Jesús sabía que los líderes religiosos iban a arrestarlo, condenarlo, ridiculizarlo, azotarlo y entregarlo a los romanos para ser crucificado. Sin embargo, tuvo el valor de no solo entrar a Jerusalén, sino de entrar de la manera más pública posible. Esto contrasta con su patrón anterior de suprimir la publicidad. Jesús no pudo haber elegido un momento más dramático; fue a una ciudad sobrecargada de gente llena de expectativas religiosas a la cual llegó. El aplauso y las multitudes no fueron manipulados; esto hubiera ocurrido, en cualquier caso. Pero el paseo en un pollino, ya que fue planeado, solo podía ser una parábola actuada, un acto deliberado de auto-revelación. El secreto estaba siendo revelado. Jesús montaría sobre el animal más joven de los dos, el pollino. Les dijo a los discípulos cómo encontrarían a estos animales y les indicó que trajeran a ambos animales. Marcos y Lucas dicen que el animal era tan joven que nunca había sido montado. Por lo tanto, en medio de esta multitud emocionada, un animal indomado permanece tranquilo bajo las manos del Mesías que controla la naturaleza. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Aquí, Jesús trabajó deliberadamente para cumplir la profecía, especialmente la profecía de las setenta semanas de Daniel, la cual muchos piensan que Jesús cumplió hasta el día exacto en su entrada triunfal (Daniel 9:24-27). Jesús llegó a Jerusalén en humildad, pero con la dignidad apropiada. En vez de llegar en un caballo como un general conquistador, llegó en una asna, como era costumbre de la realeza. El llegó a Jerusalén como el Príncipe de Paz. Los asnos eran bestias antiguas en las que solían montarse grandes personas. Pero después del tiempo de Salomón, los judíos obtuvieron una variedad de caballos; por lo que solo los pobres montaban sobre asnos, mayormente reservados para las cargas.

Por lo tanto, para aquellos que tienen ojos para ver, Jesús no solo estaba proclamando su mesianismo y su cumplimiento de las Escrituras, sino que también mostraba el tipo de enfoque de paz y amor que ahora estaba ofreciendo a la ciudad. Todo se prestó para honrar a Jesús como una gran persona triunfante llegando a Jerusalén en la temporada de Pascua. Llevar palmas y otras ramas era emblemático de victoria y éxito. En cierto sentido, esta multitud fue gloriosa. Por otro lado, esta multitud era ridícula a los ojos del mundo. Pues, si el mismo Pilato hubiera escuchado de esto hubiera dicho: ¡Ah! No hay mucho que temer de eso. No hay ningún temor de que ese hombre perturbe a Cesar; no hay temor de que ese hombre alguna vez derroque a un ejército. ¿Dónde están sus espadas? ¡No hay ninguna espada entre ellos! No hay ningún grito que suene a rebelión; sus canciones son solo algunos versos religiosos sacados de los Salmos. ¡Hosanna al Hijo de David! era una adoración mesiánica abierta de Jesús. Ellos buscan a Jesús por salvación (Hosanna significa “¡salva ahora!” y era dirigido a reyes, como en 2 Samuel 14:4 y 2 Reyes 6:26). Ellos le dan abiertamente a Jesús los títulos apropiados para el Mesías (Hijo de David… el que viene en el nombre del Señor).

Jesús recibió y ciertamente alentó esta adoración. De nuevo, esto fue porque, como dice el salmo 118: Este es el día que hizo Jehová, día en que el Mesías llegó como Salvador a Jerusalén en cumplimiento de la profecía de Daniel. Hosanna translitera la expresión hebrea que originalmente era un grito de ayuda: ¡Salva! Con el tiempo se volvió en una invocación de bendición e incluso una aclamación. El pueblo adora a Dios en las alturas por enviar al Mesías y, si Hosanna retiene algo de su fuerza original, también clama a él por liberación. Jesús también mostró que no tenía miedo de los principales sacerdotes y los fariseos. Él sabía que ellos conspiraban para matarlo, sin embargo, llegó abiertamente a la ciudad como el Mesías. Qué extraño es que estas mismas personas que hoy lo aclaman, unos cinco días después, cambiarían sus hosannas por ¡Fuera, fuera, crucifícale! ¡Qué voluble es la multitud! Incluso cuando responden bien, hay pocas esperanzas de que continúen así por mucho tiempo.

Nuestro Señor ama que su pueblo esté alegre. Se guardó las lagrimas para sí mismo mientras lloraba por Jerusalén; pero la alegría la esparció por todo su alrededor, de modo que incluso los niños y las niñas en las calles de Jerusalén hicieran que los patios del templo resonaran con sus pies felices y cantos jubilosos. Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea: Esto continúa la identificación anterior de Jesús con Nazaret. A muchos les parecería extraño; especialmente al establecimiento religioso, que un profeta vendría de la ciudad oculta y poco conocida, de Nazaret. No se habían beneficiado tanto, ni habían progresado tanto en el misterio de Cristo, como para saber que había nacido en Belén.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.