El ministerio de Juan el Bautista era estricto en su carácter y tenía un énfasis en el arrepentimiento humilde. Los discípulos de Juan imitaron esto, y mostraron su propia humildad a la luz de su propio pecado y el de su pueblo. Los fariseos también eran conocidos por su práctica del ayuno (unas dos veces por semana, de acuerdo con Lucas 18:12), pero no lo hicieron con un espíritu humilde de arrepentimiento. A menudo ellos ayunaban queriendo impresionarse a sí mismos y a otros con su espiritualidad. Aparentemente, los discípulos de Jesús no ayunaban como lo hizo alguno de estos dos grupos. Jesús a continuación explicará por qué.

No era correcto para los discípulos de Jesús imitar a los fariseos en sus muestras hipócritas. Tampoco era correcto para ellos imitar a los discípulos de Juan en su ministerio de humilde preparación, porque los discípulos vivían en la experiencia para la cual Juan trató de preparar a la gente. Llegaría un día en que el ayuno sería apropiado para los seguidores de Jesús, pero en el presente cuando Jesús estaba entre ellos, no era ese día.

Hay una nota poco oscura en las palabras: “Vendrán días cuando el esposo les será quitado”. Era como si Jesús dijera: Ellos me negarán y luego tendrán que ayunar. Es el primer indicio leve de su rechazo venidero. Con la ilustración de los odres, Jesús explicó que no vino a reparar o reformar las viejas instituciones del judaísmo, sino a instituir un nuevo pacto por completo. El nuevo pacto no solo mejora el viejo; lo reemplaza y va más allá del mismo. Esta referencia de Jesús a los odres fue Su anuncio de que las instituciones presentes del judaísmo no podrían contener Su vino nuevo. Él formaría una nueva institución –la iglesia– que juntaría a judíos y gentiles en un cuerpo completamente nuevo.

En la siguiente escena Mateo nos presenta a Dos personas que son sanadas: Una niña y una mujer con un flujo de sangre.

Un hombre se postró ante él, y Jesús recibió esta adoración, lo cual habría sido blasfemo si Jesús no hubiera sido Dios. Este principal hizo lo correcto al venir a Jesús, pero su fe es pequeña en comparación al centurión de Mateo 8. El principal pensó que era esencial que Jesús personalmente viniera a tocar a la niña, mientras que el centurión entendió que Jesús tenía la autoridad de sanar con una palabra, incluso a gran distancia.

Inmediatamente una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. Los evangelios de Marcos y Lucas dan un recuento más completo de este milagro, pero el relato de Mateo es suficiente para mostrar la compasión de Jesús y el hecho de que Su poder no era mágico. Aquí vemos simplemente el poder de Dios respondiendo a la fe de aquellos que lo buscan. Mateo relata esta historia brevemente, como lo hizo con muchas otras, con la sola intención de registrar el milagro. Ya que la condición de esta mujer era vergonzosa, y porque era ceremonialmente impura y sería condenada por tocar a Jesús o incluso estar entre la multitud, ella quería hacer esto en secreto. Ella no le pediría abiertamente a Jesús ser sanada, sino que pensó: Si tan solo alcanzo a tocar el borde del manto. Estos flequillos eran cuatro borlas de jacinto azul que usaba un judío en las esquinas de su manto exterior. Eran para identificar a un judío como judío, y como miembro del pueblo escogido, sin importar dónde estuviera; y estaban destinadas para recordarle a un judío cada vez que se quitaba y ponía sus vestiduras que pertenecía a Dios. Esto también nos muestra que Jesús vestía como otra gente de Su tiempo. Él no sintió la necesidad de distinguirse por las vestiduras que usaba. En el vestir, Jesús no era inconformista. Parece que la mujer creyó esto en una forma algo supersticiosa. No obstante, aunque su fe tenía elementos de error y superstición, ella creyó en el poder sanador de Jesús y Su manto sirvió como un punto de contacto para esa fe. Hay muchas cosas que podríamos encontrar mal con la fe de esta mujer. Sin embargo, su fe estaba en Jesús; y el objeto de la fe es mucho más importante que la calidad o incluso la cantidad de fe. Su fe, aunque imperfecta, fue suficiente para recibir lo que Jesús quería darle. Su enfermedad de 12 años se curó de inmediato.

Jesús insistió en hacer aviso público, y lo hizo por buenas razones. Lo hizo para que ella supiera que fue sanada, después de haber escuchado una declaración oficial de Jesús, también para que otros supieran que ella fue sanada, porque su dolencia era de naturaleza privada. Quería que ella supiera por qué fue sanada, que fue por su fe y no por un toque supersticioso en sí mismo. Incluso Lo hizo para que el principal de la sinagoga viera el poder de Jesús en acción y por lo tanto tuviera más fe por su hija enferma. Lo hizo para poderla bendecir en una forma especial, dándole un título honorario el cual nunca vemos que Jesús le da a nadie más: hija.

Al entrar en la casa del dignatario, los que tocaban flautas, y la gente que hacía alboroto: Estos eran probablemente dolientes contratados, quienes, según la costumbre de aquel día, ofrecían una ostentación de duelo por un precio, y no por dolor sincero. Cuando nos damos cuenta cuán rápido cambiaron de hacer alboroto y llorar a ridiculizar a Jesús, mostró su falta de sinceridad. Los dolientes profesionales eran contratados incluso por familias muy pobres. Jesús aguantó la burla de la multitud y resucitó a la niña. Él ciertamente no dejaría que las críticas o las burlas de la multitud lo detuviera de hacer la voluntad de Dios. Jesús no levantó a cada niño muerto que encontró, pero Jesús lo hizo aquí en un simple acto de misericordia y compasión hacia el padre afligido. Además, Jesús debió haber odiado la muerte y su causa, y disfrutó la oportunidad de darle a la muerte una pequeña derrota antes de vencerla por completo en la cruz y la tumba vacía.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.