Al final de Nehemías capítulo 9, el pueblo había llegado a un punto de decisión, y ahora, colectivamente, la nación iba a hacer algo al respecto entrando a un pacto. En el capítulo 8:38, “hacemos fiel promesa” es literalmente “cortar un pacto”; Los pactos no eran hechos en el antiguo mundo, eran cortados; porque casi siempre un animal era sacrificado como parte del pacto. Un pacto siempre costaba algo, y nuestro punto de decisión siempre nos costará algo; la vida centrada en mí mismo, comodidad, descanso, algunos de los placeres pasajeros de este mundo. Fue maravilloso que la nación como un todo sintiera que algo tenía que hacerse sobre el problema del pecado que había entre ellos. Pero no tenía valor a menos de que los individuos se acercaran y dijeran “Nosotros haremos algo al respecto.” Aquí están los líderes (84 en total) dispuestos a poner sus nombres en la línea para el pacto delante de Dios.

Estas personas en el tiempo de Nehemías sabían de qué se trataban los pactos, y lo importantes que eran para Dios. Ellos recordaban que Dios hizo un pacto con Abraham, prometiendo que tanto la nación como el Mesías descenderían de él; Dios hizo pacto con Moisés y la nación de Israel cuando les dio la Ley en el Monte Sinaí; Dios hizo pacto con el Rey David, prometiéndole que el Mesías vendría de su familia. Pero el acto más grande, el Nuevo Pacto instituido por el Mesías, aún estaba por venir. Los 84 mencionados anteriormente sellaron el pacto, pero el resto del pueblo; esto es, todo el que tenía comprensión y discernimiento; también hizo el pacto con Dios.

Al hacer el pacto, aceptaron una maldición de Dios sino obedecían su Ley. Ellos aceptaron la maldición como una forma de su corrección, para traerlos de regreso a la obediencia. Muchos de nosotros hemos hecho algo similar. Probablemente no oramos “Dios, maldíceme si te desobedezco.” Pero muchos de nosotros hemos orado, cueste lo que cueste, quiero seguirte. Cueste lo que cueste quiero ser tu hombre.” Eso es esencialmente hacer la misma oración, y esa es una buena oración. Ellos hicieron este pacto públicamente; aunque su significado más importante estaba entre el individuo y Dios, también era importante que otras personas fueran testigos del pacto. Un pacto público significa rendición de cuentas.

La promesa estaba dirigida a los padres. Esto es porque en esa época, los padres tomaban las decisiones de matrimonio, no las personas que se casaban. Si este pacto fuera a repetirse en la actualidad, no estaría enfocado hacia los padres, sino hacia los individuos que quisieran casarse.
La idea era preservar el importante principio de que un seguidor de Dios solo debe casarse con otro seguidor de Dios igual de comprometido. Es evidente por experiencia y observación que es importante escoger al cónyuge cuidadosamente y en oración. Muchos de nosotros tenemos increíbles historias de cómo es que conocimos a nuestra pareja; algunas historias son románticas, y otras son algo extrañas. Una vez que estamos juntos, Dios quiere hacer de ese matrimonio algo especial delante de Él, y desea unir más a la pareja conforme ellos se unen más a Dios, como los lados de un triángulo se acercan conforme van elevando. Pero si alguien en este momento no está casado, es importante que hagan este mismo tipo de pacto. Si uno ha entregado su vida a servir a Jesucristo, habrá dificultad si se casan con alguien que ha entregado su vida a algo más. Toda la idea del matrimonio está íntimamente conectada a la idea del pacto.  Malaquías 2: 14 dice, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. El matrimonio es un pacto, entre el esposo y la esposa, entre ellos y toda la familia y testigos, pero más importante, entre ellos y Dios. Cuando entendemos que el matrimonio es un pacto, tenemos algo que nos ata el uno al otro que es más fuerte que las expectativas de la sociedad, más constante que el amor romántico, y más seguro que los tiempos felices; tenemos un pacto.

Bajo la ley del Antiguo Testamento, Dios dijo que nadie podía comprar o vender nada durante el día de reposo. Estos ciudadanos de Jerusalén habían estado quebrantando esta ley, y ahora hacían pacto con Dios de cumplirla. El motivo de romper esta ley era claro. Podían hacer más dinero vendiendo en siete días que en seis. Este era un pacto de solo hacer dinero de maneras que fueran obedientes y glorificaran a Dios. Este es un gran desafío para la iglesia en la actualidad, donde muchos están en carreras donde tienen oportunidades de hacer dinero de formas que son claramente incorrectas. Necesitamos tener el mismo corazón que ellos tuvieron aquí, y hacer pacto delante de Dios de solo hacer dinero en formas que sean obedientes y lo glorifiquen. Muchos de nosotros; como sucedió en los días de Nehemías, caemos en estas prácticas sutilmente. No despertamos por la mañana diciendo que vamos a tomar el camino fácil, engañar a otros, y defraudar el sistema. Lo hacemos porque creemos que necesitamos hacerlo; cuentas necesitan ser pagadas, los niños necesitan cosas, etc. Entonces lo hacemos porque funciona. Pero realmente no necesitamos hacerlo; si confiamos en Dios, Él cuidará de nosotros. Nunca debemos confiar en nuestras ingeniosas maneras de hacer negocios más de lo que confiamos en Dios en el cielo.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse