Después de estar en Jerusalén por tres días, Nehemías aún no le había dicho a nadie por qué estaba ahí, ni lo que Dios había puesto en su corazón. Cuando entró a Jerusalén con una escolta militar y madera del bosque del rey de Persia, la gente lo notó – pero no dijo nada hasta que llegó el momento correcto. Los buenos líderes desarrollan un sentido del tiempo de Dios. A menudo usted encontrará mejor no comentar su plan con otros. Parece que Nehemías salió por el lado oeste de la ciudad, y giró hacia la izquierda rumbo al sur, continuando en sentido contrario a las manecillas del reloj alrededor de los escombros de los muros de la ciudad, hasta que regresó a su punto de origen.

Él no andaba solo de turista. En vez de eso, cuidadosamente estudió los muros destruidos y las puertas consumidas por el fuego La palabra: observé en  Nehemias 2:13 y 2:15 es un término médico para “sondear una herida para observar la magnitud de los daños.” Por primera vez, Nehemías vio con sus ojos lo que se le había reportado, y lo que Dios le había llamado a reparar. No hay forma de que hubiera podido hacer este recorrido sin lágrimas en los ojos, conociendo la magnitud del daño y el miedo, pobreza e inseguridad que los muros destruidos significaban en las vidas de las personas. El templo había sido reconstruido. Se realizaban sacrificios y adoración. Se estaba progresando, aunque lentamente. Había mucho por lo que estar agradecido en Jerusalén.

Ahora, cuando Nehemías llegó y explicó su visión de reconstruir los muros a los líderes de la ciudad, había una tremenda cantidad de importancia adjunta a esta reunión. Nehemías no podía hacer el trabajo solo, y estaría en muchos problemas si los líderes no lo ayudaban. Sin duda, esto es algo por lo que Nehemías oró mucho. Tal vez haya orado algo así, “Oh Jehová, prepara los corazones de los líderes de Jerusalén para apoyar este trabajo que me has llamado a hacer. Déjalos ver que no vengo condenando o criticándolos, solo vengo para ayudar. Dame las palabras correctas a usar, y háblales con anticipación sobre esta obra a la cual me has llamado.” Sabiamente, Nehemías les pidió que notaran lo evidente; algunas veces lo evidente es lo más difícil de ver. Él no llegó como si estuviera ahí para arreglar el problema de ellos, se apropió del problema como si también fuera suyo, a pesar de que tal vez no tuviera que hacerlo, no empleó el juego de la culpa, no criticó a los líderes de Jerusalén. Simplemente se identificó junto con ellos en relación con el problema. Él tenía un alto llamado de Dios, y le pedía a otros que fueran parte de esta visión, pero nunca dejó de tratarlo como un alto llamado. Nehemías simplemente dijo, “Dejemos de perder el tiempo. Sabemos que hay un trabajo que hacer, y Dios nos está guiando a hacerlo ahora.

La respuesta de los líderes de Jerusalén venía de Dios. Ellos dijeron, Sí. Las cosas habían estado yendo extraordinariamente bien, así que no nos sorprendemos de que la oposición se levantara otra vez. Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, ambos vinieron a oponerse a la obra. La oposición espiritual a la obra que Dios quiere lograr es una realidad que muchos cristianos fallan en tener en cuenta, y por lo tanto son derrotados en lo que Dios quería que hicieran. A Sanbalat y Tobías les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel. Ya habían hecho saber su opinión con anterioridad; ahora buscarán hacer algo al respecto del progreso que está haciendo Nehemías.

Tobías fue un hombre prominente en las familias sacerdotales para las generaciones venideras. El nombre “Tobías” significa “Yahvé es bueno” – un nombre extraño para un hombre que se oponía a la obra de Dios. Sanbalat estaba conectado por matrimonio a familias sacerdotales. Un documento antiguo de este periodo se refiere a Sanbalat como “gobernador de Samaria.”  Estos hombres eran Judíos – eran hermanos – de Nehemías y de los ciudadanos de Jerusalén. Podríamos pensar que deberían haber apoyado su trabajo, pero no lo hicieron. La oposición siempre es difícil, pero cuando se trata de hermanos, se combina entonces también con dolor y traición. Sanbalat y Tobías tenían una baja percepción de la autoridad de Dios. Su pregunta mostró que ellos consideraban al rey de Persia como la máxima autoridad en la tierra. Primero, eran completamente ignorantes. No sabían de lo que hablaban. El rey había dado permiso, incluso si ellos no lo sabían, el rey se había asociado en la obra. Segundo, no estaban preocupados por la autoridad de Dios. Realmente, no importaba si el rey de Persia estaba en contra de esta obra, si el Dios del cielo y la tierra era por ella. Uno con Dios hace una mayoría.

Nehemías pudo haberles regresando la pregunta: ¿Se rebelarán ustedes contra el Rey de Reyes y Señor de Señores?  Nehemías ignoró su escarnio. Sus osadas y directas palabras mostraron que no había sido puesto a la defensiva por su burlesco y escarnecedor ataque. Cuando se enfrentó con la elección de agradar al hombre o agradar a Dios, Nehemías sabía exactamente lo que haría. Déjenlos que se burlen, serviremos a Jehová. Nehemías proclamó su confianza en Dios. “No importa si ustedes están en nuestra contra. La obra de Dios tendrá éxito.” Nehemías proclamó la verdad sobre sus enemigos. Tal vez hayan sido Judíos por nacimiento; tal vez hayan sido ciudadanos legales de Jerusalén; tal vez hayan tenido propiedades en la ciudad. Pero sus corazones mostraban que no tenían parte ni derecho ni memoria en la ciudad de Dios.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.