En los años que Nehemías estuvo lejos, los Israelitas reanudaron su práctica de darse en casamiento con personas de las naciones paganas que los rodeaban. Esta era una dramática desobediencia a la orden de Dios.
De la fuerte reacción de Nehemías, deducimos que consideraba este como el más peligroso de sus pecados; buscando un romance impío, e involucrándose en relaciones románticas a las cuales Dios había dicho “no”. Su ejemplo de Salomón fue bien tomado (¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel?. . . aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras). Si Salomón, uno de los hombres más sabios y bendecidos en la historia, pecó con un romance poco sabio y desagradable a los ojos de Dios entonces nadie debería considerarse a sí mismo invulnerable.
Al final de todo, Nehemías sabía que hizo lo mejor que pudo para hacer al pueblo de Dios fuerte, a salvo, y seguro. Más allá de eso, también los guio a ser puros, adoradores y obedientes. Sin embargo, Nehemías ciertamente cargaba con un sentimiento de fracaso. En el capítulo 10 el pueblo hizo un solemne pacto con Dios de que no harían tres cosas: tener relaciones románticas impías, comprar y vender en el día de reposo, y apoyar la obra de Dios con dinero como Él lo había ordenado.
Sin embargo, Enel capitulo 13, alrededor de 10 o 12 años después, Israel se encontraba en los mismos pecados a los que se habían comprometido a no volver a cometer. Nehemías tuvo que lidiar con los problemas de las relaciones románticas paganas, comprar y vender en el día de reposo, y fallar en apoyar la obra de Dios como él lo ordenó.
El pueblo prometió: no abandonaremos la casa de nuestro Dios. Pero, más adelante en el capítulo 13: 11, Nehemías tuvo que preguntar:¿Por qué está la casa de Dios abandonada? Estaba abandonada porque Israel no mantuvo sus promesas delante de Dios.
Esto deja un punto perfectamente claro: la ley, esto es; reglas, votos, promesas, pactos, etc., finalmente no tienen poder para detener el pecado. Solo la gracia de Dios, viva, y fluyendo en nuestras vidas, puede darnos el poder para verdaderamente vencer al pecado.
Pablo expresa esto en Romanos 8:3, entre otros lugares: Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado. Muchos Cristianos buscan la victoria al hacer reglas, votos, promesas – y fracasan en encontrarla, porque todas esas cosas tienden a poner la mirada en nosotros mismos, en vez de en Jesús.
La historia de Israel en el Antiguo Testamento, desde el inicio hasta el final, ilustra esto. Cuando la nación recién nació en el Éxodo, a pesar de los milagros más espectaculares, muestras de la gloria de Dios, y la revelación de la ley, el pueblo pecó, al darle el crédito a un becerro de oro por la liberación de Egipto. Y ahora aquí, al final de la historia del Antiguo Testamento del pueblo de Dios en la tierra prometida, Nehemías está jalando cabellos –los propios y los de los pecadores; porque no pudieron cumplir sus promesas a Dios.
Si pudiéramos ser salvos por nuestras promesas, por nuestros compromisos con Jesús, entonces su muerte hubiera sido noble, pero innecesaria. No somos salvos por algún voto que hacemos, o alguna hoja que volteamos, sino por confiar en Jesús, y lo que ha hecho para salvarnos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
