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Jesús perdió incluso su ropa en la cruz. Abandonó absolutamente todo –incluso su ropa– volviéndose completamente pobre por nosotros, para que pudiéramos volvernos completamente ricos en Él. Sin embargo, incluso en todo este pecado, dolor, agonía e injusticia Dios guio todas las cosas para su cumplimiento deseado. En el evangelio de Juan leemos que los líderes religiosos entre los judíos objetaron el título Rey de los judíos. Ellos sintieron que era falso, porque no creían que Jesús lo era. Sin embargo, Pilato no iba a alterar esto, y cuando se le pidió que quitara la inscripción contestó: Lo que he escrito, he escrito. El cargo (o título) escrito normalmente era llevado delante del criminal en el camino a la ejecución, o se colgaba alrededor de su cuello, y luego se colgaba en la cruz, lo que reforzaba el efecto disuasorio del castigo.
En su crucifixión, Jesús estaba justo en el centro de la humanidad pecadora. Con la burla de los criminales, el rechazo de Jesús por parte de su pueblo está completo. Incluso los criminales lo rechazaron. Los judíos lo pusieron en medio de estos dos, tal vez para sugerir que él era el peor criminal de los tres. Uno de estos ladrones se arrepintió y confió en Jesús, y el otro no. En medio de su asombrosa muestra de amor, Jesús no fue honrado. En vez de eso, fue injuriado y sus enemigos lo miraban con desagrado diciendo: Sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Incluso entre los tres hombres crucificados, Jesús fue puesto en la posición “más baja”. Esta fue la cima del amor de Dios por el hombre: soportar esto por nuestra salvación. Pero también fue la cumbre del odio del hombre hacia Dios; Dios vino a la tierra, y esto es lo que el hombre le hizo. Jesús tuvo que sufrir esto solo, fuera de la puerta. Fue separado de la comunidad; tanto para que podamos unirnos a su comunidad, y también para que nuestras experiencias de aislamiento puedan ser redimidas y convertidas en oportunidades de comunión con Él.
Según el cálculo romano del tiempo, esto fue aproximadamente desde las 12:00 del mediodía hasta las 3:00 de la tarde. Esta oscuridad inusual duró por tres horas, mucho más que cualquier otro eclipse natural. Esto no fue todo el tiempo que Jesús estuvo en la cruz, sino la última parte de ese tiempo. Según Marcos podemos suponer que Jesús colgó en la cruz por aproximadamente 6 horas, entre las 9:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde.
Flegón, historiador romano, escribió: “En el cuarto año de la 202 Olimpiada, hubo un eclipse extraordinario del sol: a la hora sexta, el día se volvió en noche oscura, de modo que se vieron las estrellas en el cielo; y hubo un terremoto.
Al citar el Salmo 22, Jesús declaró su cumplimiento de esa profecía, tanto en su agonía como en su exaltación. La probabilidad es que Jesús habló en hebreo. No es ningún argumento contra esto que los espectadores no entiendan lo que dijo, pues la declaración no fue hecha para los oídos del hombre. Esta es, notablemente, la única ocasión en los evangelios sinópticos donde Jesús se dirige a Dios sin llamarlo, Padre. Su único gemido es sobre su Dios. No es: ¿Por qué me ha abandonado Pedro? ¿Por qué me ha traicionado Judas? Estos fueron dolores agudos, pero este es el más agudo. Este golpe le dio justo en el blanco.
Podemos imaginar la respuesta a la pregunta de Jesús: ¿Por qué? Porque, Hijo mío, has elegido ponerte en el lugar de los pecadores culpables. Tú, que nunca has conocido el pecado, has hecho el sacrificio infinito de convertirte en pecado y recibir mi ira justa sobre el pecado y los pecadores. Haces esto por tu gran amor y por mi gran amor”. Entonces el Padre pudo haber dado al Hijo un vistazo de su recompensa: la multitud de su pueblo vestida de justicia en las calles de oro del cielo, todos ellos cantando alabanzas a su redentor, todos alabando el nombre de Jehová y el Cordero; y esta fue parte de la respuesta a su pregunta. Lamentablemente, Jesús fue malentendido y escarnecido hasta el amargo final. Estos observadores pensaron que todo era un caso de prueba interesante para ver si Elías realmente vendría. Una de las primeras cosas que sabemos sobre Jesús es que fue incomprendido. Cuando José y María lo dejaron en Jerusalén, ellos no entendieron que Él tenía que estar en los negocios de su Padre. Ahora, al final de su ministerio terrenal, también es incomprendido en la cruz. La mayoría de las víctimas de crucifixión pasaban sus últimas horas en agotamiento total o inconscientes antes de morir. Jesús no fue así; a pesar de haber sido tremendamente torturado y debilitado, estuvo consiente y capaz de hablar hasta el momento de su muerte. Nadie le quitó la vida a Jesús. Jesús, de una manera diferente a cualquier otro hombre, entregó el espíritu. La muerte no tenía control justo sobre el Hijo de Dios sin pecado. Él se puso en el lugar de los pecadores, pero nunca fue ni se convirtió en pecador. Por lo tanto, no podía morir a menos que entregara su espíritu.
El velo era lo que separaba al Lugar Santo del Lugar Santísimo en el templo. Era una demostración vívida de la separación entre Dios y el hombre. Notablemente, el velo fue rasgado de arriba abajo, y fue Dios quien lo rasgo. La misma naturaleza fue sacudida por la muerte del Hijo de Dios. No debemos suponer que el terremoto que sucedió y partió las rocas durante la crucifixión también abrió las tumbas de algunos de los justos fallecidos; quienes esperaron en esas tumbas abiertas por tres días hasta que salieron de los sepulcros, después de la resurrección de él. Es mejor entender que Mateo tenía la intención de que viéramos que el terremoto sucedió en el día que Jesús fue crucificado. Luego, en el día que fue revelado como resucitado, el radiante poder de su nueva vida fue tan grande que resucitó a algunos de los justos fallecidos. Estos primeros milagros originados en conexión con la muerte de Cristo eran típicos de las maravillas espirituales que serán continuadas hasta que Él venga otra vez: los corazones duros son partidos, las tumbas de pecado son abiertas, aquellos que han muerto en pecado y transgresiones, y sepultados en sepulcros de lujuria y maldad, son avivados, y se levantan de entre los muertos, y van hacia la ciudad santa, la Nueva Jerusalén.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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