Jesús habló de estas prácticas fundamentales de la vida espiritual en su reino: dar, orar y ahora ayunar. Claramente, Jesús asumía que sus seguidores ayunarían. Ayunar significa una abstinencia de comida por un tiempo. Muchos pretenden tomar el verdadero significado del ayuno de Isaías 58:3, y dicen que significa un ayuno del pecado. Esto es un error; no hay tal termino en la Biblia para ayunar del pecado; la idea es ridícula y absurda, como si el pecado fuera parte de nuestra comida diaria. El ayuno es algo bueno que fue corrompido por la hipocresía de la gente religiosa de los tiempos de Jesús. Los escribas y fariseos hipócritas querían asegurarse de que todos supieran que estaban ayunando, así que ellos demudaban sus rostros para que su agonía de ayuno fuera vista por todos. Ellos generalmente ayunaban dos veces por semana. Cuando los hipócritas reciben la admiración de los hombres por estos esfuerzos “espirituales”, reciben toda la recompensa que obtendrán. En contraste, Jesús nos dice que cuidemos de nuestro cuerpo como es normal y hagamos del ayuno un secreto ante Dios.

El verso 19 nos habla de los tesoros. En griego antiguo dice de manera más literal: no atesoren para ustedes mismos tesoros en la tierra. La idea es que los tesoros terrenales son temporales y están desvaneciendo (donde la polilla y la herrumbre corrompen, y donde ladrones minan y hurtan), pero el tesoro en el cielo está seguro. El problema no es que los tesoros terrenales sean intrínsecamente malos, pero tampoco no son de mucho valor. Si este es el caso, es erróneo que el discípulo de Jesús dedique su vida a expandir continuamente sus tesoros terrenales. El Maestro no dice que es malo tener tesoros en la tierra. Él dice que está mal acumularlo para nosotros mismos. Tenemos que mantenerlo como mayordomos. En contraste, los tesoros en el cielo son eternos e incorruptibles. Los tesoros en el cielo dan gozo ahora, en el contentamiento y sentido de bienestar que proviene de ser un dador. Pero su máximo disfrute viene al otro lado de la eternidad. Jesús llegó a la conclusión de que solo puedes tener tu tesoro (y tu corazón) en un solo lugar; no podemos guardar tesoros en la tierra y en el cielo al mismo tiempo. Jesús no se preocupa tanto de la riqueza del discípulo como de su lealtad.

La lámpara del cuerpo es el ojo: Simplemente, la idea es que la “luz” entra al cuerpo a través del ojo. Si nuestros ojos fueran ciegos, viviríamos en un mundo “oscuro”. La idea detrás de tener un ojo bueno es ser generoso o de una misma mente. Ambos principios aplican a la actitud del discípulo hacia las cosas materiales. Parece que hay un doble sentido deliberado aquí, con actitud feliz tomando no solo el tema de lealtad dividida, sino también la separación de lo material, por lo tanto, la generosidad. Ser generosos trae luz a nuestras vidas. Estamos más felices cuando tenemos el corazón de Dios de generosidad. Pero si no somos generosos, es como si todo tu cuerpo estará en tinieblas. Nuestras maneras egoístas y avaras proyectan oscuridad sobre todo lo que pensamos o hacemos. Pero cuando somos de doble ánimo, es como si todo tu cuerpo está en tinieblas. Tratamos de vivir para dos amos al mismo tiempo, y pone una sombra oscura sobre todo en nuestra vida. En cualquier caso, Jesús nos dice que o nuestro ojo está dirigido a cosas del cielo (y por lo tanto lleno de luz), o a cosas de la tierra (y por lo tanto en tinieblas). Basándose en la analogía del ojo, Jesús nos recuerda que, si somos ciegos en nuestros ojos, todo el cuerpo está ciego. Las tinieblas entonces son grandes en nuestro cuerpo entero. De la misma manera, nuestra actitud hacia los tesoros terrenales será de gran luz o de grandes tinieblas en nuestras vidas. A menudo, un cristiano materialista, avaro y egoísta justifica su pecado diciendo: Solo es un área de mi vida. Pero, así como la ceguera del ojo afecta a todo el cuerpo, también la actitud equivocada hacia las cosas materiales trae tinieblas a todo nuestro ser.

Tener a dos señores no es como trabajar dos trabajos. Jesús tenía en mente una relación de amo y esclavo, y ningún esclavo puede servir a dos amos. Jesús afirma que servir a dos amos es simplemente imposible. Si piensas que estás sirviendo a dos amos exitosamente, estás engañado. No se puede hacer. Mientras el antiguo Israel luchaba con la idolatría, pensaron que podían adorar al Señor Dios y a Baal. Dios les recordaba constantemente que adorar a Baal era abandonar al Señor Dios. Estimar a uno es despreciar al otro.

Existen diferentes opiniones sobre el origen del término riquezas del verso 24. Algunos piensan que era el nombre de un dios pagano. Otros piensan que la palabra viene del hebreo amar, confiar, confiarse; porque el hombre tiende a confiar en las riquezas. Cualquiera que sea su origen, el significado es claro: las riquezas es materialismo. La palabra fue usada en algunos textos antiguos judíos que mostraban esto, traduciendo Proverbios 3:9 como Honra a Jehová con tus bienes (riquezas) y Deuteronomio 6:5 como Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón (riquezas). Por lo tanto, riquezas por sí mismo representa cosas que poseemos o queremos, y esas cosas pueden usarse para el reino y gloria de Dios o como ídolos.

Ciertamente, Jesús está hablando aquí del corazón. Mucha gente diría que aman a Dios, pero el servicio a su dinero demuestra que de hecho no. ¿Cómo podemos identificar a quién o a qué servimos? Una manera es recordando este principio: harás sacrificio para tu Dios. Si haces sacrificio por el bien de tu dinero, pero no sacrificarás por amor a Jesús, no te engañes: el dinero es tu Dios. Debemos recordar que no tenemos que ser ricos para servir a las riquezas (el dinero y cosas materiales); los pobres pueden ser igual de codiciosos como los ricos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.