Ellos también  entregaron un impuesto anual para apoyar las obras del templo. Necesitaban personas para traer la madera del templo de forma rotativa. Se comprometieron a obedecer el mandamiento de los primogénitos, las primicias y el diezmo (diez por ciento de lo producido por sus tierras) para la casa de Dios. Ellos simplemente hicieron dos cosas. Primero, acordaron dar como Dios se los había ordenado. Segundo, acordaron dar conforme la necesidad especial lo requería (el impuesto de un tercio de un siclo y la madera).

El primogénito y las primicias eran maneras riesgosas de dar, porque su tierra tal vez no produjera mucho producto, y su vaca u oveja podía no dar a luz otra vez; sin embargo, lo primero aun así pertenecía a Dios, y era entregado a los sacerdotes. Dios prometió bendecir esta ofrenda de las primicias y de los primogénitos en fe como dice Proverbios 3: 9,10 “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”. Si antes pactaron hacer dinero solo de maneras que glorificaran a Dios, aquí pactaron gastar su dinero en formas que glorifiquen a Dios; y empezando todo dando al Señor.

Ellos dijeron: No abandonaremos la casa de nuestro Dios: Dicho de forma sencilla, la Biblia dice que tenemos que ser dadores, no tanto por el bien de aquellos a los que damos, sino porque dar rectifica nuestro corazón respecto a las cosas materiales. Dios mismo es el dador más grande.

Si usted se aferra al dinero tan fuerte que no va a ser un donador, entonces usted ha revelado donde está su corazón en lo que respecta al dinero. El Nuevo Testamento habla con gran claridad sobre el principio de dar; que el dar debe ser algo constante, planeado, proporcional, privado y en 1 Corintios 16; que debe ser generoso, aun dado con libertad y con alegría como en 2 Corintios 9.

Si usted es reacio a ser un dador como la Biblia dice que lo sea, simplemente hable con aquellos que lo son. Pregúnteles si ha sido una bendición o una maldición en sus vidas el dar como Dios les dice que lo hagan. Dios promete que nunca nos deberá nada, y no podemos dar más que Dios; aunque el regreso es a menudo mucho mejor que dólares y centavos.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse