Los escribas y fariseos estaban satisfechos con una limpieza superficial y con la apariencia de justicia. Mientras se preocupaban grandemente por su apariencia externa de justicia, no les preocupaba un interior lleno de pecado y corrupción. Jesús no los llamó a escoger entre justicia externa y justicia interna. Los llamó a preocuparse por ambas, pero primero ocuparse de lo interno. La verdadera justicia externa empieza en el interior. Era costumbre de los judíos de aquel tiempo blanquear las tumbas en la ciudad de Jerusalén antes de la Pascua para que nadie las tocara accidentalmente, haciéndose por lo tanto impuros ceremonialmente. Jesús dijo que estos líderes religiosos eran como estos sepulcros blanqueados: bellos por fuera, pero muertos por dentro. Así Pablo llamó al Sumo Sacerdote: pared blanqueada en Hechos 23.

Los hombres podían verlos como justos, pero Dios no. Dios nunca es engañado por lo que mostramos en el exterior. Él ve los que somos en realidad, no lo que aparentamos ser para otros hombres. Ellos profesaron venerar a los profetas muertos, pero rechazaban a los profetas vivos. Al hacerlo, mostraron que realmente eran hijos de los que asesinaron a los profetas en los días de antaño. Nosotros expresamos la misma idea cuando pensamos: “Yo no hubiera negado a Jesús como lo hicieron los otros discípulos”. Ninguna cantidad de argumento puede privar a estas palabras de su terrible importancia.

La frase: ¡Serpientes, generación de víboras! lleva la idea de “familia del diablo”. Estos líderes religiosos se enorgullecían inmerecidamente de su herencia, pensando que eran hijos espirituales de Abraham. Pero, eran más como hijos del diablo, no de Abraham. Jesús habló tan fuerte sobre estos líderes religiosos por dos razones. Primero, no quería que otros fueran engañados por ellos. Segundo, Él amaba a estos hombres. Estos hombres eran los más alejados de Dios y necesitaban ser advertidos del juicio venidero. Lo que Jesús realmente quería era su arrepentimiento, no su juicio. Jesús aquí hablo de todos los mártires justos del Antiguo Testamento. Abel fue claramente el primero, y en la forma en que fue acomodada la Biblia hebrea, Zacarías fue el último. 2 crónicas es el último libro de la Biblia hebrea, y la historia de Zacarías se encuentra en 2 crónicas 24. La sangre de Abel clamó según Génesis 4:10, y Zacarías pidió que su sangre fuera recordada en 2 crónicas 24:22. Hay un problema con la descripción de Zacarías como el hijo de Berequías, pues el texto de 2 Crónicas lo describe como el hijo de Joiada en 2 crónicas 24:20. Clarke resume las mejores soluciones a este problema. Primero, que los nombres dobles eran frecuentes entre los judíos. Segundo, que los nombres Joiada y Berequías tienen el mismo significado: la alabanza o bendición de Jehová.

Casi se puede sentir la fuerza fulminante de su fuerte y poderosa indignación: indignación dirigida, no contra la gente, sino contra sus falsos guías. Y, sin embargo, detrás de todo está su corazón, y los “ayes” se funden en un lamento de agonía, el llanto de una madre por su hijo perdido. Lucas 19:41 nos dice que Jesús lloró cuando vio a la ciudad de Jerusalén, pensó en su juicio venidero, y dijo estas palabras. Jesús quería protegerlos del terrible juicio que eventualmente seguiría su rechazo de Él. Está escrito que Jesús lloró dos veces: aquí, por el dolor de saber lo que le sucedería a los que lo rechazan, y también en la tumba de Lázaro, llorando ante el poder y dolor de la muerte. Este llanto sincero es otra manera de ver que Jesús no odiaba a estos hombres a quienes reprendía tan fuertemente. Su corazón estaba quebrado por ellos. Cuando pecamos, Dios no nos odia; Él genuinamente se lamenta por nosotros, sabiendo que en todos los sentidos nuestro pecado y rebelión solo destruyen nuestra vida. Deberíamos desear compartir el dolor de Dios por la humanidad perdida.

Jesús quería proteger, nutrir y amar a su pueblo los judíos, incluso como una gallina protege a sus polluelos. La imagen de una gallina (en griego es simplemente ave) protegiendo a sus pequeños, es usada en el Antiguo Testamento para la protección de Dios hacia su pueblo en los salmos y en Isaías. Esta imagen de un ave y sus polluelos nos dice algo sobre lo que Jesús quería hacer por estos que lo rechazaban. Quería hacerlos seguros, felices, parte de una comunidad bendecida, promover su crecimiento, que conocieran su amor. Esto solo podría suceder si venían a Él cuando los llamó. Las palabras; “cuántas veces quise” son una indicación sutil de que Mateo sabía que Jesús había visitado Jerusalén muchas veces antes (como se relata claramente en el Evangelio de Juan), aunque solo menciona esta última visita. Jesús no pudo haber dicho lo que dice aquí a menos que haya realizado visitas repetidas a Jerusalén y haya emitido llamamientos repetidos a la gente. El problema no era la disposición de Jesús para rescatarlos y protegerlos; el problema era que ellos no quisieron. Nosotros mantenemos tenazmente que la salvación es totalmente por gracia, pero también creemos con igual firmeza que la ruina del hombre es completamente resultado de su propio pecado. Es la voluntad de Dios la que salva; es la voluntad del hombre la que condena.

Jesús aquí reveló algo de las condiciones que rodean su segunda venida. No me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor. Cuando Jesús regrese otra vez, el pueblo judío lo recibirá como su Mesías. Hasta que la plenitud de los gentiles sea traída, cuando la palabra de vida te sea enviada nuevamente; entonces te regocijarás, bendecirás y alabarás al que viene en el nombre del Señor, con la salvación completa y final para las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pasará mucho tiempo y muchas cosas antes de que Israel llegue a ese punto, pero Dios lo hará. Se ha prometido que Israel recibirá a Jesús de regreso, incluso como lo dijo el apóstol Pablo en Romanos 11:26: y luego todo Israel será salvo.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.