Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas. El propósito fue expulsar a los minoristas, quienes en complicidad con los sacerdotes engañaban a los visitantes de Jerusalén forzándolos a comprar animales aprobados para sacrificio y monedas a altos precios. Barclay nos dice que: Un par de palomas podían costar tan poco como 4 colones fuera del Templo y tanto como 75 colones dentro del Templo. Esto es casi 20 veces más caro. Sin embargo, la ira de Jesús era contra todos los que compraban al igual que contra los que vendían.

Había una expectativa contemporánea de que el Mesías purificaría el templo, aprobándolo después de los conquistadores paganos (como Antíoco Epífanes y Pompeyo), pero también lo purificaría de la falsa adoración del propio pueblo de Dios. Los minoristas operaban en los jardines exteriores del templo, la única área donde los gentiles podían entrar y orar. Por lo tanto, este lugar de oración fue convertido en un mercado, y uno deshonesto o; como dijo Jesús, cueva de ladrones. El registro de Marcos contiene la cita más completa de la referencia de Jesús a Isaías 56:7: “¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones?” El punto era que Isaías profetizó, y Jesús demandó que el templo fuera un lugar para que todas las naciones oraran. La actividad de los que vendían y compraban en los patios exteriores hacía imposible que cualquier gentil pudiera venir y orar. En ese alboroto de comprar y vender, negociar y subastar, la oración era sencillamente imposible. Aquellos que buscaban la presencia de Dios estaban siendo impedidos por la misma gente de la casa de Dios.

La audaz acción de Jesús cuando expulsó a los mercaderes y cambistas de del templo no desanimó a los necesitados de venir a Él. Los ciegos y cojos estaban restringidos al patio de los gentiles; no podían acercarse más al templo y no podían ir al altar a sacrificar. Después de purgar el patio de los gentiles de mercaderes y ladrones, Jesús entonces ministró a los marginados que se congregaban ahí. Jesús no estableció “La sociedad para la purificación del templo”. Él volvió a las labores mesiánicas; una parte importante de la cual era mostrar el poder de Dios en el contexto de la compasión y la misericordia. Pero los principales sacerdotes y los escribas se indignaron: Esta fue su respuesta hacia las maravillas que hacía, y la alabanza de los muchachos a Jesús en los patios del templo. La hipocresía de los líderes religiosos es evidente. La codicia y el robo en el templo no les molestaba, pero la alabanza a Jesús sí. Era común entre los judíos que los niños fueran contratados en aclamaciones públicas; y por lo tanto estaban acostumbrados a aclamar a sus rabinos celebrados. Estos gritos de los niños por lo tanto no eran algo extraño en la tierra: solo que los religiosos estaban exasperados, porque Jesús era celebrada y ellos sentían un odio arraigado contra Él. En medio de su indignación le preguntaron a Jesús: ¿Oyes lo que éstos dicen? Jesús respondió esta pregunta de los principales sacerdotes y los escribas. La respuesta fue clara: Sí, sí había escuchado lo que éstos dicen, y era una alabanza perfecta a los oídos de Dios.

Durante el tiempo de la Pascua, miles y miles de peregrinos se reunían en Jerusalén. Era común que algunos se quedaran en los pueblos de los alrededores, y Betania estaba cerca. En ese tiempo no era fácil conseguir cuartos en la ciudad, pero la casa de Marta y María estaría abierta para recibir a Jesús en Betania. Algunos se preguntan por qué Jesús tenía hambre en la mañana al salir de la casa de Marta y María. Spurgeon especula que fue porque se levantó temprano para pasar tiempo con su Padre celestial, y no tomó tiempo para comer. Él era perfectamente humano y por lo tanto físicamente hambriento, pues el hambre es una señal de salud. Al buscar alimento en la higuera no encontró fruto en ella y entonces le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto: De una forma dramática, Jesús realizó uno de sus pocos milagros destructivos. Su maldición hizo que la higuera se secara inmediatamente. Vale la pena notar que los dos milagros destructivos de Jesús (éste y los eventos que terminaron en la destrucción de una manada de cerdos, no fueron dirigidos hacia personas. El no encontrar nada de fruto nos explica por qué Jesús hizo este milagro destructivo. Esencialmente, la higuera era una imagen de publicidad falsa, con hojas, pero sin higos. Este no debería ser el caso con estas higueras en particular, las cuales normalmente no tenían hojas aparte de higos. En esta parábola representada, Jesús advirtió sobre el juicio venidero sobre un Israel infructuoso. Mostró la desaprobación de Dios de las personas que son solo hojas y sin fruto. La historia es clara y sencilla, y su punto obvio es que lo que cuenta no es la promesa sino el desempeño.

Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Jesús explicó que este milagro fue realmente el resultado de la oración hecha en fe (si tuviereis fe, y no dudareis). Luego, animó a sus discípulos asombrados a tener también este tipo de fe, confiando en que Dios los escucharía a ellos también. Nada es demasiado grande como para que la verdadera fe no lo pueda obtener, pero esa fe debe tener una promesa sobre la cual apoyarse. Solo podemos creer por algo cuando estamos en tal unión con Dios que su pensamiento y propósito pueden fluir libremente dentro de nosotros, sugiriendo por qué debemos orar y guiándonos ese punto donde existe una perfecta simpatía y entendimiento entre nosotros y la mente divina. La fe siempre es el producto de una estructura como esta.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.