atrás, entendió que su miseria estaba directamente relacionada con la opresión del pecado no resuelto y la rebelión contra Dios.

La sequedad y la miseria de David fueron en realidad algo bueno. Demostraron que él era de hecho un hijo de Dios, y que el pacto de Dios no le permitiría permanecer cómodo en el pecado habitual o no confesado. Aquel que no siente desdicha ni sequedad en tal estado, tiene muchas más cosas de que preocuparse para el tiempo y la eternidad. Esta obra del Espíritu Santo, que convence al hombre o la mujer de Dios de su pecado y dureza de corazón, es una marca esencial de aquellos que verdaderamente pertenecen a Dios. El perdón estaba listo y esperando a David mientras él estaba de acuerdo con Dios acerca de la naturaleza y la culpa de su pecado. La restauración estaba lista, pero la confesión del pecado era el camino hacia ella. David confesó y experimentó este perdón de inmediato, así como el hijo pródigo confesó y fue perdonado de inmediato. No hubo libertad condicional, ni período de espera. Saber que Dios es tan grande en la misericordia perdonadora le da al santo una razón más grande para buscar a Dios en la confianza de que puede ser hallado, y por lo tanto está listo para conectar con Su siervo.

David hablaba proféticamente en la voz de Dios a su pueblo. A través de esto, Dios prometió hacer entender, enseñar y guiar a Su pueblo. La idea es de alguien que espera a otro con tanta atención que una mera mirada a los ojos indica la voluntad. Un mayordomo que atiende a su amo durante la cena puede ilustrar esto; el amo sólo necesita mirar el salero y el mayordomo comprende que lo quiere. Dios prometió que para aquellos que buscan diligentemente y se enfocan en Dios, Él también los guiará.

El caballo y el mulo se utilizan como ejemplos de animales que no son fáciles de guiar. Necesitan ser sujetados con cabestro y con freno, y a veces necesitan un entrenamiento riguroso, antes de que sean útiles para el amo. David entendía que esto describe su condición en su temporada de pecado no confesado – él era como un animal terco que solo podía ser guiado a través del dolor o la severidad. Dios permitió que los amalecitas devastaran a David y sus hombres y Dios envió a Natán a hablarle duramente a David en su pecado.

Este salmo da razones repetidas y convincentes para que el creyente se alegre, se goce y cante con júbilo. El salmo termina apropiadamente con un llamado al pueblo de Dios a recordar y responder a esas razones. Recuerden la bienaventuranza del perdón, la redención de la culpa, la liberación de la hipocresía y el estrés de la doble vida, la protección que Dios da a Su pueblo, la guía del Señor.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.