Después de haberse identificado con los pecadores en Su bautismo, Jesús se identificó con ellos nuevamente al ser severamente tentado. Esto fue una parte necesaria de Su ministerio, así que realmente fue llevado por el Espíritu al desierto. Fue un contraste notable con la gloria del bautismo de Jesús y el desafío de ser tentado por el diablo. La tentación es algo certero para todos. Sin embargo, la tentación de Jesús fue más severa. Fue más severa porque fue tentado directamente por el diablo, cuando por lo regular nosotros lidiamos con demonios menores. También fue más severo porque hay un sentido en el que la tentación es “aliviada” al ceder, y Jesús nunca cedió. Por lo tanto, soportó niveles de tentación que nosotros nunca sabremos por experiencia. Mateo menciona al desierto árido; el desierto de Judea era y sigue siendo exactamente eso. La condición física de Jesús era severa de después de un ayuno tan largo. Se dice que después de que los dolores de hambre regresan luego de un ayuno así, indica que el sujeto está comenzando a morir de hambre. Nuestro Salvador fue tentado todo ese tiempo de los cuarenta días, dice Lucas; pero estos tres peores asaltos fueron reservados para último. En nuestras vidas, no es cuestión de si vendrá el tentador, sino de cuándo vendrá. Enfrentaremos la tentación hasta que lleguemos a la gloria.

La pregunta hecha por Satanás es más como “ya que eres Hijo de Dios”, en lugar de “Si eres Hijo de Dios”. Satanás no estaba cuestionando la deidad de Jesús, lo desafió a probarlo o demostrarlo a través de obras milagrosas. La tentación de usar los dones de Dios para propósitos egoístas. Satanás sugirió que Jesús usara sus poderes milagrosos para proveerse comida. Jesús no estuvo en desacuerdo con Satanás; de manera silenciosa, le respondió con la Palabra de Dios. Cuando Jesús citó Deuteronomio 8:3, Jesús muestra que toda palabra que sale de la boca de Dios debería ser más preciosa para nosotros que la comida misma. Al confiar en el poder y la verdad de la Palabra de Dios, Jesús estaba dispuesto a pelear esta batalla como hombre; Fácilmente pudo haber reprendido a Satanás y mandarlo a otra galaxia, pero lo resistió de una manera que nosotros podemos imitar. Jesús usó las Escrituras para luchar contra la tentación de Satanás, no un poder sobrenatural inaccesible para nosotros. Jesús peleó esta batalla como hombre, y no utilizó ningún “recurso especial” indisponible para nosotros. Sacó la espada del Espíritu: nuestro Señor no peleará con ninguna otra arma. Pudo haber hablado nuevas revelaciones, pero escogió decir: escrito está.

En la segunda tentación, satanás tentó a Jesús a “forzar” al Padre a un evento sobrenatural. Satanás apeló al deseo dentro de cada hombre de sentir la aprobación de Dios y de tener esa aprobación demostrada públicamente. El pináculo del templo se levantaba a unos 200 pies desde el suelo del Valle de Cedrón. Un salto desde ahí, y la aparición de la protección angelical prometida sería un espectáculo extraordinario. Las sugerencias del diablo eran de una crisis creada artificialmente, no de confiar en Dios en las situaciones que resultan del servicio obediente. Jesús acababa de tener este tipo de demostración espectacular en Su bautismo, pero eso se debió haber parecido muy lejano después de cuarenta días y cuarenta noches de ayuno en el desierto. Podemos confiar en que el diablo ha memorizado la Biblia, y es un experto en citarla fuera de su contexto para confundir y derrotar a los que tienta. Aquí, el diablo citó el Salmo 91:11-12, y lo sacó fuera de su contexto para decir: Vamos, Jesús; si haces esto, la Biblia promete que los ángeles te rescatarán, y será excelente autopromoción. Jesús contestó con Escritura, pero la aplicó correctamente. Sabía que intentar forzar o manipular a Dios el Padre hacia tal demostración tentaría a Dios, lo cual las Escrituras prohíben completamente.

La tercera tentación invitaba a Jesús a tomar un atajo alrededor de la cruz. Jesús vino a ganar todos los reinos del mundo y la gloria del dominio de Satanás, y Satanás se los ofrece a Jesús, si solo postrado me adorares. Por supuesto, todas las cosas pertenecen a Dios; pero Dios permite que Satanás funcione como el dios de este siglo (2 Corintios 4:4) con un propósito. Es por esto que el mundo caído está en el desorden que está ahorita. Jesús respondió con la Escritura nuevamente, y le mandó al diablo que se fuera. De la misma manera nosotros podemos resistir al diablo, y huirá de nosotros. Funcionó para Jesús (El diablo entonces le dejó) y funcionará para nosotros. La palabra de Dios tiene el poder de acobardar y aplastar las tentaciones de Satanás, mucho mejor que una daga de madera, una espada de plomo de los papistas, su agua bendita, cruces, granos, reliquias sucias… no es el símbolo de la cruz, sino la palabra de la cruz, que derrumba a Satanás.

El diablo entonces le dejó significa que Jesús ganó. Ganó porque reconoció el modo de ataque de Satanás: mentiras y engaños. Principalmente, Satanás es un engañador, y para aquellos que viven a la luz de la cruz, el engaño es su única herramienta, porque los poderes demoníacos fueron desarmados en la cruz de sus armas y poder “reales” (Colosenses 2:15). Pero el engaño es extremadamente efectivo para llevarnos al pecado y causarnos vivir la vida en temor e incredulidad. Jesús mostró la única respuesta efectiva al engaño: La verdad de Dios, no la sabiduría del hombre. Es digno te notar que todos los pasajes citados por nuestro Señor vienen del libro de Deuteronomio, un libro que ha sido tan gravemente atacado por críticos destructivos.

Dios nunca abandona a los que soportan la tentación. Así como vinieron ángeles y le servían a Jesús, Dios encontrará una manera de ministrarnos a nosotros y satisfacer nuestras necesidades mientras soportamos la tentación. Estos seres santos tal vez no hayan venido mientras la batalla estaba siendo peleada, no sea que hubieran dividido los honores de ese día; pero cuando terminó el duelo, se apresuraron en llevar comida para el cuerpo, y comodidad a la mente del Rey campeón. Jesucristo venció por lo tanto nosotros también venceremos.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.