En este capítulo veremos un período de avivamiento, que siguió a una lectura pública de la Palabra de Dios. Muchas de estas personas, como hemos visto en el capítulo 8, nunca habían oído la Palabra de Dios. Ellos habían estado en la cautividad por setenta años, no habían tenido ningún acceso a la Palabra de Dios. No había nadie allí que se las pudiera leer. Cuando regresaron a su tierra y los muros fueron reedificados, Nehemías dispuso que hubiera un tiempo de lectura de la Palabra de Dios. Esta lectura probablemente se prolongó por un cierto período, cuya duración desconocemos. Junto a él estaba Esdras, escriba, quien tenía la Palabra de Dios. Construyeron un púlpito para que pudiera leer de la Palabra de Dios desde la puerta de las Aguas. Dicha lectura causó un impacto tremendo sobre la gente. El pueblo lloró, y lloró principalmente de alegría. Lo que queremos recalcar es que tiene que haber emoción cuando se escucha la lectura de la Palabra de Dios, pero no una emoción superficial, pasajera, sino un sentimiento que les impulsó a hacer ciertas cosas.

Los integrantes de aquel pueblo reconocieron cuánto se habían apartado de las normas que Dios había establecido para ellos, y cuán lejos se encontraban del cumplimiento de sus mandamientos. Como hemos visto en el Libro de Esdras, la Palabra de Dios había tenido un resultado en la misma vida de este sacerdote y escriba dándole un gran interés y llevándole a un compromiso personal con todo lo que estaba llevando a cabo. Es que no puede haber un avivamiento, o una renovación espiritual, fuera de la Palabra de Dios; debemos reconocer y aceptar este principio.

Una segunda señal segura de avivamiento (que sigue al quebrantamiento del corazón) es la reflexión sobre la bondad de Dios. Cuando nuestro orgullo es expulsado, y nuestros corazones se humillan delante de Dios, podemos empezar a verlo por quién Él es; y cuando vemos eso, vemos cómo es Dios.

Ellos y nuestros padres era una respuesta terrible a las grandes y buenas obras de Dios para Israel. Dios había sido muy bueno con Israel, más ellos y sus padres fueron soberbios. Nuestro pecado es suficientemente malo, pero considerar que pecamos contra un Dios que solo nos ha tratado bien es mucho, mucho peor.

Una tercera señal segura de avivamiento – reconocimiento de nuestra propia pecaminosidad. Cuando buscamos humildemente a Dios, y vemos su bondad, no podemos evitar notar entonces nuestra propia pecaminosidad; la negrura de nuestro pecado resalta contra el resplandor de la pureza y la bondad de Dios.

La respuesta llena de gracia de Dios hacia la rebelión de Israel fue gloriosa. “Que perdonas” es especialmente maravilloso, indicando que no hay nada que impida que Dios nos perdone, excepto nuestra propia negativa a venir a Él a través de Jesús. Él está listo para perdonar, si nosotros estamos dispuestos a recibirlo.

Ellos hicieron para sí becerro de fundición: Esta fue la respuesta de gracia de Dios a Israel; incluso después de que hicieron un becerro de oro y lo adoraron, aun así no los abandonó. Aun así siguió proveyendo la nube de día y el pilar de fuego por la noche, Él siguió guiándolos con su Espíritu, siguió alimentándolos y les dio agua. Todo esto junto no muestra qué tan especial era Israel, sino lo especial que es Dios.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.