La idolatría de Israel era como adulterio en contra de Jehová. Cada sacrificio hecho hacia el dios pagano era como un acto de adulterio. La ilustración es abrumadora cuando consideramos que marido fiel y bueno es Jehová hacia Su pueblo. El adulterio jamás tiene excusa, pero es aún más horrendo en contra de un marido fiel, bueno y amoroso. La ilustración es notable cuando consideramos el cómo Israel quería añadir a los dioses paganos a su adoración hacia Jehová. No es como si Israel dijera oficialmente, “Queremos dejar a Jehová, para servir solamente ahora a dioses paganos.” Pero Israel quería agregar la adoración de dioses paganos a su adoración a Jehová. Dios recibió esto de la misma manera que un marido lo recibiría si su esposa le dijera, “Aún quiero que tú seas mi marido, yo solamente quiere tomar unos pocos amantes también.”

El describir la idolatría como un adulterio espiritual es especialmente apropiado cuando entendemos que muchos dioses paganos eran “adorados” al contratar a mujeres que sacrifican. Esto era aún más tentador que el solamente orar a una estatua. Debido a que los hombres de Israel pecaron de esta manera, Dios no dejaría a las mujeres de Israel fuera del juicio cuando se trataba de este pecado. Dios no tiene un estándar doble para la conducta sexual entre el hombre y la mujer. La idea de Oseas 4:6 es repetido (Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento). Sin entender a Dios y Su palabra, el pueblo de Dios está destinado a la destrucción.

En este tiempo, el pueblo de Dios estaba dividido en dos naciones; Israel, en el norte, y Judá, en el sur. La apostasía de Israel estaba más arraigada, así que Judá es advertido de que no deben seguir los caminos pecaminosos de su vecino. Las ciudades de Gilgal y Bet- avén eran los centros de idolatría en Israel. Para un ciudadano de Judá el viajar allí significaba que ellos compartían la idolatría de Israel. Cuando nos acercamos mucho a las prácticas pecaminosas, a menudo se nos pegan, como dijo Pablo: No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. En un tiempo, Gilgal era un lugar donde los profetas fueron entrenados bajo Elías y Eliseo. Pero en los días de Oseas se había convertido en un centro de adoración falsa. No hay en realidad una ciudad llamada Bet-avén. Oseas está tergiversando el nombre de la ciudad de Bet-el; que significa “Casa de Dios”, hacia al nombre más apto de Bet-avén, que significa “Casa de engaño.” Bet-el era el centro del sureste de la adoración al becerro establecido por Jeroboam I.

El ganado puede alimentarse de forma segura en el campo abierto, debido a que no son presa fácil de los depredadores. Pero los corderos en lugar espacioso se extravían del pastor y son vulnerables. El punto de Oseas es claro: si actúas como una vaca testaruda, no esperes ser protegida como una oveja obediente.  Efraín era la tribu más grande que conformaba la población de Israel. Por lo tanto, los profetas a menudo se referían a Israel como “Efraín.” Esta es una manera para expresar el juicio que vendrá sobre Israel. Dios simplemente dejaría a Efraín solo. Cuando el poderoso ejército Asirio subió en contra de ellos, ellos podrían pelear ellos mismos; Dios los dejaría solos. Nosotros no queremos que Dios nos deje solos, porque le necesitamos para que nos proteja en contra de los enemigos espirituales.

Satanás quiso esparcir a Pedro como el trigo, pero Jesús no dejó a Pedro solo para que enfrentara el ataque. Jesús oró por Pedro, y él salió victorioso.  Nosotros no queremos que Dios nos deje solos porque le necesitamos para protegernos en contra de nosotros mismos. Abandonados a nosotros mismos, con nuestros propios corazones pecaminosos, seguramente nos alejaríamos del Señor. Todo lo que Dios debe hacer para asegurarse de que un hombre vaya al infierno es simplemente dejarlo solo. Nuestra oración siempre debe ser, “Señor, no me dejes solo. Sigue trabajando en mí.”

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse