El Espíritu de Dios estaba obrando incluso antes de la lectura de la Palabra. Las personas no se reúnen como un solo hombre para las cosas de Dios a menos de que el Espíritu de Dios los haya movido, y no desean la Palabra a menos de que el Espíritu los mueva. El libro de la ley de Moisés se refiere a los primeros cinco libros de la Biblia. Este era el manual de instrucciones sobre cómo andar delante de Dios. Esdras era el hombre responsable de haber reconstruido el templo, y de haber regresado al pueblo de Dios a adorar. Nehemías, con todo su trabajo de reconstruir los muros, solo continuó con la obra que Esdras había comenzado. Sabemos que Esdras se interesaba por la Palabra de Dios, porque era escriba; alguien que copiaba la Biblia a mano. Sabemos que él mismo era un hombre devoto a Dios, porque era un sacerdote consagrado. Esdras leyó la Palabra de Dios desde el amanecer hasta el mediodía. Por alrededor de seis horas leyó la Palabra de Dios y el pueblo escuchó.
Esto fue un movimiento del Espíritu de Dios. Personas que están atentas al libro de la ley por alrededor de seis horas son personas tocadas por el Espíritu de Dios. Estuvieron dispuestos a sacrificar algo para escucharla; la deseaban, y como Jacob no se rendirían hasta que tuvieran su bendición. Ellos se habían tomado el tiempo para construir un púlpito de madera para que la Palabra de Dios pudiera ser escuchada. Hicieron cosas prácticas para que la Palabra tuviera el más grande efecto. Pero por mucho, la preparación más grande debe suceder en el corazón. Debemos venir, dispuestos a olvidarnos de nosotros mismos y nuestros propios planes, y someternos a la Palabra; no la palabra del predicador, sino la Palabra de Dios. A la mano derecha e izquierda de Esdras había hombres apoyándolo en su ministerio de enseñar la Palabra. El ministerio de la Palabra tiene el efecto más grande cuando las personas pueden ver a hombres que se apoyan en ella y son obedientes a ella.
Ellos tenían respeto por la Palabra. La reconocían por lo que era; la Palabra de Dios, no palabra de hombre. Ellos la honraron. Esto evidencia dos cosas. Primero, que el Espíritu de Dios está obrando; segundo, que algo bueno va a suceder. Esta obra de la Palabra y del Espíritu tuvo tres resultados inmediatos. El pueblo agradeció a Dios, al decir: Amén cuando Esdras bendijo al Señor. Oraron al levantar sus manos. Adoraron al inclinarse delante de Él. Acción de gracias, oración y alabanza, son todos buenas muestras de cómo el Espíritu de Dios y la Palabra están obrando en nosotros. Se asignaron hombres especiales para ayudar al pueblo a entender la Palabra. Después de la lectura necesitaban entenderla porque si no lo hacían, no haría mucho bien. El entendimiento necesita ser el primer objetivo de cualquier predicador o maestro. El entendimiento no solo es necesario para aquellos que aún no se han familiarizado con la Biblia. Algunas veces si no lo hemos escuchado unas diez veces antes, realmente no lo entendemos para este momento. Cuando un restaurador de arte limpia una pintura, revela cosas que siempre estuvieron ahí, pero los colores no eran tan brillantes y los detalles no eran tan claros porque estaban ocultos; entonces el verdadero impacto de la obra del pintor puede ser visto. El predicador debe comunicar el sentido del pasaje de la Escritura, y no su propia agenda o temas personales favoritos. Las personas deben irse entendiendo mejor la Palabra de Dios, no entendiendo mejor las opiniones del predicador.
La Palabra de Dios estaba cumpliendo con su propósito. Aquí nos dice dos cosas para las que la Palabra de Dios es útil: redargüir y corregir. Algunas veces duele ser reargüido y corregido, y estas lágrimas eran evidencia de un poco de ese dolor. Esdras, Nehemías y los Levitas no querían que el pueblo llorara, a pesar de que es algo bueno estar triste bajo la convicción del Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios. Sin embargo si el sentido de la convicción es más grande que el sentido de que Dios está haciendo una obra buena y santa, entonces las lágrimas no son buenas. Nuestro conocimiento de nuestro pecado nunca debe ser más grande que nuestro conocimiento de Jesús como nuestro salvador.
Somos grandes pecadores, pero Él es un salvador más grande. Por lo tanto, el gozo del Señor es nuestra fuerza; incluso cuando usted está siendo convencido de pecado. Cuando somos convencidos de pecado sabemos que Dios está haciendo una obra en nosotros, así que podemos estar contentos y gozarnos. El pueblo se sintió triste, porque estaban conscientes de su propio pecado. Pero podían andar en gozo porque Dios estaba haciendo una gran obra. Nuestras emociones no están más allá de nuestro control; podemos hacer la voluntad de Dios incluso cuando no sentimos ganas de hacerlo. Ellos se fueron alabando a Dios, porque entender la Palabra de Dios trae una dulce sensación de gozo.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse
