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Esta no fue la primera aparición de Jesús frente a un juez o oficial en la noche de su traición. En esa noche y el día de su crucifixión, Jesús en realidad estuvo en juicio varias veces ante diferentes jueces. Antes de que Jesús llegara a la casa de Caifás (el sumo sacerdote oficial), fue guiado a la casa de Anás, que era el ex sumo sacerdote y el “poder detrás del trono”. Caifás había reunido a un grupo del sanedrín para juzgar a Jesús. Después del amanecer, el sanedrín re reunió otra vez, esta vez en una sesión oficial, y llevaron a cabo el juicio descrito en Lucas 22:66-71.

Este juicio a la noche era ilegal según las propias leyes y regulaciones del sanedrín. Según la ley judía, todos los juicios criminales debían empezar y terminar durante el día. Por lo tanto, a pesar de que la decisión de condenar a Jesús ya se había tomado, llevaron a cabo un segundo juicio durante el día, porque sabían que el primero, el verdadero juicio, no tenía validez legal. Según la ley judía, solo las decisiones hechas en el lugar oficial de reuniones eran válidas. El primer juicio se llevó a cabo en la casa de Caifás, el sumo sacerdote. Según la ley judía, los casos criminales no podían ser juzgados durante la temporada de Pascua, solo se podía emitir una exoneración el día del juicio. Los veredictos culpables tenían que esperar una noche para permitir que aumentaran los sentimientos de misericordia, toda evidencia tenía que ser garantizada por dos testigos, que eran examinados por separado y no podían tener contacto uno con el otro, un falso testigo se castigaba con la muerte. Nada se les hizo a los numerosos testigos falsos en el juicio de Jesús, un juicio siempre comenzaba trayendo la evidencia de la inocencia del acusado, antes de que la evidencia de culpa fuera presentada. Este no fue el procedimiento aquí. Estas eran las propias reglas del sanedrín, y está muy claro que, en sus ansías por deshacerse de Jesús, rompieron sus propias reglas. Este es un testimonio increíble de la vida y la integridad de Jesús. A pesar de haber llevado una vida tan pública y realizado un ministerio tan público, fue difícil encontrar siquiera un falso testimonio en su contra.

Después de que todos los falsos testigos dijeron lo que tenían que decir, Jesús finalmente fue acusado por amenazar con destruir el templo (como fuera una amenaza de bomba hoy en día). Claramente, Jesús dijo “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19). Pero esta profecía gloriosa de su resurrección fue torcida para que sonara como una amenaza terrorista. Juan 2:21 deja claro que él hablaba del templo de su cuerpo. Jesús permaneció en silencio hasta que se le ordenó por el oficio del sumo sacerdote que respondiera las acusaciones en su contra. Increíblemente, Jesús callaba y no respondió nada hasta que fue absolutamente necesario en obediencia que hablara. Jesús pudo haber montado una magnífica defensa aquí, llamando a todos los diversos testigos de su deidad, poder y carácter. Las personas a las que enseñó y sanó, los muertos resucitados, los ciegos que ven, incluso los mismos demonios testificaron de su deidad. Pero Jesús no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca (Isaías 53:7).

Al ver que el juicio no iba bien, Caifás confrontó a Jesús, actuando más como un acusador que como un juez imparcial. Te conjuro es una expresión rara y formal, invocando el nombre de Dios para obtener una respuesta verdadera. Por lo tanto, este es el clímax de la audiencia. El sumo sacerdote, frustrado por el silencio de Jesús, intentó un golpe audaz que llegaba al asunto principal: ¿Era Jesús el Mesías o no? El juicio había sido un fracaso total hasta ese punto, y él lo sabía, y estaba rojo de ira. Ahora intenta intimidar al prisionero para poder sacar alguna declaración de él, la cual pudiera evitarle cualquier otro problema de testigos, y terminar el asunto. En vez de defenderse a sí mismo, Jesús simplemente testificó la verdad. Él realmente era el Cristo, el Hijo de Dios. Respondió lo más breve y directamente posible. Jesús agregó esta palabra de advertencia. Les advirtió que, aunque ahora se sentaban a juzgarlo, Él algún día se sentaría a juzgarlos a ellos, y con un juicio mucho más vinculante.

La acusación de blasfemia hubiera sido correcta, excepto que Jesús era quien dijo que era. No es delito para Cristo, el Hijo de Dios, declarar quién es realmente. Su veredicto revela la profunda depravación del hombre. Dios, en total perfección, vino a la tierra, vivió entre los hombres, y esta fue la respuesta del hombre a Dios. Le escupen; lo golpean con sus puños; lo abofetearon con sus manos abiertas. Es fácil pensar que hicieron esto porque no sabían quién era Él. Eso es verdad en un sentido, porque no se admitirían a sí mismos que Él era en verdad el Mesías y el Hijo de Dios. Sin embargo, en otro sentido, no es cierto para nada, porque por naturaleza el hombre es enemigo de Dios. Cuando estos líderes religiosos expresaron su odio, miedo e ira sobre Jesús, escupiendo en su rostro y golpeándolo, fue increíble que el juicio de Dios no lloviera del cielo. Fue increíble que una legión de ángeles no saltara en defensa de Jesús. Esto muestra la maravillosa paciencia que Dios tiene hacia el pecado, y las asombrosas riquezas de su misericordia. Mientras uno lee esta historia, uno se maravilla más y más del milagro más grande de todos, el paciente sufrimiento del inmaculado.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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