No fue fácil para estos ciegos seguir a Jesús, pero lo hicieron. Tuvieron que preguntarles a otros a dónde iba Jesús, y tuvieron que escuchar cada sonido que pudiera guiarlos. Sin embargo, estaban determinados a seguirlo lo mejor que pudieran. La ceguera era una enfermedad angustiosamente común en Palestina. Surgió en parte por el resplandor del sol oriental sobre ojos desprotegidos, y en parte porque la gente no sabía nada de la importancia de la limpieza y de la higiene. En particular, las nubes de moscas impuras transmitían infección que llevaba a la pérdida de la vista. Los dos ciegos siguieron a Jesús y gritaron este reconocimiento público de Jesús como Mesías, porque Hijo de David era un título mesiánico. Ellos le pidieron a Jesús lo mejor que podían pedir: misericordia. Esta es la primera vez que Jesús es llamado ‘Hijo de David’ y no cabe duda de que los ciegos estaban confesando a Jesús como el Mesías. En Juan 9:22 se nos dice que los fariseos acordaron que cualquiera que confesara que Jesús era el Mesías, sería expulsado de la sinagoga. Aunque la ocasión en Juan parece haber sido después de esta sanación de los ciegos, podemos creer que hubo un precio a pagar por llamar a Jesús “Hijo de David”. Jesús no trató con los ciegos hasta que estaban dentro. Esto pudo haber sido para amortiguar las expectativas mesiánicas en un día marcado por dos milagros altamente públicos y dramáticos. De nuevo, Jesús sanó a los ciegos en respuesta a su fe. La fe no garantiza la sanación para cada individuo, sin embargo, hay indudablemente multitudes que no son sanadas por su falta de fe. Estos hombres simplemente proclamaron su fe diciendo: “Sí, Señor”. Él los tocó con su mano; pero ellos también debían tocarlo con su fe. A pesar de la advertencia de Jesús, no pudieron resistir el decirles a otros. Aunque no admiramos su desobediencia bien intencionada, admiramos su entusiasmo por la obra de Dios. Esta era su única área de incredulidad: no tuvieron la fe para obedecer a Jesús como debieron.

En el siguiente episodio aparece un hombre endemoniado con un espíritu mudo. En el entendimiento judío de la posesión demoníaca, este hombre no podía ser ayudado. Esto se debió a que la mayoría de los rabinos de ese día pensaban que el primer paso esencial en exorcismo era obligar o engañar al demonio para que dijera su nombre. El nombre era considerado como una manija por la cual el demonio podía ser removido. Por lo tanto, un demonio que hizo a un hombre mudo había evitado la revelación del nombre del demonio que habitaba en la víctima y, por lo tanto, evitó el exorcismo. Sin embargo, Jesús no tuvo problema, echado fuera el demonio, el mudo habló. Por estas razones este milagro fue particularmente asombroso para las multitudes. Mostró no solo la autoridad completa de Jesús sobre el reino demoníaco, sino también la debilidad de las tradiciones de los rabinos. Al atribuir esta obra de Jesús al poder de satanás, vemos en este evangelio a los fariseos y a otros líderes religiosos continuando con su rechazo de Jesús y Su obra.

Cuando Jesús se encontró con la profundidad de la necesidad humana tuvo compasión de ellas. Jesús no era insensible ni estoico frente a las personas y sus problemas. En los versículos anteriores Jesús fue terrible e injustamente criticado, pero no lo hizo parar Su obra. Él no dijo: “¡Oh, ellos están diciendo cosas terribles de Mí! ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo hacerlos que paren?” Jesús simplemente ignoró la terrible e injusta crítica y se encargó de los asuntos de Su Padre. Jesús aquí describió lo que el hombre es aparte de Dios; que somos como ovejas que no tienen pastor. Esto significa que estamos en muchos problemas hasta que venimos bajo el cuidado de nuestro Pastor. Jesús vio la grandeza de la necesidad humana como una oportunidad, como una mies que era mucha. Una cosecha es algo bueno, y esta era mucha cosecha. Jesús describió a los trabajadores en Su reino como obreros, esto es, aquellos que trabajan duro. El jefe de familia tiene algo que hacer, el magistrado más, pero el ministro más que todos. Él trabaja más veces en un día, que el agricultor en un mes. El sudor de la frente no es nada comparado con el del cerebro; el primero promueve la salud, el segundo la perjudica, fatigando y agotando el cuerpo, desgastando los signos vitales y apresurando la vejez y la muerte prematura. Debemos rogar que el Señor envíe obreros: Ahora el griego es mucho más forzado, es que los empuje hacia adelante y los arroje fuera; es la misma palabra que se usa para la expulsión de un demonio de un hombre poseído. Se necesita un gran poder para sacar a un demonio, se necesitará el mismo poder de Dios para enviar a un ministro hacer su obra.

Esta es una oración que debemos pedir, pero solo podemos orar honestamente si oramos con el oído abierto para escucharlo decirnos: “Tú ve a la mies”. En este capítulo Jesús enfrentó muchas acusaciones: Fue acusado de blasfemia, de baja moral, de impiedad, de estar ligado con el diablo. Aunque Mateo ha establecido completamente las credenciales de Jesús como el Mesías, las autoridades religiosas comienzan a rechazarlo y criticarlo. Estos conflictos con los líderes religiosos serán más frecuentes e intensos a partir de acá.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.