Getsemaní está justo al este del área del monte del templo en Jerusalén, por el arroyo de Cedrón, y en las faldas del monte de los Olivos. Rodeado de viejos olivos, Getsemaní significa “prensa de oliva”. Ahí, las aceitunas del barrio eran aplastadas por su aceite. Así también, el hijo de Dios sería aplastado ahí, escogió ese huerto, de entre otros contiguos a Jerusalén, porque Judas conocía el lugar. Quería retirarse, pero no quería un lugar donde pudiera ocultarse y esconderse. No fue para que Cristo se entregara, eso sería suicida; pero tampoco fue para que se retirara y ocultara, eso sería cobardía.

Jesús estaba perturbado; en parte por conocer el horror físico que le esperaba en la cruz. Mientras llegaba a Getsemaní desde el centro de Jerusalén, cruzó el arroyo de Cedrón y vio en la luna llena de la Pascua la corriente que fluía roja con sangre de sacrificio desde el templo. Las palabras en griego expresan el mayor dolor imaginable. Él dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte: Pero más aún, Jesús estaba angustiado por el horror espiritual que lo esperaba en la cruz. Jesús se pondría en el lugar de los pecadores culpables y recibiría todo el castigo espiritual que los pecadores merecen; Como dijo Pablo: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado. Jesús no murió como mártir. Él se dirigió a su muerte sabiendo que era la voluntad de su Padre que enfrentara la muerte completamente solo como el Cordero de Pascua sacrificial que evita la ira. Como su muerte fue única, también lo fue su angustia; y nuestra mejor respuesta a ella es adoración silenciosa.

Sin embargo, en esta hora de agonía especial, Dios el Padre envió ayuda especial a su Hijo. Lucas 22 dice que vinieron ángeles y le ministraron a Jesús en el huerto. Por supuesto, hay un sentido en el que todas las cosas son posibles con Dios. Sin embargo, esto es verdadero solo en un cierto sentido, porque hay cosas que son moralmente imposibles para Dios. Por ejemplo; Es imposible que Dios mienta, hebreos 6:18 e imposible agradarle sin fe, hebreos 11: 6. No era moralmente posible que Dios expiara el pecado y redimiera a la humanidad perdida, aparte del sacrificio perfecto que satisface la ira para el que Jesús se preparó en Getsemaní. Dios el Padre nunca negaría al Hijo ninguna petición, porque Jesús oraba de acuerdo con el corazón y la voluntad del Padre. Como Jesús tomó de la copa del juicio en la cruz, sabemos que no es posible que la salvación llegue de ninguna otra manera; Si hubiera alguna otra manera de ser justificados ante Dios, entonces Jesús murió innecesariamente. Repetidamente en el Antiguo Testamento, la copa es una imagen poderosa de la ira y el juicio de Dios. Jesús llegó a un punto de decisión en Getsemaní. No era que no había decidido antes o que no había consentido antes, sino que ahora había llegado a un punto de decisión único. Tomó de la copa en el calvario, pero decidió hacerlo de una vez por todas en Getsemaní. Jesús cambió el Paraíso por desierto y trajo al hombre de Edén a Getsemaní. Ahora, las palabras, no sea como yo quiero, sino como tú, trae angustia al hombre que lo ora, pero transforma el desierto en el reino y trae al hombre de Getsemaní a las puertas de la gloria. Esta lucha en Getsemaní –el lugar aplastante– tiene un lugar importante en el cumplimiento del plan de redención de Dios. Si Jesús fallara aquí, habría fallado en la cruz. Su éxito aquí hizo posible la victoria en la cruz. La lucha en la cruz fue ganada primero en oración en Getsemaní. Jesús se postró sobre su rostro, orando.

Jesús valoraba y deseaba la ayuda de sus amigos en esta batalla de oración y decisión. Pero incluso sin la ayuda de ellos, resistió en oración hasta que la batalla fue ganada. Pero ellos no solo no lo ayudan, sino que lo hieren con su aburrimiento al deber, y en lugar de limpiar su sudor sangriento, le sacan más de él. Jesús sabía que Pedro fallaría; pero lo alentó a la victoria, sabiendo que los recursos se encontraban en velar y orar. Si Pedro despertaba (tanto física como espiritualmente), y se acercaba en dependencia a Dios, hubiera podido evitar negar a Jesús en la hora crítica. Pedro –al igual que nosotros– falló en la tentación posterior porque falló en velar y orar. La batalla espiritual a menudo se gana o se pierde antes de que llegue la crisis.

Hablando amablemente de los discípulos Jesús dijo: El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Su Maestro podría encontrar una excusa para su negligencia; pero ¡oh! ¡Cómo se culparían ellos mismos después por haber perdido la última oportunidad de velar con su Señor!

Jesús se fue y otra vez oró: La oración ferviente ama la privacidad, y Cristo con esto nos enseña que la oración secreta es nuestro deber. Cuando vino otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño: Es decir, no pudieron mantenerlos abiertos. ¿No había nada sobrenatural en esto? ¿No hubo influencia aquí de los poderes de las tinieblas? Oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras: Esto nos muestra que no es no espiritual hacer la misma petición a Dios varias veces. Algunas personas híper-espirituales creen que, si le pedimos algo más de una vez, prueba que no tenemos fe. Eso puede ser cierto para algunos en algunas situaciones, pero Jesús nos muestra que la oración repetida puede ser completamente consistente con una fe firme. Jesús sabía que Judas y los que lo iban a arrestar estaban en camino. Él pudo haber huido y escapado de la agonía que le esperaba en la cruz, pero Jesús se levantó para encontrarse con Judas. Él estaba en control completo de todos los eventos. La palabra Vamos podría sugerir un deseo de escapar, pero el verbo implica más bien entrar en acción, avanzar en vez de retirarse.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.