El salmista continúa haciendo una pregunta retórica: Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? David aquí celebraba la realidad del Dios de Israel en contra de las ilusiones de los dioses de las naciones. Los Filisteos, los Moabitas, los Edomitas, y todo el resto tenían a sus dioses; pero solamente Jehová es Dios. David conocía de experiencia el poder de Dios dado hacia él, y también de la habilidad para utilizar tal fuerza. Esta habilidad era como la habilidad que tenían las ciervas, las cuales pueden correr sin esfuerzo sobre las alturas. Él cantó trata sobre la manera en que Dios le ayudo a hacer guerra. Dios le dio poder, le ayudó a correr rápidamente y por lugares seguros y le hizo lo suficientemente fuerte para tensar el arco de bronce y le dio el escudo de su salvación. Como guerrero, David conocía a Dios como aquel que le ayudaba a vencer en la guerra, además; le daba fuerza y habilidad física y todo ello por el poder y habilidad de Su diestra. A nosotros si lo pedimos Dios también nos dará lo que necesitamos.

A menudo no pensamos de alguien engrandecido por la benignidad de Dios. Es fácil el subestimar el poder de la benignidad de Dios y a menudo queremos una obra evidente y espectacular de Dios. Pero David – este gran guerrero – recibió y respondió a la benignidad de Dios. De muchas maneras Dios ha mostrado Su benignidad para David, y hubo aún muchas más maneras después de su victoria sobre Saúl y tomar el trono.

Perseguí a mis enemigos, y los alcancé: Aquí David tenía en mente aquellos además de Saúl, a quienes no describió en ningún sentido en específico como sus enemigos. David sabía que como Rey de Israel él debería de enfrentar a los enemigos de las naciones circundantes, y aquí celebraba las victorias pasadas que Dios le dio en contra de sus enemigos. David peleó como un verdadero guerrero, y buscó del todo derrotar a los enemigos de Israel en el campo de batalla. Apropiadamente creía que Dios le daría la victoria sobre estos enemigos. Es como si dijera: Me has hecho un completo conquistador. El ver las espaldas de los enemigos era el triunfo del conquistador, y la mayor desgracia de los derrotados. De David podemos decir, como alguien dijo de Julio César: puedes percibir de él que ha sido un excelente soldado por su mismo lenguaje; pues escribió con el mismo espíritu con el que peleó.

David sabía que el tomar el trono de Israel era más que un asunto de remover a Saúl. También estaban las contiendas del pueblo, de aquellos que no apoyaron a David de una manera inmediata como rey de un Israel unificado según 2 Samuel 2-5. También sabía que Dios le levantaría no solo como el Rey de Israel, sino como una potencia regional con autoridad sobre las naciones vecinas, las cuales le traían tributo. Esta promesa tiene un mayor cumplimiento en el reino del milenio de Cristo Jesús, cuando David será el rey sobre el Israel del milenio, el cual será exaltado sobre todas las naciones de la tierra (Isaías 55:3-5).

Podemos decir que el Salmo 18:44 nos dice cómo debemos de obedecer a Jesús. Esto no nos habla solamente de la obligación del creyente, sino que uno puede inmediatamente venir a Cristo Jesús, ser convertido, y vivir obedientemente hacia Dios. No hay necesidad de un periodo de prueba. Todo esto hizo que David amara y honrara al Señor más que nunca. Dio alabanza a Dios por las grandes cosas que Él hizo. Verdaderamente había librado a David del varón violento, y más notablemente al asesino Saúl, quien le cazaba.

Como dijo Maclaren: Si comenzamos con “El Señor es mi Roca”, terminaremos con “Bendita sea mi Roca”. David pudo decir con confianza; que no solamente amaba a Dios por los triunfos, sino más importante porque Él era Su rey. David sabía esto porque hizo todo lo que pudo para asegurarse de no tomar o usurpar el trono, pero dejo a que Dios se lo diera en su tiempo. Por lo tanto, David tenía el bendito beneficio de saber que él era el rey de Dios, y que no era por apariencias.

David cierra su alabanza reconociendo el favor de Dios al permitir su descendencia, para siempre: Aquí David entendió algo, ya sea por intuición o por fe; algo que sería prometido específicamente para él hasta después. La promesa era que David (y no Saúl) comenzaría una monarquía hereditaria en Israel, y que su descendencia también se sentaría en el trono de Israel. Esta era la promesa de edificar la casa de David que Dios explícitamente hizo en 2 Samuel 7:1-17.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.