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Los milagros de Jesús atrajeron mucha atención; pero también lo hizo Su ministerio de enseñanza. Mateo demostró esto por medio de su mención de la mucha gente que lo siguió después de descender del Monte de las bienaventuranzas. Ahora nos dice más acerca del ministerio de sanación de Jesús, y cómo Sus obras confirmaron Sus palabras. En el mundo antiguo, la lepra era una enfermedad terrible y destructiva, y aún lo es en algunas partes del mundo. Un leproso antiguo no tenía esperanza de mejorar, así que vino este leproso a Jesús con un gran sentido de necesidad y desesperación. Según la ley y las costumbres judías, uno tenía que mantenerse a 2 metros de un leproso. Si el viento soplaba proveniente de donde estaba el leproso, tenían que mantenerse a 45 metros de distancia. La única cosa más contaminante que el contacto con un leproso era el contacto con un cadáver.

En la Edad media, si un hombre se convertía en leproso, el sacerdote se ponía su estola y tomaba su crucifijo, y traía al hombre a la iglesia, y leía el servicio fúnebre sobre él. Para todos los propósitos humanos, el hombre estaba muerto. En el tiempo de Jesús, los rabinos algunas veces se gloriaban de lo mal que trataban a los leprosos. Uno se jactó de que se negó a comprar un huevo en la calle donde vio a un leproso; otro se jactó de que les lanzó piedras a unos leprosos al verlos. Sin embargo, el leproso vino a Jesús por sí mismo y a pesar de muchos desánimos. A pesar de su condición desesperada, este hombre no solo le rogó a Jesús, también se postró ante él. El verbo en griego para postrarse es proskenein, y esa palabra nunca se usa para otra cosa que la adoración de los dioses; siempre describe los sentimientos y acciones de un hombre en la presencia de lo divino.
El leproso rindió a Cristo un homenaje divino; y si Jesús hubiera sido simplemente un buen hombre, y nada más, habría rechazado la adoración con santa indignación. El leproso no tenía duda alguna de la capacidad de Jesús para sanar. Su única pregunta era si Jesús lo quería sanar. Este leproso buscó más que sanación. Él quería limpieza; no solo de su lepra, sino también de los terribles efectos en su vida y su alma. Jesús extendió la mano y le tocó: Este fue un toque valiente y compasivo de Jesús. La idea es que el leproso mantuviera distancia de Jesús, pero Él extendió la mano y le tocó. Estaba en contra de la ley ceremonial tocar a un leproso, lo que hizo que el toque fuera aún más significativo para el hombre afligido. Por supuesto, tan pronto como Jesús lo tocó, ¡él ya no era un leproso! La afirmación de Jesús “quiero” simplemente respondió la pregunta del hombre, y nos da un punto de partida para las veces que nos preguntamos si Jesús está dispuesto a sanar. Debemos suponer que Jesús está dispuesto a sanar a menos que nos muestre algo diferente. La vida del ex leproso fue cambiada para siempre. Jesús había dicho recientemente, pedid, y se os dará. Esto fue ciertamente verdad para el ex leproso ahora limpio. Jesús en ocasiones mandó a la gente que no anunciara sus sanaciones o alguna obra milagrosa que Él había hecho por ellos. Él hizo esto porque quería mantener baja la emoción de las multitudes hasta el tiempo adecuado de Su revelación formal a Israel, la cual fue una fecha exacta como fue profetizado en Daniel 9. Jesús ordenó al hombre dar testimonio a los sacerdotes, y ¡qué testimonio fue! La Ley mosaica prescribía sacrificios específicos para llevar a cabo por la sanación de un leproso, y cuando el hombre se los reportó a los sacerdotes, sin duda tuvieron que realizar ceremonias que rara vez (si alguna vez) se realizaban, esto se encuentra en Levítico 14.

Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. El centurión era obviamente un gentil, porque un centurión era un oficial del ejército romano. La mayoría de los judíos bajo la ocupación romana sentían una razón para odiar a este centurión, sin embargo, él vino a un maestro judío en busca de ayuda. Significativamente, él no vino por una razón egoísta, sino en nombre de su criado. Cada vez que el Nuevo Testamento menciona un centurión (hay por lo menos siete), los presenta como hombres honorables y buenos. Este centurión tenía una actitud inusual hacia su esclavo. Según la ley romana, un maestro tenía el derecho de matar a su esclavo, y se esperaba que lo hiciera si el esclavo se enfermaba o se lastimaba hasta el punto de que no podía trabajar más. Esto muestra que el centurión no hizo una petición casual. Mateo lo describe como rogándole a Jesús en nombre de su criado.
Jesús no vaciló en ir a la casa del centurión, y casi deseamos que el centurión se lo hubiera permitido. Era completamente contra la costumbre judía que un judío entrara en la casa de un gentil; sin embargo, no estaba contra la ley de Dios. El centurión también mostró una gran sensibilidad hacia Jesús, ya que quería evitarle a Jesús el incómodo desafío de entrar o no en la casa de un gentil, así como el tiempo y el problema de viajar. Él no conocía a Jesús lo suficiente como para saber que no se sentiría incómodo en lo más mínimo; pero su consideración de Jesús en esta situación fue impresionante. En su preocupación tanto por su siervo como por Jesús, este centurión era una persona centrada en los demás. El centurión entendió completamente que el poder de sanación de Jesús no era algún tipo de truco mágico que requería la presencia del mago. En cambio, sabía que Jesús tenía verdadera autoridad, y podía ordenar que las cosas fueran hechas y completadas fuera de Su presencia inmediata. El centurión también sabía acerca de la cadena de mando militar, y cómo las órdenes de uno en autoridad eran obedecidas incuestionablemente. Él vio que Jesús tenía por lo menos tal cantidad de autoridad.

El entendimiento del hombre de la autoridad espiritual de Jesús hizo que Jesús se maravillara. Su simple confianza en la capacidad de la mera palabra de Jesús para sanar mostró una fe que estaba libre de cualquier dependencia supersticiosa en cosas meramente externas. El hecho de que tal fe estuviera presente en un gentil causó que Jesús anunciara que habrá gentiles en el reino de los cielos. ¡Incluso se sentarán a cenar con Abraham e Isaac y Jacob! Esta era una idea radical para muchos judíos en el tiempo de Jesús; asumieron que este gran banquete mesiánico no tendría gentiles, y que todos los judíos estarían ahí. Jesús corrigió ambas ideas equivocadas.
Así también, Jesús les recordó a sus oyentes judíos que, así como la identidad racial de los gentiles no era una barrera automática para el reino, su identidad racial no era una garantía para el reino. Aunque los judíos eran hijos del reino, podrían terminar en el infierno. Difícilmente podría haber una afirmación más radical del cambio en el plan de salvación de Dios inaugurado por la misión de Jesús.

Vemos que Jesús no temía hablar del infierno, y de hecho lo hizo más que cualquier otro en la Biblia. Hay algunos ministros que nunca mencionan nada sobre el infierno. He escuchado de un ministro que dijo una vez a su congregación: “Si tú no amas al Señor Jesucristo serás enviado a ese lugar que no es agradable mencionar”. No se le debería haber permitido predicar otra vez, estoy seguro, si no pudo usar palabras simples para describir algo que la palabra de Dios enseña. El infierno

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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